Domingo, 22 de octubre de 2006
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ECONOMÍA
Los fabricantes chinos de coches se preparan para invadir los mercados de Europa y EE. UU.
Sus bajos precios, entre 3.000 y 7.000 euros, se contraponen a las deficiencias de seguridad
En los 80 fueron los coches japoneses. En los 90, los coreanos. Y en el siglo XXI, la nueva invasión de automóviles también amenaza con venir de Asia, pero esta vez desde China. Tras un cuarto de siglo de capitalismo salvaje, la ‘fábrica global’ asiática planea lanzarse al sector de las cuatro ruedas.
Un coche de China, que hace el número 500.000 de una de las marcas de ese país, en su fiesta de presentación.
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Los principales fabricantes chinos de automóviles dan los últimos preparativos del ‘‘gran salto al exterior’’.

El coloso oriental se ha convertido en pocos años en el cuarto productor de automóviles del planeta con 5,75 millones de vehículos fabricados en 2005, cuando estuvo a punto de desbancar a Alemania y se situó por detrás de EE. UU. y Japón. El año pasado las exportaciones de coches chinos crecieron un 120,5 al alcanzar las 170.000 unidades, que fueron vendidas, sobre todo, en Oriente Medio, África y Asia.

Pero las marcas chinas quieren implantarse no sólo en países en vías de desarrollo, sino también en mercados más competitivos como EE. UU. o la UE. Para ello, su mayor baza son los bajos precios de sus utilitarios: entre un 30 y un 40% más baratos que sus competidores.

La baza de precios imbatibles
Es el caso de Geely, la séptima firma automovilística del gigante asiático al vender al año unos 100.000 vehículos y contar con 8.000 empleados en sus cuatro plantas de producción. El vicepresidente de la compañía, An Conghui, ha anunciado su intención de ‘‘comenzar el desembarco en Europa por España, Italia y Portugal’’. De hecho, negocia un acuerdo con la distribuidora lusa Sociedade Hispánica de Automoveis (SHA) y presentó un modelo en el Salón del Automóvil de Detroit.

Otro de los principales fabricantes del coloso oriental, Chery, planea probar suerte en EE. UU. ofreciendo unos precios imbatibles. Su Chery QQ se puede adquirir en China por 33.000 yuanes (3.328 euros). Eso es lo que cuesta este pequeño utilitario urbano, tan parecido al Daewoo Matiz que General Motors, propietaria del grupo surcoreano, lo ha denunciado por plagio.

En China, el paraíso de las falsificaciones, hasta los coches son copiados exactamente igual a los últimos modelos diseñados en Europa, EE. UU. o Japón. El todoterreno Chery NCV, por ejemplo, es aparentemente idéntico al Suzuki Ignis, pero vale la mitad: 88.000 yuanes (8.874 euros). Y es que, aunque los coches chinos no destacan por sus estilizadas líneas ni por sus avanzadas medidas de seguridad o sus revolucionarios adelantos tecnológicos, sí lo hacen por sus bajísimos precios.

Son coches que se parecen mucho a los modelos occidentales que copian, aunque no tienen sus medidas de seguridad, pero pronto empezarán también a incluirlas y a innovar. Hace sólo unas décadas sucedió lo mismo con Japón, y después con Corea, y ahora los coches japoneses son la mayor referencia en calidad y los más rentables.

 
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