Carmen Montón se alía ahora con Ximo Puig tras el portazo de Sánchez a incorporarla en su ejecutiva

Botánico. Cargos públicos acompañan, ayer, a Ximo Puig en la presentación de su candidatura para liderar el PSPV. / d. t.

El presidente de la Generalitat formaliza su candidatura a la secretaría general con el objetivo de crear un PSPV independiente

ARTURO CERVELLERABURGUERA

valencia. Nadie en el PSPV pone la mano en el fuego por el resultado del choque entre Ximo Puig y Rafa García. No lo debe de tener claro ni el propio presidente de la Generalitat, que en 24 horas ha dado un viraje a su discurso. Inicialmente, el pasado domingo, habló muy contrariado ante la posibilidad de tener un rival en su carrera por revalidar el puesto como secretario general. Puig cambió el tono ayer. Quiso erigirse en el garante del poder institucional que los socialistas valencianos han logrado tras las elecciones del 25 de mayo de 2015. Presentó su candidatura en el Botánico, allí donde se firmó el pacto con nacionalistas y podemistas. Se hizo acompañar de alcaldes, concejales, portavoces y una consellera, la de Sanidad. La presencia de Carmen Montón sorprendió más a extraños que a propios, pero sorprendió, porque ha cambiado de bando tan rápido como Puig de discurso.

Montón buscó su hueco bajo la sombra de Sánchez en la Ejecutiva federal durante semanas. En los días previos al Congreso Federal, sus gestiones se intensificaron. Sin éxito. El entorno de Pedro Sánchez no le perdonó una prolongada indefinición de meses: desde que el 1 de octubre Sánchez perdiese el control de Ferraz en un comité en el que ella estaba sentada a su derecha, pegada a él. Era entonces la número cuatro del partido. El domingo, cuando acabó el Congreso Federal, no estaba en la ejecutiva ni en el comité federal. Sin sillón entre 132 vacantes. Y ayer apareció a la izquierda de Puig, pegada a él, aliada con el que fuera su enemigo íntimo durante meses acausa de (según el propio Puig) un «trencament emocional». La consellera ofrecía su apoyo sin fisuras a Sánchez a pesar de las notables diferencias que el secretario general del PSOE mantenía con el jefe del Consell. La fidelidad de Montón a Ferraz y a Sánchez abrió una brecha en su relación con Puig.

Sin embargo, el presidente de la Generalitat presentó ayer su candidatura rodeado de altos cargos públicos socialistas, incluida Montón, y en el Botánico. Tras el acto, convocó de urgencia a los consellers de su Ejecutivo a una comida donde volvió a buscar la seguridad de sus iguales, aquellos que, como él, se han consagrado a la gestión. Del discurso del domingo a la entrada del congreso que ratificó el liderazgo de Sánchez, ahí donde dejó ver su desconcierto por la candidatura de García, ayer no quiso dejar rastro. El secretario general del PSPV adoptó un talante institucional, abierto a las primarias que tanto alabó durante años, y que había cuestionado el domingo por considerarlas un modo de debilitar su liderazgo.

La táctica de Puig recuerda a la de Susana Díaz, ofreciendo a la militancia las bondades de su gestión, apelando al miedo a perder lo logrado durante los dos últimos años. Cinco horas después, García reunió en Blanquerías a 200 personas, buscando asociar su candidatura a la fuerza de la militancia. Como Sánchez. A modo de réplica, la candidatura de Puig organizó para hoy una concentración de militantes, con el objetivo de dar respuesta al apoyo de las bases que durante el día de ayer exhibió García.

El secretario general de los socialistas valencianos apostó, durante la presentación de su candidatura, por «un partido con voz propia», que no acepte las imposiciones de Madrid y sea independiente para tomar sus propias decisiones. Puig destacó que quiere construir la formación sobre los ejes del federalismo, el valencianismo y los valores de izquierda. Una izquierda que da nombre a su candidatura ('L'esquerra en marxa') y que fue un punto que repitió a lo largo de todo su discurso. Para el jefe del Consell «todos los procesos participativos benefician al partido» y quiso recalcar que se presenta con «ilusión fuerza y energía».

Puig señaló que el PSPV se encuentra en su mejor momento en los últimos 22 años y consideró que no es el momento del «partidismo» y de centrarse en problemas internos, unas cuestiones que apuntó que podrían ayudar al PP a recuperar la Generalitat en 2019. Con lágrimas en los ojos y visiblemente emocionado, el líder de los socialistas valencianos quiso dejar claro que son los militantes los que tienen la tarea de decidir y se comprometió a construir un PSPV «desde abajo».

Sobre la candidatura de Rafa García, indicó que tiene «un gran respeto» por la decisión que ha tomado el alcalde de Burjassot, aunque rechazó un pacto para evitar la confrontación directa que se base únicamente en las cuotas. También quiso dejar claro que no comparte la visión de que el jefe del Consell no pueda ser secretario general, ya que consideró que «lo orgánico nunca puede separarse de lo político». Por ello, incidió en que necesita un PSPV «fuerte y unido» para gobernar seguir al frente de la Generalitat después de las elecciones de 2019.

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