David Copperfield aún no ha salido de su asombro. Él ha hecho aparecer y desaparecer a medio mundo pero todavía no ha conseguido lo que acaba de hacer el “Harry Potter” del Consell. Con tal de oponerse a las extracciones petrolíferas en el mar valenciano, González Pons ha sido capaz de hacer aparecer a cuatro ballenas nadando frente a El Saler.
Hay que reconocer que ya tiene mérito, con lo grandes que son y lo difícil que es hacer que pasen inadvertidas, negarse al “proyecto catástrofe”, como le ha llamado Pons y mostrar una prueba de tamaña rotundidad.
El conseller empezó con que no, que no y que no pero, conociéndole, parecía otra de las pataletas acostumbradas entre tortugas bobas que se empadronan en Ruzafa y mejillones cebra que se apoltronan en Forata. Luego dijo que si los pinchazos hacen pupa, que a santo de qué ir palpando la costa a ver qué me encuentro y, como nadie le hacía caso, por fin dijo que podían afectar al hábitat marino, “por ejemplo, a los cetáceos que pasan por aquí”.
Alguno debió de pensar que el conseller hablaba de la beluga que espera un bebé y a la que los médicos le han recomendado dar vueltas por El Saler en lugar de patearse la girola de la catedral.
Pero hete aquí que aparecieron ellas sin que se sepa si eran los “farruquitos” de Pons que venían en plan chulesco a decirle a la empresa CHL que ojito con sacar ni medio “barrilito Brent” tamaño San Bernardo del litoral si no querían convertirse en la versión fallera de Jonás, o las hadas madrinas de la beluga por nacer que, cual Flora, Fauna y Primavera, venían para hacerle regalos a la Bella Durmiente del Oceanográfico en el día de su natalicio.
Hasta la fecha se desconoce el motivo de su presencia. Si es el conseller, es difícil saberlo porque los magos no explican sus trucos y, menos, los ilusionistas que viven de hacer creer.