Lunes, 16 de octubre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Réquiem por el bocata calamares
Desde que se ha conocido el pliego de condiciones para la contrata de la cafetería de Les Corts Valencianes, Ferran Adrià imagina la mortadela desestructurada y Berasategui, la tortilla de espinacas en texturas sobre coulis de boquerón, pero lo que ninguno trabajará será la espuma de calamar. En la cafetería de Les Corts no habrá calamares. Al menos, no está previsto que los haya según la documentación dada a conocer para acceder a la contrata.

La preferencia parlamentaria por la mortadela y la sustitución de los calamares por aquella es un misterio para el que no hay más explicación que la esencia del espíritu boloñés en sus señorías, muchos de ellos procedentes del mundo del Derecho que tiene, en la capital de la región italiana de Emilia- Romaña, su gran referencia histórica.

Es cierto que la mortadela no requiere frituras para su elaboración ni produce gases u olores de ningún tipo, sobre todo, porque ya viene elaborada; por el contrario, los calamares no solo deben ser rebozados, como apuntaba ayer Héctor Esteban, sino también fritos, con el riesgo de que el olor a fritanga produzca alucinaciones en González Pons y vea a los calamares convertidos en mociones de censura por el sabio Frestón. Quien haya leído El Quijote (no me levanten todos la mano, por favor) sabrá qué pasa con quienes luchan contra molinos convertidos en gigantes o calamares convertidos en mociones de censura. Al final, terminan a palos. Sobre todo porque no hay calamar que aguante, ni cortado en rodajitas, al Conseller ONG , empeñado en dar permiso de residencia en Catral a tortugas bobas, ballenas, cercetas pardillas, malvasías cabeciblancas o invertebrados cavernícolas desconocidos para la Ciencia y para España 2000.

Pero hay otra razón oculta para desterrar al cefalópodo: se trata de la situación dental de los señores diputados. Aunque hay calamares que se dejan morder, otros ciertamente sólo están disponibles para la quijada de Perelló. Y tampoco se trata de permitir que, en el bar, se entrene la oposición, ¿verdad?

 
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