Ximo Puig, decidido a plantar cara para retener su liderazgo en el PSPV

Acepta el reto de medirse a Rafa García y asegura no entender que alguien quiera debilitarle cuando el partido está «en su mejor momento en 22 años»

FERRIOL MOYA

madrid. Un colaborador de Ximo Puig telefoneó el sábado por la noche a uno de los referentes de la nueva dirección federal del PSOE. ¿El motivo? Trasladar su malestar por el hecho de que Pedro Sánchez no se hubiera puesto en contacto con el secretario general de los socialistas valencianos antes de conformar los órganos federales de dirección del partido. Este referente federal, después de contestar que Puig no había estado en Madrid durante toda la jornada del sábado -llegó a la capital cerca de las 22.00 horas, después de participar en la celebración del título de Valencia Basket-, decidió trasladar el mensaje. Pero la llamada no se produjo. En su lugar, José Luis Ábalos conversó con el líder de los socialistas valencianos, que le expresó su malestar por ser, según dijo, el único barón del partido al que Sánchez no había consultado antes de formalizar su nueva ejecutiva federal. Aquello era «una humillación», según se remarcó.

Puig probó con ese gesto, el de Sánchez al no ponerse en contacto con él, el sabor de la medicina que muy probablemente le espera en esta nueva etapa en el PSOE. La complicidad con la dirección federal será poca o nula. Sánchez no olvida que Puig fue uno de los 17 dimisionarios de la dirección federal que terminaron forzando su caída. De hecho, controlar la federación valenciana se ha convertido en uno de los objetivos clave del nuevo secretario general del PSOE. Controlarla, entiéndase, sin Puig como secretario general.

Pero el secretario general de los socialistas valencianos está dispuesto a la batalla. Ayer, tanto el exalcalde de Morella como algunos de sus altos cargos -se leyeron mensajes en distintas redes sociales de José Manuel Orengo y Miguel Soler entre otros- mostraron su perfil más combativo. Habrá pugna por la secretaría general, porque Puig no acepta el puesto de presidente honorífico -sabe que no deja de ser la conocida 'patada hacia arriba'- y porque piensa, además, que necesita un triunfo para recuperar el liderazgo que perdió el 21 de mayo.

¿Qué pasó en aquella fecha? Ese día, el de las primarias del PSOE que ganó Pedro Sánchez, Puig comprobó que la esencia de la palabra 'líder', es decir, aquella persona que actúa como guía de un grupo, no encajaba con su decisión de apoyar a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. El 'líder' valenciano pidió a la militancia de su partido que apoyara a la baronesa, incluso comprometió su posición en el partido al hacer ticket con el apoyo a ella y a él mismo. Pero ese guía del grupo apenas logró que un 27% de la militancia le siguiera. El otro 70% le dio la espalda.

Puig y su entorno son conscientes de que necesitan recuperar una posición en el seno del partido que perdieron con aquel resultado. Un triunfo en la votación en primarias para elegir al secretario general del PSPV apuntalaría de nuevo ese liderazgo del partido. Reelegido secretario general, Puig estaría en disposición de resituar al PSPV en el debate con el PSOE, muy probablemente en una posición de desconexión hacia todo lo que llegara de la calle Ferraz, para construir un discurso propio, que probablemente acercara el ideario de los socialistas valencianos al de sus socios del Botánico más que al que sostiene la dirección federal de su partido.

Ayer, Puig se refirió a la candidatura alternativa que el alcalde de Burjassot, Rafa García, formalizará previsiblemente hoy mismo. Y lo hizo para adoptar cierto discurso victimista, como si quisiera presentarse como agredido por el hecho de que otro afiliado de su partido quiera disputarle el liderazgo. El líder del PSPV dijo que alguien tendrá que explicar por qué se quiere debilitar su liderazgo al frente de un partido fuerte, como el PSPV-PSOE, y advirtió de que esta situación podría afectar a la presidencia de la Generalitat. Puig llegó a decir incluso que no podía entender que en el mejor momento del partido, en 22 años de historia, «se quiera romper eso».

Reunión ayer en Blaquerías

La alusión al mejor momento del partido no deja de resultar llamativa. El PSPV ha recuperado la Generalitat y un buen número de municipios, pero no es menos cierto que las últimas citas electorales han provocado que el PSPV profundizara su suelo electoral histórico -nunca antes había tenido tan poco votos y escaños- y que la estabilidad orgánica se ha logrado, en muchos de los casos, gracias a incorporaciones al segundo escalón de la administración autonómica o a las inversiones que la dirección general de Administración Local reparte bajo su criterio. La relación, en cambio, con los barones provinviales siempre ha dejado mucho que desear. Uno de ellos, Ábalos, es ahora el secretario de Organización. Ayer, en Ifema, el dirigente valenciano fue de los más aplaudidos.

Puig, por su parte, convocó de urgencia ayer por la tarde en Blanquerías a sus más estrechos colaboradores. ¿El objetivo? Preparar previsiblemente esa confrontación con Rafa García. El portavoz parlamentario, Manuel Mata, fue de los que se sumaron al respaldo a Puig y de los que dijeron no entender «que haya otras alternativas».

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