UNA GESTIÓN EN LA PICOTA

María Oliver, en el hemiciclo.
María Oliver, en el hemiciclo. / irene marsilla

María Oliver asume entre críticas la portavocía de ValC. La concejal podemista suscribió un polémico acuerdo con un cargo de Podemos y nombró jefe de servicio en Juventud a un expedientado por contratación irregular

J. MOLANO VALENCIA.

María Oliver (Valencia, 1974) va a asumir la portavocía suplente de València en Comú (ValC) tras la salida de Jordi Peris. Lo hará hasta que el partido decida quién ocupa el cargo de manera definitiva, aunque todo apunta a que acabará siendo ella la elegida por una plataforma que prácticamente anda con crisis internas desde que se creó en 2014 . La Mesa de Coordinación de ValC se reunió ayer para valorar la nueva situación que, entre otras cosas, supondría un trasvase de competencias entre sus concejales en el caso de que la podemista fuera la portavoz.

Oliver es arquitecta de profesión, su experiencia política comenzó en enero de 2015 cuando entró a formar parte del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos en Valencia como responsable del área de Derecho a la Ciudad y Municipalismo. Cuatro meses más tarde concurría a las elecciones municipales en las listas de ValC -conformada por independientes, Podemos y la corriente Més en Comú-. Tras los comicios pasó a ser concejal titular de Educación y Juventud y delegada en Patrimonio, Vivienda y Acción Cultural.

Recientemente pasó a ocupar un puesto en el Consejo Ciudadano Valenciano del partido morado. Formó parte de la candidatura de Antonio Estañ, secretario general y vencedor de las primarias, por lo que su figura entre los podemistas se ha visto reforzada.

A juzgar por las duras críticas que recibe por parte de los grupos de la oposición en el consistorio, Oliver no acaba de gestionar de la mejor manera posible la amalgama de departamentos que están bajo su control. El pasado mes de febrero, como publicó este periódico, la concejalía de Educación otorgó una polémica subvención de 95.000 euros para un estudio dirigido por un alto cargo de Podemos que, además, ya estaba realizando la conselleria. Asimismo, el mes pasado la edil nombró jefe de servicio en la concejalía de Juventud a un funcionario expedientado por el Ayuntamiento de Burjassot y suspendido tres años de funciones y sueldo por contratar con empresas suyas cuando dirigía la Casa de la Cultura del municipio. Pese a que Oliver se opuso al principio, porque «todo el mundo» estaba contento con su elegido, el alcalde Joan Ribó le destituyó tras comprobar la irregularidad.

Al alcalde no le gustó enterarse por este diario del expediente abierto al funcionario escogido por Oliver y le pidió explicaciones. Las relaciones entre ambos dirigentes del tripartito que gobierna el consistorio son tirantes a raíz de que ValC bloquease los presupuestos municipales de 2016 por ser poco sociales. Esa fue la primera crisis entre Compromís, PSPV y ValC en 2015. María Oliver se abstuvo en la votación de las cuentas de la Junta Central Fallera porque demandaba presupuesto para construir viviendas sociales. Ribó cedió y anunció 1,2 millones de euros para el presupuesto de 2016, 2,4 millones para 2017 y 3,6 millones para 2018.

Desde la oposición (PP y Cs) reprueban que Oliver no haya «construido ninguna vivienda social» y que su gestión «haya sido un bluf». Critican que a finales de 2016 intentase comprar viviendas en lugar de construirlas y que también fuera incapaz de comprarlas con 1,2 millones de euros en el bolsillo.

En el terreno cultural, la concejal ha tenido algunos enfrentamientos con el sindicato de actores y la asociación valenciana de empresas de teatro, entre otros colectivos. Su balance en cultura se resume en que los tres teatros de la ciudad (la Rambleta, el Teatro El Musical y Las Naves, que cerró Jordi Peris) se encuentran descoordinados.

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