A menudo censuramos la tendencia de los políticos a prometer y a anunciar planes y más planes, como reprochó Ignasi Pla a Camps, durante su discurso en Les Corts. Sin embargo, aunque la eterna promesa de la clase política es desesperante, hay una costumbre del Gobierno Zapatero más inquietante todavía: la de informar al ciudadano de los problemas que tiene.
En esa tendencia la ministra Salgado es protagonista indiscutible pues suele convocar a la prensa para decir que se consume mucho cannabis y cocaína, se bebe exageradamente durante los fines de semana, se fuma una barbaridad o se engorda demasiado. A ella se ha unido ahora la ministra Narbona, quien acaba de decir que el mejillón cebra es un problema en España.
Lo llamativo no es que los ministros conozcan los problemas de los españoles, todo lo contrario, deben desvivirse por ello, para cumplir bien su cometido. El problema es que el responsable público debe solucionar los problemas, no solo anunciarlos.
Los españoles sabemos que hay sequía, especialmente los valencianos. Para eso no necesitamos a ninguna ministra y menos a una que nos lo eche en cara. Sabemos que se consume mucho alcohol durante los fines de semana, no hay más que observar la asociación de “botellón” y “fiesta grande” que hacen algunos jóvenes. Y, por fin, también sabemos que, entre un sandwich de pavo y tomate natural con pan integral y un bocadillo de “blanco y negro” con patatas y pimientos fritos, el nivel de colesterol oscila de forma notable. Es decir, conocemos los problemas que nos acechan, aunque es verdad que quizás nos falte percibir la magnitud del problema pero, en cualquier caso, sabemos de su existencia y esperamos que los políticos propongan la solución que consideren mejor y la intenten aplicar. Por eso, si a la costumbre enunciativa se une el tono moralista del reproche, la sensación es la haber elegido a un lumbreras inoperante y criticón, pero no a un buen gestor de los recursos públicos.