La desbandada editorial privará a Barcelona de ser la capital del libro

Sede de la editorial Planeta en Barcelona. / Alberto Estévez / Efe
Sede de la editorial Planeta en Barcelona. / Alberto Estévez / Efe

La decisión de Planeta de trasladar su sede a Madrid se convierte en el espejo para que otros editores den el paso

MIGUEL LORENCI MADRID.

«En tiempo de tribulación, no hacer mudanza», aconsejaba San Ignacio. Una máxima inaplicable ante el desafío independentista catalán también en el mundo editorial, que ha tenido su capital en Barcelona durante el último medio siglo. Los grandes del sector, con Planeta y Penguin Random House a la cabeza, han seguido o seguirán los pasos de los grandes bancos y están mudando sus sedes sociales, y seguramente fiscales, de Barcelona a otras ciudades. La mudanza de Planeta a Madrid es el inicio de una previsible desbandada que mermará o privará a la ciudad condal del papel de líder y protagonista que ha jugado hasta hoy en el mundo de la edición.

La potente industria editorial española representa el 1,3% del PIB. La facturación del Gremio de Editores de Cataluña supuso el 49,5% de total del país, frente al 43,4% de Madrid. Cataluña produce el 44% de los libros que se editan en castellano. Pero esto cambiará con una nueva 'geopolítica' editorial forzada por al secesión catalana. «La situación actual genera no es buena para nadie. Las empresas buscan siempre seguridad jurídica y que el trabajo pueda desarrollarse con garantías», asegura su presidente, Patrici Tixis.

Planeta, el principal conglomerado hispanoamericano, séptimo en el concierto mundial -con una facturación de 3.300 millones de euros, de los que 1.815 corresponden a las divisiones de libros- fue el primero en confirmar que se muda a Madrid. Controla el 18% del mercado y el cambio haría que los editores madrileños acaparasen el 60% de la facturación y que la de los catalanes se quedara en 30%. Para eso haría falta que traslade todo su músculo empresarial y laboral a Madrid, incluido su personal. De momento solo ha hablado de mudar su sede social y reflexiona sobre la fiscal.

No obstante, en el sector se da por descontado que cuando se produce el traslado de la sede fiscal se acaban realizando traslados operativos de más calado. Desde el grupo se advertía de que la decisión es firme y «muy meditada», aunque será el presidente del grupo, José Crehueras, quien dará detalles mañana en una esperada rueda de prensa en vísperas del fallo del premio Planeta.

El emporio editorial creado por José Manuel Lara cuenta con 47 editoriales en castellano a las que se suman 13 del Grup 62, que edita en catalán. Incluye sellos muy ligados a la historia reciente de Barcelona y sobre los que se ha cimentado la capitalidad cultura de Cataluña: Destino -creador del Nadal, impulsor de Delibes y Pla-, Seix Barral o el propio Planeta, que tiene el premio literario privado mejor pagado, con 601.000 euros, y que se falla el domingo ante un millar de invitados

Penguin Random House Mondadori, participado al 75% por la multinacional alemana Bertelsmann -cuarta editorial del mundo- y en un 25% por la británica Pearson, es el gran competidor de Planeta y el segundo gran grupo editorial radicado en Barcelona. Con 37 sellos en su órbita -Lumen, Alfaguara o Plaza&Janés, entre otros-, no ha anunciado aún que vaya a dejar Cataluña, pero advierte de que evaluarán «la situación en consecuencia y tomaremos entonces todas las medidas necesarias para defender los intereses de autores, lectores y empleados».

Se da por hecho en el sector que todo está preparado en la central de Bertelsmann en la ciudad alemana de Gutersloh para dar el paso y salir de Cataluña en cuanto se produzca un cambio del marco jurídico.

Pero además de estos dos gigantes, en la ciudad condal operan un puñado de medianas editoriales que juegan un papel relevante en el cada vez más global negocio de la edición; sellos como Anagrama, Salamandra, Galaxia Gutenberg, RBA, Edhasa, Malpaso, Acantilado, Alpha Decay, Asteroide, Blacky Books Catedral, La Galera o Rata. No todos se han pronunciado ante la incierta situación, pero la mayoría de ellos está a la espera de que la secesión sea real o no.

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