La burocracia atasca a Antifraude

Llinares y Morera, en la toma de posesión del director de la Agencia, en junio del año pasado. / D. Torres
Llinares y Morera, en la toma de posesión del director de la Agencia, en junio del año pasado. / D. Torres

La agencia pide a Les Corts que le preste ordenadores hasta resolver una licitación | Los equipos informáticos adquiridos se quedan cortos para el personal actual de una oficina donde se están utilizando portátiles particulares

D. Burguera
D. BURGUERAValencia

Hace unos 150 años que Kafka advirtió de que «toda revolución se evapora y deja atrás una estela de burocracia». La Agencia Antifraude se ha visto atrapada por la fuerza de ese rebufo generado por la maquinaria administrativa. La creación de la oficina que dirige Joan Llinares, un organismo impulsado desde el grupo parlamentario de Podemos, se aprobó hace ya un año, su responsable tomó posesión del cargo hace 270 días. Una docena de personas trabajan en la nueva sede, a la que Antifraude se ha mudado al constatar que desde la Generalitat no había demasiado interés en encontrarles una ubicación adecuada. No sólo eso. Ni un dónde (trabajar) ni un cómo (trabajar). Porque la agencia que pretende luchar contra la corrupción está pendiente de una licitación para adquirir ordenadores, y mientras llegan se han visto obligados a pedir un par de equipos informáticos a Les Corts.

La Cámara prestó cobijo a la oficina en un cubículo que en enero se asemejaba al camarote de los Hermanos Marx. Eran pocos, pero suficientes para no caber en el cuarto prestado por el parlamento valenciano. Se mudaron a razón de 10.000 euros mensuales, cifra del alquiler que generó escandalera entre los socios del Botánico, que sin embargo continuaron sin mover un dedo para ahorrar a la ciudadanía el dispendio. Actualmente, la agencia está en la calle Navellos, en una sede de tamaño óptimo. Sobra espacio, pero faltan ordenadores.

Fuentes de la agencia explican que después del pasado verano se realizó un contrato menor para la adquisición de material informático. A partir de ahí se preparó un proceso de licitación que aún está a la espera de resolverse. «La licitación tiene unos plazos», explican desde la oficina, formada por funcionarios, acostumbrados a ese trantrán administrativo que obliga incluso a utilizar ordenadores particulares.

El uso de material propio, de los propios trabajadores o cargos de las nuevas instituciones nacidas durante la actual legislatura no es una situación que se produzca únicamente en la oficina que dirige Llinares. En el Consell de Transparencia, los consejeros también están empleando sus propios terminales. El motivo es similar: la burocracia. Si bien en el caso del Consell de Transparencia también hay un compenente de falta de previsión a la hora de diseñar el presupuesto del organismo, sin apenas poder de maniobra para realizar compras de material para inventariables. Por todo ello, el personal de apoyo, los administrativos que asisten a este consejo, utilizan ordenadores desfasados. Hizo falta un año para que la Generalitat hiciese llegar al Consell de Transparencia una mesa donde cupiesen todos los consejeros.

Antifraude, por su parte, se ha dirigido a Les Corts en un tono extremadamente amable para apelar a la magnanimidad del presidente de la Cámara, Enric Morera, solicitando «la cesión temporal de los dos ordenadores de sobremesa utilizados por la Agencia durante el periodo en el que ubicó su sede provisional en el Palau dels Borja», dado que la oficina «se encuentra en proceso de licitación de los equipos informáticos para su personal y que la incorporación de los nuevos funcionaros se produjo antes de la finalización» de esa tramitación, «siempre que los mencionados equipos no hayan quedado adscritos a otros usos» por parte del parlamento valenciano.

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