El independentismo encara la nueva legislatura en Cataluña sin estrategia ni proyecto común

Puigdemont (d) y Junqueras. /Quique García (Efe)
Puigdemont (d) y Junqueras. / Quique García (Efe)

Puigdemont, su entorno más próximo y la CUP manejan el discurso de la construcción republicana

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Las fuerzas independentistas catalanas encaran la legislatura que se abre el miércoles sin estrategia ni proyecto y, por supuesto, sin líder con libertad de acción. Junts per Catalunya y Esquerra solo tienen un acuerdo, mantener la mayoría soberanista en la Mesa del Parlament y que el presidente sea de la misma cuerda. Aparte de eso, nada. Nadie sabe cómo va a ser la investidura ni cuál va a ser el rumbo del próximo Gobierno, si se forma. Entretanto, el choque entre las dos principales secesionistas se recrudece y la hipótesis de la repetición electoral gana cuerpo.

El último roce ha surgido a cuenta de la petición de Esquerra a Carles Puigdemont de que sea «realista» y huya de «las soluciones mágicas». Toda una afrenta para Junts per Catalunya, que respondió a través del diputado y exconsejero Josep Rull que «lo más realista» es que Puigdemont sea investido presidente de la Generalitat porque «es lo que ha votado la gente». Es «democrático, legal y reglamentario» y cualquier otra fórmula, según Rull, sería un fraude a los resultados del 21 de diciembre.

Una opinión que no es unánime en Junts per Catalunya, sobre todo entre los dirigentes del PDeCAT, como el exalcalde de Barcelona Xabier Trias, quien sugirió que Puigdemont sea investido (no se inclinó por ninguna fórmula) y regrese a Cataluña para «entrar en prisión». Un escenario que no contempla ni en pintura el equipo de huidos a Bruselas.

También terció desde la prisión de Estremera Oriol Junqueras con un artículo en la edición digital del diario Ara en el que abogó por «recuperar la gestión democrática de las instituciones» de Cataluña intervenidas por el Gobierno de Rajoy con el artículo 155 de la Constitución. «No hacerlo -subraya- es renunciar a revertir el 155 y una temeraria huida hacia delante». El exvicepresidente advierte de que si la mayoría secesionista en el Parlament no se pone de acuerdo para echar a andar la Generalitat se bloquearía la legislatura y la repetición de elecciones sería obligada.

Para no llegar a ese escenario extremo, Junqueras reclamó a los independentistas que sean «muy conscientes, tocar el suelo con los pies» para enfrentarse a los problemas «con un ejercicio de realismo imprescindible». Para echar un poco más de leña al fuego, la alcaldesa de Barcelona y líder de los comunes dio un toque de atención a Puigdemont a cuenta de que «lo lógico es que el presidente de la Generalitat esté en Cataluña». Nuevas alusiones al pragmatismo que irritan en los círculos cercanos al expresident, donde dicen una y otra vez que el «plan A, B y Z» es investir a Puigdemont desde Bruselas, ya sea con la fórmula on line o la intervención delegada.

Esa es la única estrategia que pone en la mesa Junts per Catalunya, y Esquerra no se atreve a desenmascararla por temor a quedar como el traidor a los resultados electorales y el que discute la legitimidad del presidente de la Generalitat. Los republicanos, a lo sumo, apelan al sentido común, a que los hechos son los que son y que el reglamento de la Cámara dice lo que dice. En ese pedregal estratégico se mueven a 72 horas de que abra la legislatura.

 17 de 70 investigados

Tampoco está clara la maniobra de los secesionistas para asegurarse el control de la Mesa porque los cinco de Bruselas no van a poder votar y su mayoría de 70 escaños quedaría reducida a 65, cifra que igualarían los 57 diputados constitucionalistas en el muy improbable caso de que los ocho diputados de los comunes se revuelvan contra los independentistas. También corren el riesgo de que cualquiera de los 17 diputados de su bloque que están imputados pueda ser llamado a declarar ante el Supremo y encarcelados en estos días; es el caso de Marta Rovira o Josep María Jové, investigados por el juez Pablo Llarena por su pertenencia al comité estratégico del 'procés'.

Pero si algo está poco cocinado es el proyecto soberanista del próximo Gobierno. Hay una corriente que se presume mayoritaria favorable a un cambio de rumbo respecto a la unilateralidad de la pasada legislatura, lo que no implica un abandono de los objetivos. La república catalana no es motivo de debate para ningún secesionista, otra cosa son los tiempos. Pero Puigdemont, su entorno más próximo y la CUP manejan el discurso de la construcción republicana a partir del momento que dejaron el 27 de octubre. Otro planteamiento sería mantener el 155, según el expresidente, o volver a la vía autonómica, según los antisistema.

Ni los presuntos partidarios de la vuelta a la bilateralidad y a la negociación con el Gobierno de Rajoy ni los defensores de la vía unilateral han ido más allá de los enunciados generales de su proyecto para Cataluña. Todo está subordinado al resultado de la pugna entre la visión épica de unos y el enfoque pragmático de otros. Mientras se dilucida, el calendario se aprieta.

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