El tripartito sube el presupuesto de la Diputación un 6% pese a querer cerrarla en 2015

Pleno de la Diputación de Valencia. / damián torres
Pleno de la Diputación de Valencia. / damián torres

La corporación aumenta en 28 millones sus cuentas desde que la gobiernan los firmantes del Pacto Botánico, que prevén gastar 473 millones durante 2018

BURGUERA

valencia. El tripartito se instaló en los despachos de gobierno de la Diputación de Valencia a partir de las elecciones de mayo de 2015 con un objetivo: vaciar la corporación provincial. Socialistas, nacionalistas y podemistas advirtieron que dirigirían una institución, para ellos, corrupta, caduca y absurda. Su intención, la que hicieron pública sin complejo alguno y la que ya habían adelantado previamente en la campaña electoral, era rebajar al máximo las competencias, adelgazar la actividad diputacional y derivarla hacia otras administraciones, principalmente la Generalitat y las supramunicipales. Las palabras han terminado por no coincidir con los hechos contantes y sonantes, esos que se derivan de los presupuestos, porque la Diputación de Valencia, la única de las tres corporaciones provinciales que está en manos del tripartito, ha incrementado su presupuesto.

Las cuentas aprobadas en 2015 para el 'ayuntamiento de ayuntamientos' suponían un gasto de 445 millones de euros. Para el año próximo, el presupuesto anunciado por la institución que preside el socialista Jorge Rodríguez será de casi 473 millones de euros.

Aquel deseo de adelgazar o vaciar la Diputación ha quedado postergado, porque, en realidad, durante varios años se mantuvo la línea y, finalmente, en el último ejercicio antes de las elecciones, ha procedido a engordar. Para 2016 se aprobó un presupuesto ligeramente superior al del año antes (448 millones), y de cara al presente ejercicio se hizo una rebaja hasta los 434 millones. De cara al próximo año, el que se presume clave de cara los comicios de 2019, el presupuesto se ha cebado con 28 millones más que en aquella última anualidad durante la cual la institución estuvo en manos del PP. El incremento desde que arrancó la aventura 'botánica' supera el 6%.

«Hay que limitar el poder político de las diputaciones. Si llego a ser presidente aplicaré la Ley de Coordinación de Diputaciones de 1983, que se ha puesto muy poco en funcionamiento, para que los presupuestos de las corporaciones provinciales se incorporen al de la Generalitat y se supediten a sus directrices». Esta reflexión la hacía el secretario general de los socialistas valencianos, Ximo Puig, en 2015. La publicitó en abril de aquel año, durante la presentación de su libro 'El problema valenciano tiene solución'. «No tiene sentido que la Generalitat no pueda pagar comedores escolares y que las diputaciones hagan campos de fútbol», dijo Puig también, en aquellos tiempos que ahora parecen tan lejanos y ajenos.

Al año de estar al frente de la Diputación de Valencia, su presidente, Jorge Rodríguez, hizo balance junto al resto de partidos en el gobierno, e insistieron en el objetivo de «cerrar» la institución. De hecho, este mismo verano se supo que la propia corporación ha encargado diferentes informes para vaciar la administración provincial a lo largo del segundo tramo de legislatura, y de cara a las elecciones de 2019. Esto, además, tendría un especial valor estratégico, ante la posibilidad de que el gobierno provincial regrese a manos del PP, que heredaría una Diputación sin apenas competencias. En cualquier caso, mientras la teoría se mantiene, la práctica presupuestaria camina en dirección opuesta. Las partidas engordan y los compromisos se incrementan, un fenómeno desconcertante, pues aquellos que dicen no querer a la institución provincial son los mismos que elevan su capacidad económica.

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