Puig llama a la unidad: «No perdamos el tiempo en batallas de división estéril»

Ximo Puig, ayer, en la clausura del congreso. / EFE/Pep Morell
Ximo Puig, ayer, en la clausura del congreso. / EFE/Pep Morell

El líder del PSPV remarca que su federalismo no es un nacionalismo excluyente, sino internacionalista

FERRIOL MOYA ELCHE.

El secretario general de los socialistas valencianos, Ximo Puig, cerró ayer el XIII congreso de su partido celebrado en Elche con un llamamiento a la unidad. Tras sacar adelante la composición de una ejecutiva con 74 miembros, en la que los partidarios de Rafa García, su rival en primarias, no quisieron integrarse -y en privado cuestionaron la falta de integración en el resto de órganos elegidos-, el líder del PSPV remarcó que a su partido le quedan cosas muy importantes por hacer como para enredarse en peleas internas. Puig bromeó con que su ejecutiva es «un poco grande, porque grandes son los retos que tiene este país», y añadió que el PSPV tiene cosas importantes por hacer. «No vale la pena perder el tiempo en batallas de división estéril», dijo.

El líder valenciano se mostró convencido de que su partido está hoy «más fuerte, unido y preparado». El PSPV, apuntó, debe ser un instrumento para mejorar la vida de las personas. «No creo en los partidos endogámicos», añadió.

Puig afronta el que será su último mandato orgánico -así lo reiteró ayer tras anunciarlo ya en el pasado proceso de primarias- con el objetivo de preparar al PSPV para los comicios de 2019. «Hoy empezamos a ganar» esa cita, adelantó. Una convocatoria para la que las encuestas anticipan un buen resultado, pero todavía resta casi la mitad de la legislatura. Además, las tensiones con Compromís aumentarán a medida que se acerquen los comicios.

Pero el primer objetivo y la primera prueba tras los procesos de renovación orgánica será comprobar la capacidad de la nueva dirección nacional para navegar de la mano de una ejecutiva federal, la que encabeza Pedro Sánchez, que el viernes pasado le prometió todo el apoyo al dirigente valenciano, pero que no olvida la maniobra de Puig -su dimisión de la ejecutiva federal a finales de septiembre pasado- que derivó en su caída en el comité federal del 1 de octubre. «Hemos puesto al PSPV en hora con el futuro», aseguró ayer el líder de los socialistas valencianos.

El jefe del Consell arrancó su intervención en esta última jornada del congreso con referencias al Pacto del Botánico. Pese a que ningún representante de Podemos, uno de los partidos firmantes de ese acuerdo, acudió ayer al acto de clausura -sí que lo hicieron de Compromís e incluso del PP valenciano-, Puig se mostró dispuesto a volver a firmarlo (mostró la pluma con la que lo hizo) «con más fuerza».

El comentario quiso replicar los matices que García, durante la campaña de primarias, hizo respecto a la vigencia del acuerdo con Compromis y Podemos. Puig dijo que preside un Gobierno «de estabilidad, honradez y diálogo», que ha conseguido de la Comunitat Valenciana «un País más justo», con un partido que ha encontrado soluciones. Puig no hizo referencias al plurilingüismo, pero sí señaló que tienen que dar explicaciones «los que no quieren que el valenciano sea como el castellano». Su partido, no obstante, había respaldado en este congreso las políticas lingüísticas del Consell justo la misma semana que el TSJ ha tumbado el decreto de Marzà.

Una mayoría social

El líder socialista emplazó a su partido a convertir la hegemonía política de la que disfruta ahora ese acuerdo del Botánico en una «mayoría social compartida». Proclamó que el PSPV está en su mejor momento de los últimos 22 años, a pesar de que los resultados obtenidos en los últimos comicios fueron los peores de la historia (aunque también permitieron recuperar la Generalitat). Por eso, señaló que el objetivo debe de ser «hacer del cambio una mayoría amplia para la próxima década».

En un acto que arrancó con el famoso 'Tio Canya' de Al Tall, y en el que se pudo ver, entre otros, a la exministra y exnúmero tres del PSOE, Leire Pajín -apartada ya de la primera línea política-, Puig lamentó el daño que ha hecho la «visión centralista» del Estado. Señaló que defender los intereses de los valencianos no puede calificarse de argumento «de bandera o de campanario», y remarcó que defender los intereses de la Comunitat es defender los de los valencianos.

Puig proclamó que la Comunitat es una «nacionalista histórica». Y en ese debate abierto respecto al modelo de Estado, señaló que el federalismo que defienden los socialistas valencianos «no es un nacionalismo excluyente, sino abierto». Puig dijo «aplaudir» la posición del PSOE en relación con este tema -la plurinacionalidad del Estado- y remarcó que el PSPV es «tan valencianista como internacionalista».

El responsable gubernamental diagnosticó que el problema territorial no es únicamente Catalunya, aunque este «explota allí». Reivindicó la importancia de una España abierta y recordó que algunas de las decisiones que se plantean no son buenas ni para la Comunidad de Madrid. En ese sentido, rechazó el 'dumping fiscal' y apuntó que con el Corredor Mediterráneo en funcionamiento, la Comunitat tendría menos de los 390.000 parados con que cuenta en estos momentos.

Con interés por poner la proa de su partido rumbo a 2019, el secretario general de los socialistas valencianos advirtió de que el PSPV no puede permitir que estos cuatro años -los de la actual legislatura- sean «un paréntesis entre dos nadas». Puig citó a la exministra Carmen Chacón para señalar que hay que "comenzar de nuevo, no de cero". Puig, que como muchos de los miembros de la nueva ejecutiva que dirige evitó levantar el puño cuando La Internacional sonó para cerrar el acto, anunció que la primera decisión que propondrá en la próxima reunión de su ejecutiva será la de adherirse a la manifestación que, según explicó, convocarán empresarios y sindicatos para el próximo mes de octubre, para reivindicar el final del maltrato financiero a la Comunitat. «No podemos tener once puntos menos que la media en renta per cápita, ni las inversiones más bajas ni una deuda de 44.000 millones de euros. No es de recibo y no lo vamos a consentir nunca más», sentenció.

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