Hace diez años, los Reyes inauguraron la XXV edición de la feria Iberflora. La comitiva real, acompañada de todas las demás autoridades, recorría el certamen en un trenecillo eléctrico y con cierta prisa. De pronto, al pasar ante unos olivos enormes, adornados con viejas piedras de molino, la reian doña Sofía pidió un alto en el camino y entabló una conversación con el responsable del stand.
Fueron unos pocos minutos, pero dada la premura de la visita ferial y que no estaba previsto parar salvo en un par de pabellones oficiales, el inusitado interés de la reina, mientras el resto de la comitiva esperaba, despertó la curiosidad general. Al reiniciar la marcha, entre sonrisas y parabienes, los periodistas se aprestaron a saber del expositor qué le había preguntado doña Sofía y qué le había explicado.
Un gran especialista
Era Vicente March, dueño de los viveros que llevan su mismo apellido, con instalaciones en Pobla de Vallbona y Lliria, y un gran especialista en el oficio selecto de atinar a recuperar árboles de toda clase, tamaño y condición, al objeto de librarlos de las máquinas arrasadoras que construyen obras públicas o transforman fincas agrícolas y ofrecerles una segunda oportunidad de vida.
La reina quiso saber de Vicente March qué pasaba con aquellos viejos olivos –también un enorme algarrobo– que le parecían varias veces centenarios –efectivamente lo eran–, por qué se habían arrancado de los lugares donde crecieron y fueron testigos del paso de tanta historia y de tantas generaciones de humanos, y si seguirían viviendo.
March, con su sempiterno caliqueño entre los dedos y los labios, explicó a doña Sofía lo que siempre explica a quien quiere saberlo. Su trabajo, su negocio, su empresa, consiste en salvar los árboles que molestan en un lugar determinado, recuperarlos del mejor modo posible, mantenerlos en vida en campos con especiales cuidados, y, finalmente, venderlos para su transplante donde se requiera: jardines privados o públicos, rotondas, lugares junto a edificios emblemáticos, etc.
A la reina le impresionó sobre todo que se pudiera garantizar la vida de aquellos grandes olivos, desprovistos de sus ramas principales, y el especialista le dijo que sólo así puede asegurarse la pervivencia, además de asegurar las diferentes fases de transporte, y le indicó que, una vez puestos en el sitio definitivo, brotan sin problema y acaban adquiriendo en poco tiempo su porte natural, como si siempre hubiesen estado en ese sitio.
Un algarrobo del AVE
Esta misma semana, como en cada edición de Iberflora, Viveros March ha hecho un derroche de exhibición, colocando en su stand ferial grandes olivos y algarrobos, lo que exige un gran esfuerzo de transporte y manipulación. Ya no son la única empresa que lo hace, pero sigue siendo la principal, y la referencia general.
De hecho suministra árboles recuperados (también robles, álamos, naranjos, higueras...) para toda clase de viveros y empresas de jardinería y de construcción. Últimamente, uno de los sectores de mayor demanda es el de la obra pública, puesto que junto al cemento, al diseñar los trayectos de autovías, se prevén actuaciones de plantación de árboles que humanicen el conjunto y suavicen el impacto visual. Y la mejor manera de ello es colocar árboles ya crecidos, no esperar a que se desarrollen.
De esta forma, en el trasiego de arboledas hay muchos ejemplares que vienen a ser de ‘ida y vuelta’, porque son arrancados parsimoniosamente de unos lugares, ya que interfieren el trayecto de unas obras, y al final acaban ‘vistiendo’ el acabado de otras.
Como ejemplo de esto, March ha exhibido en Iberflora un magnífico ejemplar de algarrobo de más de 400 años que estaba en un campo de Cheste expropiado para las obras del AVE Madrid-Valencia. Su precio actual es de unos 4.000 euros, lo que no se considera caro teniendo en cuenta su valor intrínseco (tamaño, edad, etc.) y lo costoso de las operaciones de recuperarlo y mantenerlo con vida.
Sobre el cálculo de la edad aproximada de un árbol multicentenario, Vicente dice que se fija en el grosor del tronco y las ramas principales, en las podas antiguas y huellas de hachas. El método de los anillos no suele valer porque el centro del tronco y las ramas gordas suele estar carcomido.