Zaplana reivindica su legado y detecta falta de relato en el PP de Bonig

Eduardo Zaplana, junto a la presidenta del Ateneo, Carmen de Rosa, ayer antes de pronunciar la conferencia. / jesús signes
Eduardo Zaplana, junto a la presidenta del Ateneo, Carmen de Rosa, ayer antes de pronunciar la conferencia. / jesús signes

El expresidente afirma que la Comunitat «lleva años sin un proyecto claro» y que la actualidad se parece a cuando él llegó a la Generalitat

F. RICÓS VALENCIA.

El amplio espacio se quedó pequeño para acoger al numeroso público que acudió ayer al Ateneo a escuchar la conferencia que Eduardo Zaplana iba a pronunciar, 'El éxito de la España de las autonomías y las reformas necesarias'. Se habilitó el salón de actos para dar cabida. Hacía años que quien fuera presidente de la Generalitat, ministro de Trabajo, portavoz del Gobierno y del PP en el Congreso no hablaba en público.

Consellers de su época como Miguel Peralta, María Àngels Ramón-Llin, Alicia de Miguel, la parlamentaria nacional Susana Camarero, la diputada autonómica Verónica Marcos, la exconsellera Lola Johnson, el presidente de la gestora del PP en Valencia, Luis Santamaría, numerosos cargos de sus gobiernos y de presidencia, empresarios como Paco Roig, el diputado de Ciudadanos Emigdio Tormo y el dirigente de la Sociedad Civil Valenciana y (Cs y ex PP), Fernando Mut, entre otros muchos, fueron a escucharlo.

Está retirado de la política desde hace una década pero Eduardo Zaplana sigue siendo Eduardo Zaplana. Los toros los ve desde la barrera, pero su mirada es la misma.

«Crisis políticas como la de Cataluña no se solucionan con el Aranzadi», defiende el expresidente Zaplana

Además de resaltar la visión de futuro y capacidad de diálogo de los hombres que protagonizaron la Transición, de describir «la tormenta perfecta» que ha vivido España durante los últimos años (la crisis económica, el descrédito de la política por la corrupción y el cambio tecnológico del que señaló que «no se enteran los políticos de derecha a izquierda») no trató de evitar referirse a la Comunitat: a todos sus sucesores en la Generalitat y también a su partido, el PPCV.

Público asistente a la conferencia.
Público asistente a la conferencia. / J. Signes

Destacó que cuando en julio de 2002 dejó de ser el jefe del Consell «la deuda de la Comunitat Valenciana era de 7.000 millones» -no se refirió a la actual de unos 45.000 millones-, dijo. «No teníamos déficit, el PIB de la Comunitat crecía más que el español. Y eso duró mientras hubo un proyecto político razonable». Señaló que la Comunitat «lleva años sin un proyecto claro» y que su situación actual «es muy parecida» a la que había cuando él llegó a la presidencia. Luego «vino el marketing y el victimismo». «Nos comenzamos a encerrar y quisimos ser no menos que nadie», indicó.

Para el PP valenciano también hubo un toque. «Mi partido ha renunciado a explicar el relato de los que han aportado algo a esta tierra», indicó, y sin partir de ahí es difícil crear un discurso con una visión para esta tierra.

Del actual Consell dijo que «carece de pulso no alcanza a ver el rumbo»; del PSPV, que está «limitado por los pactos» y por lo diluida que se encuentra la marca PSOE. De Ciudadanos indicó que tiene «cierto desconocimiento del ADN de esta tierra» y destacó que Podemos se encuentra «en una amalgama de cierto radicalismo ideológico». ¿Compromís? No existió.

Indicó que «no se ha revertido nada» con la conversión del Hospital de Alzira a la gestión pública, es una muestra de que el Consell «sigue pendiente del pasado».

Aboga por negociar (su modelo es Aznar), que empresarios, profesores universitarios y periodistas, ofrezcan ideas para avanzar. Destacó que «crisis políticas como la de Cataluña no se solucionan con el Aranzadi (se refería a recurrir a la aplicación de la justicia, sino al diálogo). La concordia es posible». Se definió optimista, defendió que los mejores años «están por llegar» y aseguró que se entregó «en cuerpo y alma a esta tierra».

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