Jorge Rodríguez agita el fantasma del Palau

Jorge Rodríguez agita el fantasma del Palau

La Diputación señala al entorno de Puig por los frentes que tiene abiertos, como Imelsa, y evita la autocrítica | El presidente de la institución provincial se blinda con sus fieles mientras crece la desconfianza entre los diputados de su grupo

Ferriol moya
FERRIOL MOYAValencia

Jorge Rodríguez llegó a la presidencia de la Diputación de Valencia en el verano de 2015, con el respaldo de Ximo Puig y como apuesta personal de José Manuel Orengo, después de lograr una clara mayoría absoluta en Ontinyent. El idilio con lo que en su día se conoció como el 'clan de Gandia', el influyente núcleo de poder socialista fiel a Puig asentado sobre esa agrupación, apenas duró seis meses. Ese fue el tiempo que dos de sus representantes más señalados, Orengo y Josep Ramon Tiller, tuvieron para abandonar sus puestos como jefe de gabinete y cogerente de Imelsa, respectivamente, debido a las discrepancias con el presidente de la institución provincial.

Rodríguez no ha dejado de tener desde entonces la percepción de que no cuenta con las simpatías del Palau de la Generalitat. No se trata de un enfrentamiento institucional como tal -la corporación provincial valenciana ha atendido el papel que le ha solicitado la Administración autonómica para aportar la liquidez necesaria en algunas de sus iniciativas-. Es desconfianza política, generada como consecuencia del poder adquirido por Rodríguez a su llegada al Palau de Batlia. El dirigente provincial ha expresado en privado en alguna ocasión que estaba llamado a convertirse en la principal referencia de futuro del socialismo valenciano. Y la reflexión, que llegó al Palau -a escasos cincuenta metros de la Diputación- fue convenientemente anotada.

El presidente de la Diputación y su influyente jefe de gabinete, Ricard Gallego (que sustituyó a Orengo), han venido dejando pistas de las ambiciones orgánicas del alcalde de Ontinyent. El amago de presentarse a la carrera por el liderazgo provincial del partido -en la que terminó imponiéndose Mercedes Caballero, de la mano de José Luis Ábalos- dibujó con meridiana claridad la ruptura entre Rodríguez y Puig, que evitó respaldar la candidatura del presidente de la Diputación, temeroso quizá de que asumiera un poder excesivo.

El pulso con el 'clan de Gandia' se ha convertido ahora en una excusa útil

Previamente, el alcalde de Ontinyent había tratado de jugar el papel de hombre fuerte de la candidatura de Puig en las primarias del PSPV. El premio obtenido, la portavocía, resulta menor para quien tenía aspiraciones mucho más altas.

El caos en Divalterra

Durante estos casi tres años de mandato, Rodríguez ha tenido que lidiar con algunos frentes de gestión que le han amargado la estrategia con la que pretendía mantener un perfil bajo, quizá la espera de que la convivencia entre Puig y Oltra derivara en un desgaste del primero que mejorara su posición política. Divalterra, la denominación actual de la vieja Imelsa, se ha convertido en un foco de permanente conflicto. Primero, con la salida de Tiller. Después, con los problemas de Víctor Sahuquillo que derivaron en su destitución. A continuación, el periodo de casi un año sin nombrar a quien acompañara a Agus Brines (Compromís) al frente de la empresa. Y finalmente, tras elegir a Xavi Simón, la polémica con los contratos de alta dirección que ya está en la Fiscalía Anticorrupción.

Algunos diputados del PSPV se quejan por la falta de información sobre las decisiones

¿Y de dónde arrancan estos problemas? Para Rodríguez y su entorno más cercano, el origen es el entorno del Palau de la Generalitat. El regreso de Orengo a la sala de máquinas de Presidencia, junto a Ximo Puig, disparó todas las alarmas en la Diputación. Al exalcalde de Gandia se le atribuyen desde el entorno de Rodríguez poderes que van mucho más allá de su función como asesor del jefe del Consell. Y serían Orengo y otros colaboradores del presidente los que estarían detrás de muchas de las dificultades con las que Rodríguez se viene encontrando toda la legislatura.

Un análisis muy similar a este y que lleva a esta conclusión es el que Gallego, mano derecha de Rodríguez, vino a hacer esta semana en una reunión del grupo socialista de la Diputación. Según asistentes a esa reunión, el colaborador del presidente de la institución atribuyó a ese entorno buena parte de la polémica generada en las últimas fechas como consecuencia de los contratos de alta dirección -sin concurso público y sin atender los principios de publicidad, mérito y capacidad- aprobados en el consejo de administración de Divalterra del 19 de febrero. Una polémica que acabó derivando en la renuncia de los dos altos cargos elegidos -sendos dirigentes locales del PSPV- y en una reestructuración de la firma por la que se suprimieron otras cuatro direcciones de área.

Preocupación por la deriva judicial abierta en la gestión de Divalterra

El conflicto en la empresa pública (que arranca de la revelación por parte de este diario de un informe jurídico que rechazaba la posibilidad de aprobar esos contratos de alta dirección), afecta ya a Rodríguez (presidente de la firma), los dos cogerentes (Brines y Simón), y el secretario del consejo, (Jorge Cuerda). Este último, nombrado por Rodríguez para poner orden en la empresa, es el autor del informe definitivo que permitió aprobar esos nombramientos pese a elaborar uno en sentido distinto sólo dos días antes.

Aunque varios de los afectados fueron nombrados por el propio Rodríguez, y a pesar de que ha sido éste y Gallego -al que varios diputados reprochan la falta de información de que disponen- los que toman las principales decisiones, el entorno del presidente considera que la responsabilidad de que haya estallado el caso tiene su origen en el entorno del presidente de la Generalitat. En esa reunión del grupo socialista algunos diputados mostraron su inquietud por las informaciones que viene apareciendo sobre Divalterra, y que apuntan en algunos casos a posibles responsabilidades de todo el consejo de administración. Por toda respuesta obtuvieron esa alusión al Palau, cuando no explicaciones aún más inverosímiles.

En las últimas fechas, Rodríguez y su entorno han expresado en algunos ámbitos su contrariedad por la falta de visibilidad del presidente de la Diputación, incluso en citas en las que parecía llamado a ocupar un papel mucho más protagonista. Y, por contra, aseguran haber detectado maniobras del Palau con las que se preserva la imagen de Puig -por ejemplo, ante la investigación sobre la supuesta financiación irregular de PSPV y Bloc-.

El horizonte de 2019

Los temores de Rodríguez se ven acrecentados por un futuro político que, a estas alturas de la legislatura, todavía resulta incierto. El presidente de la Diputación ha mostrado en alguna entrevista su disposición a repetir como máximo responsable de la institución provincial. Y a priori no tendría por qué tener problemas para lograrlo, después de mantener una convivencia razonablemente tranquila con sus socios de Compromís.

Pero para ello debe de cumplir las 'condiciones electorales' necesarias; es decir, lograr el acta de diputado provincial por su partido judicial. Y a continuación que los resultados le vuelvan a permitir aspirar a la presidencia de la institución provincial.

Pero luego también están las 'condiciones políticas'. Rodríguez ya sabe que no contará con el aval de Palau para seguir -más allá de la proverbial capacidad de Puig para no forzar pulsos innecesarios-. Y además debe recibir el visto bueno de la dirección provincial que encabeza Mercedes Caballero, que debe ser la que plantee la propuesta de diputados provinciales y del presidente de la Diputación. Caballero, de la máxima confianza del secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, no se ha pronunciado sobre la candidatura a presidir la institución provincial, que cuenta con un presupuesto superior a los 470 millones. Ni tan siquiera se ha descartado ella misma.

Algunos de los últimos nombramientos impulsados por Rodríguez parecían interpretarse en la clave de ganar peso político -se ha impuesto en varios congresos comarcales aunque está lejos de disponer de la mayoría- para tratar de sostener sus opciones de mantenerse en la Diputación. Pero la polémica generada en algunos casos -Lucas Ferrando y Víctor Jiménez presentaron su renuncia de inmediato- ha terminado de hundir su estrategia.

Ontinyent se hace fuerte en Presidencia

El entorno de Jorge Rodríguez acuñó en su día el término 'clan de Gandia' para referirse al peso político y la influencia en el PSPV de referentes del partido vinculados a esa poderosa agrupación socialista. Una denominación que buscaba convertir en reproche el origen o la vinculación de todos ellos con la ciudad ducal, en detrimento del resto de municipios. Con el tiempo, Rodríguez ha acabado haciendo algo muy parecido con Ontinyent, el municipio del que es alcalde. Su jefe de gabinete, su secretaria, uno de sus asesores de cabecera y el gerente de Egevasa -una de las empresas de la corporación provincial-, han nacido en la capital de la Vall d'Albaida o mantienen una vinculación profesional con ese Ayuntamiento. El blindaje de Rodríguez con su núcleo duro, al que se suman diputados como Pablo Seguí o el letrado de presidencia, Jorge Cuerda, ha ido en paralelo con el incremento de las discrepancias existentes en el seno del grupo socialista con algunas de las decisiones adoptadas y, en más ocasiones, con la falta de información respecto a otras.

La creciente influencia de Ontinyent en Presidencia de la Diputación ha derivado en que algunos dirigentes socialistas comiencen a devolverle a Rodríguez el término 'clan' utilizado en su día con Gandia. «Eso sí que es una familia», señala un veterano del partido.

Los nombres clave

Jorge Rodríguez. Presidente de la Diputación
El alcalde de Ontinyent lidera la influencia de esta localidad en la institución provincial.
Ricard Gallego. Jefe de gabinete
Ejerce de número dos. Aunque nacido en Xàtiva, su jornada laboral se reparte entre la Diputación y Ontinyent.
Manuel Reguart. Asesor de Presidencia
Hijo del exalcalde de Ontinyent, los hagiógrafos de Rodríguez destacan su vena política como militante socialista.
Natalia Enguix. Secretaria de Presidencia
Natural de Ontinyent, aunque con trayectoria en Granada, forma parte del entorno más cercano a Rodríguez.
Miguel Ángel Ferri. Gerente de Egevasa
Natural de Aielo pero residente en Ontinyent, en cuyo Ayuntamiento ha trabajado.

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