La mayoría de las fiestas locales tienen relación con momentos históricos que recuerdan tiempos de gloria para la comunidad. En nuestro contexto, ese sentimiento de pertenecer a un pueblo grandioso nació de saberse capaz de resistir las invasiones o de vencer al enemigo, entre los que estaba, inevitablemente, el musulmán.
No es un caso único aunque la celebración de Moros y Cristianos sea propia de nuestros pueblos y ciudades. En Arezzo, cerca de Siena, celebran también el Torneo del Sarraceno de origen medieval y con las mismas reminiscencias de rechazo al Islam propio de la época.
Hay fiestas locales que se vinculan a acontecimientos religiosos de carácter milagroso, por ejemplo, la liberación de la peste gracias a la intervención de la Patrona, como en el Sexenni de Morella o, sencillamente, a cultos paganos relacionados con los productos de la tierra, como la vendimia de Requena.
Las fiestas representan un momento de alegría colectiva gracias a una penuria que se acaba, una riqueza que se renueva o una victoria frente a la adversidad y en ese lugar se encuentran quienes son percibidos como dañinos para la comunidad. Así lo veían los valencianos del Medievo, para quienes las invasiones que arrasaban sus costas eran un grave perjuicio, cuánto más la permanencia en el territorio de quienes llevaban a cabo las incursiones violentas.
Cosa distinta es la revisión actual de aquella percepción antigua. Difícilmente las incursiones en patera y cayuco pueden compararse a las de los bereberes. Tampoco la percepción que tenemos hoy del musulmán es similar, pues la convivencia multicultural, aun con todas sus dificultades, se contempla como una oportunidad de enriquecimiento personal y colectivo.
Por eso el recuerdo actual de una realidad antigua no dolorosa sólo debe ser excusa para la alegría de tirios y troyanos. También para los musulmanes de hoy, pues lo que debe celebrarse, en cualquier caso, es que aquella batalla ya está superada. Ese puede ser hoy el mejor motivo para la alegría colectiva. De moros y de cristianos.