Puig y Bonig se reivindican de cara a 2019 ante el silencio forzoso de Oltra

Puig observa el paso de la consellera de Justicia, Gabriela Bravo junto a la vicepresidenta Oltra, ayer. / damián torres
Puig observa el paso de la consellera de Justicia, Gabriela Bravo junto a la vicepresidenta Oltra, ayer. / damián torres

El jefe del Consell exhibe un moderado optimismo con un tono muy institucional y la líder del PP carga contra las «promesas incumplidas» y tiende la mano al PSPV

BURGUERA

valencia. El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, también ejerció ayer en el debate de política general de la Comunitat de líder del PSPV, partido que se juega el futuro en 2019. Los socialistas no sólo quieren continuar gobernando. Si lo hacen perdiendo la presidencia, pueden mirar hacia el PSC catalán porque su futuro será muy similar. De ahí que el jefe del Consell exhibiese su tono más institucional, su preferido, y no arriesgó en una jornada en la que se sintió cómodo como eje del debate, ejerciendo de antagonista del PP, tendiendo la mano frente a la escenificación podemista de su enfado por la lentitud de la Generalitat... Puig buscó un tono amable, lo cual fue razonablemente asumido por el PP. Comparado con la crispación del pleno del pasado viernes para aprobar el 'apaño' del decreto de plurilingüismo, el debate de ayer fue una balsa de aceite. La síndica popular, Isabel Bonig, también desplegó un tono contenido. La líder del PP eludió la oratoria acelerada (en fondo y forma) que a veces emplea en las sesiones de control. Sí soltó las riendas en el final de sus intervenciones, pero en líneas generales ofreció un perfil de candidata 'presidenciable'. De este modo, PP y PSPV se repartieron el protagonismo en el epicentro del debate, lo que dejó poco espacio para Podemos y Ciudadanos y eclipsó por completo a Compromís, cuya líder y vicepresidenta, Mónica Oltra, se mantuvo pensativa y seria en su escaño, por una vez fuera del foco.

Las circunstancias políticas (la estructura del debate) favorecieron que el duelo entre Puig y Bonig monopolizase la jornada matinal, la que mediáticamente acapara todo el protagonismo. Los líderes de PP y PSPV dejaron muy poco escenario para los nacionalistas de Compromís. El síndic de la coalición, Fran Ferri, respaldó la gestión del Consell, ayer sin otra voz que la de su jefe, el socialista y presidente de la Generalitat, lo que dejó sin espacio a Mónica Oltra, vicepresidenta y objetivo a batir en las autonómicas de 2019 tanto por el PP como por sus propios socios del Pacto del Botánico, el PSPV. Ferri apostó por cargar contra los populares, algo que había evitado previamente Puig, un discurso que provocó que hasta el presidente de Les Corts, Enric Morera, le recordase al síndic de Compromís que «esto es un debate sobre el estado de la Comunitat, no sobre el PP». Fue una de las intervenciones de Morera, que medió relativamente pocas veces porque el PP y el PSPV adoptaron un talante menos circense de lo habitual en Les Corts, con la intención de abanderar un tono serio.

Puig empleó dos horas en su análisis del estado de la Comunitat. Un discurso inicial que algunos diputados de Compromís consideraron «insípido» y «aburrido», valoración que se repitió desde Podemos y Ciudadanos. Ese reproche fue lo primero que le espetó Bonig al iniciar su intervención. Sin embargo, el presidente no cambió de tercio apelando a que «yo no he venido a dar espectáculo», respuesta que hubiese firmado el mismo Rajoy.

El líder del PSPV realizó un repaso moderadamente optimista de la gestión de su Consell. Se ahorró inicialmente los lamentos por la herencia recibida y los dejó para sus réplicas a Bonig y en sus intervenciones para responder al resto de grupos. Puig hizo un discurso inicial de tono sobrio y muy institucional. Su intención era que resaltasen sus anuncios, especialmente el relacionado con los barracones. Luego se soltó algo más, tanto que incluso deslizó un «joder»,.

Bonig, al contrario de lo que se esperaba desde el Consell, se manejó con cierta pausa, toda de la que es capaz (al finalizar la sesión matinal admitió que había realizado un ejercicio de contención), y evitó centrarse en sus habituales dianas, Marzà principalmente, durante un discurso muy preparado (con muchos datos pero sin leer). Se decantó por intentar demostrar que el Ejecutivo valenciano, en general, no cumple. «No existe» fue el mantra que utilizó (coreado por sus diputados) al enumerar una docena de medidas anunciadas («promesas incumplidas») por el Consell durante la legislatura y que Bonig recalcó que finalmente no se han llevado a la práctica y ejemplificó el «engaño, incapacidad y decepción» generada por la Generalitat al recordar que el Cremona sigue en barracones, el descontento de los vecinos del Cabanyal y de los exempleados de RTVV. En cualquier caso, tendió la mano a Puig, otra vez, pidiéndole que dejase de lado a Compromís y recordándole que tanto el PP como el PSPV «somos partidos de Gobierno y tenemos una responsabilidad».

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