Las protestas de apoyo al expresidente catalán acaban en graves disturbios

Amenazas. Tuit de las pintadas realizadas por Arran en la casa que el juez Llarena posee en Girona. /
Amenazas. Tuit de las pintadas realizadas por Arran en la casa que el juez Llarena posee en Girona.

Los manifestantes exigen investir a Puigdemont mientras Torrent pide calma e insiste en hacer «frente común por la democracia»

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Miles de personas se manifestaron ayer en Barcelona, Lleida, Girona y Tarragona, como protesta por la detención de Carles Puigdemont en Alemania y su posible extradición a España. Las movilizaciones fueron el colofón a una de las semanas más tensas en Cataluña desde que arrancó el proceso. En el independentismo hay cansancio, indignación, rabia, tristeza y todos estos sentimientos se trasladaron a las calles. Por un lado, por las escenas vividas. Las manifestaciones soberanistas siempre se han caracterizado por la ausencia de incidentes. Sin embargo, ayer hubo cargas policiales, lanzamiento de salvas, enfrentamiento entre los manifestantes y los Mossos, disturbios e intentos de asalto a las delegaciones del Gobierno. El amplio dispositivo policial lo evitó en Barcelona.

Básicamente hubo dos convocatorias. Una, la más numerosa, la que organizaron la ANC y Ómnium, que partió de la delegación de la UE en Barcelona y concluyó ante el consulado alemán. Según la Guardia Urbana, asistieron 55.000 personas. La protesta cargó contra la UE y contra el Gobierno alemán. La otra, la más radical, fue la que había convocado el CDR, el comité de defensa de la república, de la órbita de la CUP aunque va por libre, que se manifestó ante la Delegación del Gobierno. Fueron en torno un millar de personas.

Ahí sí se registraron graves incidentes. Y por primera vez se dejaron ver, en la primera línea de la manifestación, una veintena de encapuchados, que se enfrentaron a la policía. El resultado: tres detenidos y al menos 53 heridos. Además, los Mossos identificaron a un compañero, agente fuera de servicio, que estuvo en el ariete contra la policía.

Un agente de los Mossos fuera de servicio, identificado entre los radicales de la marcha

En el consulado alemán, los manifestantes descolgaron la bandera española. Lo mismo ocurrió en la Subdelegación del Gobierno en Girona. También hubo incidentes en Tarragona. Y en Lleida, en la que los miembros del CDR lograron acceder al garaje de la Subdelegación del Gobierno y cortaron las vías del AVE. Se contabilizaron seis heridos.

La tensión de la calle se canalizó también en los gritos que se profirieron en las marchas. Uno de los más escuchados fue «Puigdemont es nuestro presidente» y la gente pidió que sea investido de manera urgente. Todo un desafío a los poderes del Estado, que podría realizarse si la Cámara catalana reformara la ley de la Presidencia de la Generalitat para permitir la investidura telemática o por delegación.

Una parte de Junts per Catalunya y la CUP están dispuestos forzar al máximo, a pesar de que los miembros de la mesa de la Cámara se expondrían a una querella, mientras Esquerra es más remiso a esta opción. «Ni un paso atrás», vociferó la gente, que también pidió una nueva huelga general de país, como la del 3 de octubre del año pasado, dos días después del referéndum, o una movilización permanente. «El despertar de la primavera catalana», fue una de las consignas de la CUP, que se ofreció a entrar en la mesa de la Cámara catalana para investir a Puigdemont de manera urgente.

El presidente de la Cámara catalana, Roger Torrent, descartó esta posibilidad en un discurso institucional. Torrent llamó a la «calma» y a la «unidad» e insistió en emplazar a las cuatro formaciones soberanistas a formar un frente común para «salvar la democracia». Anunció que hoy empezará a sondear esta alianza.

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