Inmersión total en las Baleares

La presidenta del Govern balear, Francina Armengol. /Efe
La presidenta del Govern balear, Francina Armengol. / Efe

Dos empresarias, Manuela Cañadas y Úrsula Mascaró, lideran un movimiento contra el requisito lingüístico para trabajar en la sanidad pública de las islas La sociedad civil de la autonomía vecina se organiza contra los «països catalans»

S. P. VALENCIA.

Un antiguo dicho advierte de que «cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar». Y a unos vecinos de los valencianos, los habitantes de las Baleares, ya los están pasando por la barbería para someterles a un afeitado forzado. La idea era que quien quisiera ser funcionario, aunque fuera del área de Sanidad, debía conocer el catalán. No importa que se tratara de una eminencia en cardiología, dermatología u oncología. Sin ese idioma no podría trabajar en la Sanidad pública balear.

Ante esta situación planteada por el Gobierno local se han rebelado dos empresarias: Úrsula Mascaró y Manuela Cañadas. Ambas lideran el movimiento que ha logrado frenar que el catalán se convierta en un requisito para poder optar a opositar en la Sanidad pública balear.

Úrsula Mascaró, empresaria y diseñadora de zapatos, bolsos y complementos de mujer, afincada en Menorca, dio un paso adelante tras cenar con un médico amigo de origen gallego. Según informa 'El Confidencial', el galeno hablaba enfadado. No se podía creer que el catalán, lengua cooficial en Baleares, fuera un requisito para opositar a Sanidad. Mascaró le dijo que se tenían que organizar, y quien finalmente tomó la iniciativa fue ella.

Bajo el lema 'Mos Movem! ¡En Marcha! Let's Go!', esa misma semana se empezaron a organizar reuniones. Decidieron no vincularse con ninguna bandera que no fuera su objetivo y convocaron una manifestación contra el «requisitazo»: acreditar mediante examen el dominio de catalán para opositar.

Creyeron que iban a pinchar, que no iría mucha gente porque «en Menorca es muy difícil que haya movilizaciones». Pero el resultado les sorprendió y les animó. «Al final juntamos a casi 4.000 personas en Mahón. Lo nunca visto. La gente alucinaba. No se lo podían creer», declaró la empresaria de éxito del mundo de la moda.

Úrsula Mascaró posiblemente sea una de las caras más conocidas de Menorca. Su marca de zapatos, botas, bolsos y complementos ha lucido en estrellas como Angelina Jolie y Penélope Cruz, famosas internacionales como Paris Hilton e incluso la Reina Letizia.

La diseñadora se muestra satisfecha. No oculta que la movilización ha estallado con tanta intensidad porque trae mar de fondo. «Lo de la sanidad es una gota más. Hace ya mucho tiempo que aquí estamos viviendo una invasión del 'procés', como si llegase un brazo de lo que pasa allí. Después de ver lo que ha pasado en Cataluña estos meses, da pánico», confiesa la menorquina.

Mascaró tiene cerca de 100 tiendas propias por todo el mundo, siete de ellas en Barcelona. «Allí ya le he visto las orejas al lobo, la ruina que supone aquello. Besamos el barro en otoño: un 60% menos de venta y 21 empleadas con los brazos cruzados. Vemos cada día cómo el pancatalanismo quiere apropiarse también de Baleares y la mayoría no queremos pasar por lo que han pasado allí. Que nos dejen en paz. Aquí somos gente muy tranquila y tienen que tocarnos mucho las narices para que salgamos a manifestarnos. Pero lo han conseguido», afirmó.

Y decidió dar el salto de Menorca al resto de Baleares para hacer más grande ese inicipiente movimiento social contra los 'països catalans'. En Mallorca conoció a Manuela Cañadas, catalana, viuda de un militar fallecido en Afganistán y empresaria del sector inmobiliario. «Empecé a seguir el movimiento en redes y le mandé un mensaje a Úrsula, que montó una reunión a la que acudimos 25 personas. Me eligieron como portavoz, pero soy una más. Lo que empezó como una ola en Menorca se ha convertido en un tsunami ya», explica con satisfacción Cañadas .

La movilización ciudadana iniciada por Mascaró y Cañadas, sumada al plantón de varios sindicatos, forzó al Govern balear a rectificar. Su plan inicial, el denominado «requisitazo», era exigir a todos los nuevos opositores del sector un nivel de catalán (examen B2 para médicos y enfermeras y B1 para auxiliares). Esto, en la práctica, hubiera dejado fuera a los candidatos que no pudiesen acreditar sus conocimientos lingüísticos con un título oficial, algo que no ocurre ni en Cataluña.

Detrás de la propuesta está Més, partido minoritario, pancatalanista, que consiguió 59.069 votos en las autonómicas (el 13,8% del total) pero que gobierna en coalición con los socialistas de la presidenta Francina Armengol. Més condiciona buena parte de la agenda de Armengol.

El nuevo borrador del decreto contempla que el catalán sea un mérito en vez de requisito. Pero sólo de entrada. Quienes consigan plaza dispondrán de dos años para acreditar el nivel B2 exigido. Si no, tampoco perderán su trabajo, pero quedarán fuera de las promociones y traslados dentro de Baleares. «En realidad se les pide un nivel básico que solo acredita la comprensión de la lengua. Se trata de garantizar el derecho de los vecinos de Baleares a ser atendidos en una de sus dos lenguas oficiales», explica Gabriel Lladó, director de Recursos Humanos y Relaciones Laborales del Servicio de Salud de las Islas Baleares.

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