Torra pide por carta una reunión a Rajoy para dialogar sin límites ni condiciones

Quim Torra./Agencias
Quim Torra. / Agencias

En la misiva, el nuevo presidente de la Generalitat le remarca que defenderá el proyecto político «fiel a la expresión» del 1 de octubre

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Mariano Rajoy y Quim Torra saben que sus mutuas exhortaciones al diálogo van camino de resultar infructuosas. Pero, a pesar de ello, insisten en hablar. El presidente del Gobierno pide que sea «sin imposiciones» y el de la Generalitat, «sin condiciones». Dos requisitos que riman y nada más, porque los dos protagonistas sitúan ese hipotético diálogo en planos paralelos de imposible convergencia.

«No hay fecha» para ese encuentro, confirmó este viernes el portavoz gubernamental. Pero hay carta. Torra escribió este viernes a Rajoy para ofrecer un diálogo «con el respeto institucional mutuo debido, con la predisposición a hablar de todo, sin límite temporal y con el formato» que ambos líderes convengan. Señala que será «fiel» al mandato emanado de las urnas en el referéndum ilegal del 1 de octubre y subraya que Cataluña vive hoy en unas «circunstancias excepcionales» porque hay dirigentes políticos «en prisión preventiva o en el exilio». Pero el presidente catalán no hace ninguna mención a la república ni al proceso constituyente, los dos objetivos de su mandato, según recalcó en el debate de investidura.

Torra cumple de esta manera el compromiso que contrajo en Berlín el 15 de mayo en una comparecencia conjunta con Puigdemont, su primer acto como presidente investido, de enviar una carta a la Moncloa para ofrecer diálogo. Entonces emplazó a Rajoy que «fije una hora y un lugar» para hablar. En su escrito no es tan imperativo pero se muestra convencido de que el diálogo entre ambas administraciones «es la mejor manera de avanzar».

Rajoy no dijo este viernes nada, aunque el 15 de mayo recogió el guante y contestó: «Por supuesto que voy a recibir al presidente de la Generalitat si él me lo pide. Estoy disponible para hablar».

Un cruce de disponibilidades que encierra escasa voluntad. Tal y como está el clima en el independentismo catalán, un desplazamiento de Torra a la Moncloa podría ser visto casi como una traición. Sería, además, un viaje en balde porque el presidente de la Generalitat ya ha dicho que su intención es hablar de recuperar el control de las finanzas, que el Gobierno no va a ceder, y de la república catalana, asunto que Rajoy ni se plantea. Ninguno de los dos temas, en todo caso, se incluyen en la carta enviada este viernes al palacio de la Moncloa.

El jefe del Ejecutivo, a su vez, ha precisado que está dispuesto a conversar con el único requisito que la agenda esté dentro de la ley, un marco que para el presidente de la Generalitat está superado, como lo estuvo para su predecesor Puigdemont.

Nueva etapa

Pese a estos escollos, el portavoz Íñigo Méndez de Vigo insistió en que el Gobierno quiere «abrir una nueva etapa política» en Cataluña que se sustente en un diálogo «productivo» dentro de la ley. Como si la Generalitat hubiera adoptado ahora un rumbo autonomista y el reloj hubiera retrocedido hasta antes de septiembre de 2012, cuando Artur Mas destapó el tarro de las esencias independentistas.

El ministro avisó que en esas hipotéticas conversaciones no sería de recibo intentar «imponer una agenda ilegal» porque lo prioritario es hablar de «políticas de progreso» para los catalanes. Torra no está en esa frecuencia, lo suyo, según ha recalcado, es recuperar el proceso secesionista a partir de la declaración de independencia del 27 de octubre. Un terreno que tampoco pisa en la carta.

Rajoy mantiene las formas de presidente dispuesto a la concordia porque no quiere ser quien dé el portazo, tarea que deja a su hipotético interlocutor. Además, se siente fuerte con el renovado respaldo de PSOE y Ciudadanos ante el desafío que, presume, pergeñan Puigdemont y Torra. El apoyo de Pedro Sánchez es incondicional, mientras que el Albert Rivera tiene alguna cláusula que no será impedimento para el cierre de filas si hay que reeditar el artículo 155 de la Constitución.

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