Uno de los servicios que diferencian la gran capital de una capital de provincia es la integración de sus transportes públicos, sus precios y su buen funcionamiento. La conexión entre estaciones de trenes, autobuses, aeropuertos y puertos; la existencia de una estación central como la estación Victoria en Londres, Atocha, en Madrid o Termini, en Roma; la oferta de billetes integrados para usuarios con distinto perfil y unos precios y frecuencias de paso que hagan más incómodo el transporte privado que el público son claves para el desarrollo de un sistema de transporte urbano.
A ese respecto Valencia todavía está lejos del ideal aunque tiene muchos elementos a su favor, como una flota renovada de autobuses o una estación de tren céntrica. Sin embargo, aún tiene un aeropuerto sin accesos adecuados o un metro demasiado escaso, incipiente y caro.
Por eso la puesta en marcha de una iniciativa como la tarjeta sin contacto A>Punt, aunque curiosa en su funcionamiento, puede ser interesante y útil. La tarjeta se va a poner a prueba durante un tiempo hasta comprobar su eficacia. Lo más interesante es su capacidad para ser leída por un detector sin necesidad de pasarla por él sino solo gracias a la proximidad. Por ejemplo, dicen los responsables que podrá ser leída sin sacarla del bolso o de la cartera con lo que se hace más fluido el paso por los lugares de control.
Lo que desata la imaginación es la proliferación de sistemas de lectura sin contacto y las interferencias que se puedan crear. Para evitarlo, posiblemente, sea necesario establecer sistemas que diferencien códigos distintos no vaya a ser que el lector del metro detecte el detergente que acabamos de comprar en el supermercado pero también la talla del wonderbra; el del supermercado, el libro que llevamos para hacer más ameno el trayecto de metro pero también la fecha de caducidad del támpax y el de la librería, la tarjeta de transporte y el calendario de vacunación del niño.