Rajoy exhibe serenidad ante los suyos pese al creciente malestar social

Dolores de Cospedal, Mariano Rajoy y Fernando Martínez-Maillo, durante la reunión del Comité Ejecutivo Nacional./Efe
Dolores de Cospedal, Mariano Rajoy y Fernando Martínez-Maillo, durante la reunión del Comité Ejecutivo Nacional. / Efe

El Gobierno relativiza las movilizaciones, aunque asume la necesidad de dar respuesta a algunos colectivos sin descuadrar las cuentas

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Los que asistieron este lunes al Comité Ejecutivo en la sede nacional del PP percibieron a Mariano Rajoy en un estado de serenidad absoluta. Imperturbable pese a las 48 horas de movilizaciones sociales en las calles del país. «En estado de ataraxia», resumió buscando la precisión un cargo del partido. No se desprendió de la intervención del presidente a puerta cerrada inquietud por la protesta de los pensionistas ni por que su manifestación confluyera el sábado con otras tantas. A un año de las elecciones autonómicas y municipales, y con cierto margen de reacción, en el entorno del líder de los populares defienden que es tiempo de relativizar.

Unos, resignados, y otros, con orgullo, distintos cargos del PP admiten que una respuesta más temperamental de Rajoy habría sido impropia de él. En el Gobierno, en todo caso, encuentran una explicación a la calma del presidente. Recuerdan que coinciden en el tiempo movilizaciones de distinto signo. Unas cercanas a las tesis de la Moncloa y otras, la mayoría, radicalmente contrarias. Entienden que en plena eclosión social conviene no dejarse arrastrar por la calle y sí introducir sosiego al debate. «Sólo nos preocupa para ocuparnos», apostilló un alto cargo del Ejecutivo.

Este fin de semana se escucharon las demandas de los pensionistas, las de los que defienden el modelo de escuela en Cataluña y las de quienes piden derogar la ‘ley mordaza’. Pero también alzaron la voz los partidarios de la prisión permanente revisable o la Sociedad Civil Catalana contra las tesis independentistas. Y todo apunta a que neuvos colectivos se sumarán en las próximas semanas a la ola de movilizaciones.

Gobierno y PP interpretan que se debe a que la crisis va quedando atrás y a que, tras cuatro años de crecimiento económico, existe la posibilidad de que las reivindicaciones, al menos algunas de ellas, sean atendidas. «Lo comprendemos, creo que además es profundamente legítimo -concedió el coordinador general de los populares, Fernando Martínez-Maillo-, pero nuestra obligación es aplicar la sensatez y responsabilidad en cuadrar las cuentas».

El abrazo del oso

Este ya es un discurso modulado. Está por ver hasta qué punto el malestar social hará mella en el Gobierno. Pero así como la huelga y las manifestaciones del 8 marzo han llevado al PP a concluir que es necesario recoger en los Presupuestos nuevas medidas por la igualdad, la fuerza de los pensionistas ha hecho comprender al presidente que alguna decisión deberá adoptar. Sobre todo, porque se juega la conexión con su propio electorado ahora que convive en el centro derecha con un competidor directo, Ciudadanos.

«Las pensiones subirán más y pronto, y, si no, al tiempo», garantizó Rajoy este domingo en el congreso regional del partido en Murcia. En el Gobierno hay un interés en condicionarlo todo a la aprobación de las cuentas públicas. Es la manera de atraer al resto de partidos al acuerdo en el Parlamento -el temido abrazo del oso del que advierte el PSOE- y de desactivar a esa oposición que el PP detecta en pie de guerra. «Especialmente la izquierda se ha echado al monte», reprochó este lunes Martínez-Maillo, que pidió a Pedro Sánchez dejar a un lado el «populismo». Fuentes conservadores creen que a los socialistas les pasará factura el «calentar» las calles.

También María Dolores de Cospedal, que intervino ante el Comité Ejecutivo, avisó de que la intención del resto de formaciones es trasladar la imagen de un «todos contra el PP» y se refirió al «exceso de ruido» por las manifestaciones. La secretaria general intuye, además, según informan los asistentes, que esta estrategia no parará hasta las elecciones de 2019.

A un año de que se pongan las urnas, la tendencia al retroceso electoral que contemplan algunas encuestas tampoco alerta a Rajoy. El presidente pidió este lunes que durante este tiempo los cargos del partido enfaticen la gestión y el historial del Gobierno; el aval con el que cuenta el PP, cree el jefe del Ejecutivo, para pedir la confianza de los ciudadanos.

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