Jordi Sànchez ya se postula como candidato a la Presidencia de la Generalitat catalana

Puigdemont interviene ayer por videoconferencia en la asamblea de la ANC. / Marta Pérez / efe
Puigdemont interviene ayer por videoconferencia en la asamblea de la ANC. / Marta Pérez / efe

Puigdemont da a entender que está dispuesto a dar un paso al lado y sugiere que ejercerá un papel político desde Bruselas

C. REINO

A la espera de que Carles Puigdemont mueva ficha esta semana, en la que podría anunciar su renuncia a ser el candidato a la Presidencia de la Generalitat, el panorama de la investidura empieza a clarificarse. Los secesionistas trabajan con un doble escenario. El de Bruselas, en el que el expresidente pilotaría una especie de Presidencia simbólica, y el de Barcelona, donde se investirá a un presidente de la Generalitat en la Cámara catalana. Sonaba para este propósito Jordi Sànchez, pero el expresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y actual diputado de Junts per Catalunya, encarcelado desde hace más de cuatro meses, seguía sin dar un paso adelante. Lideraba las quinielas sin haber dado su aval a ser candidato.

El abogado de Sànchez, Jordi Pina, hizo ayer el movimiento que el independentismo esperaba y dio el 'sí quiero' a ser presidente de la Generalitat, aunque tenga que ser desde la prisión madrileña de Soto del Real y a pesar de que su elección pudiera ser impugnada. «Puede ser el presidente de la Generalitat efectivo», afirmó ayer Pina en TV-3.

El abogado del dirigente nacionalista avanzó que si su cliente acaba siendo el elegido para someterse a la investidura, pedirá la libertad para él con el fin de que pueda asistir a la investidura. Y si el juez del Supremo Pablo Llanera le deniega la salida de la cárcel, demandará un permiso penitenciario para acudir al Parlament el día de la elección. «Si después tiene que volver a la prisión, ejercerá como presidente de la Generalitat desde Soto del Real», añadió. Esta es la primera vez que el entorno de Sànchez habla abiertamente de la posibilidad de que sea el próximo jefe del Ejecutivo catalán. Sànchez concurrió a las elecciones como número 2 de la lista de Puigdemont y su candidatura a la Presidencia de la Generalitat busca escenificar y mantener el enfrentamiento con el resto de España. En el caso de que Sànchez no pudiera ser investido, como de momento no ha podido serlo Puigdemont, el testigo sería recogido por Jordi Turull. Y si el convergente también tuviera que apartarse por la causa que tiene abierta, la tercera en discordia sería Elsa Artadi.

El abogado del expresidente de la ANC asegura que podría gobernar desde prisión

Semana decisiva

Puigdemont, en cualquier caso, sigue sin enseñar sus cartas. El expresidente de la Generalitat tiene la sartén por el mango y, hasta que no se pronuncie, JxCat y Esquerra no podrán cerrar un acuerdo que ambas fuerzas coinciden en que puede anunciarse esta semana. El exalcalde de Girona sí que dio ayer alguna pista y sugirió que su papel a partir de ahora consistirá en defender la «república catalana» desde Bruselas. JxCat y ERC podrían realizar dos actos para honrar la «legitimidad» del expresidente, uno en Bruselas y el otro, el jueves, en la Cámara catalana para solemnizar un reconocimiento que algunos verán como simbólico y otros querrán que sea más político, pero difícilmente ejecutivo sobre el gobierno que se nombre en Cataluña.

Mientras se resiste a dar un paso al lado, el expresidente aprovecha los focos para proclamar la dignidad de Cataluña. «No merece ser traicionada sino servida con vocación de servicio y generosidad para mantener el legado del 1-O, lo que se decidió el 27-S y lo que se ratificó el 21-D», afirmó ayer en la asamblea anual de la ANC por videoconferencia.

Puigdemont se comprometió a no renunciar al proyecto independentista, aunque dijo que lo que le corresponde ahora es «defender este espacio de libertad allí donde las ideas no representan ningún peligro, no hay ningún policía, juez o periodista amigo que te pueda tachar de nada y que te puedan detener por decir que Cataluña merece ser una república independiente democrática sin miedo y con la participación de todos». Todo el mundo contribuirá a continuar este camino, cada uno dentro de su responsabilidad, «pequeñita o grande, cómoda o incómoda, segura o con riesgo», remató.

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