11 AÑOS PARA LLEGAR A PRIMERA LÍNEA

Ganó humildad en sus tres años de concejala y dureza al ser la única representante del Gobierno rodeada por altos cargos del PP

F. R. VALENCIA.

Ana Botella fue concejal en Valencia (2007-2010), delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana (2010-2011), diputada nacional en las dos últimas legislaturas y funcionaria de carrera de la Generalitat adscrita al Cuerpo Superior de Técnicos de la Administración General desde 1987. Su ficha en el Congreso expone que es licenciada en Geografía e Historia por la Universitat de València, diplomada en Comercio Exterior, Máster en Dirección y Gerencia Pública y Especialista Universitaria en Seguridad y Conflictos Internacionales.

El cargo al que accede, Secretaría de Estado de Interior, es, posiblemente, uno de los que mayor dureza precisa. Sólo hace falta ver un listado de secretarios de Estado de Interior o directores generales de Seguridad para darse cuenta: Julián Sancristóbal, Rafael Vera, Margarita Robles, Martí Fluxá, Pedro Morenés, Ignacio Astarloa o Martínez Vázquez, entre otros. Fueron hombres y mujeres que se enfrentaron al terrorismo de ETA durante los años de plomo, y también al terrorismo islamista.

Divorciada, con dos hijos, se incorporó tarde a la política. Nació en 1958 y no fue hasta 2007 cuando, sin ser afiliada socialista, Carmen Alborch le propuso ir en la lista municipal del PSPV por Valencia, cuando el dominio de Rita Barberá era absoluto.

La dureza la ganó, cuentan, primero al ejercer la oposición municipal en Valencia -aquí, especialmente, aprendió la humildad que da la derrota cotinua-, pero sobre todo, durante su época como delegada del Gobierno de Rodríguez Zapatero: Ana Botella era la isla del PSOE en un océano dominado por el PP. Pero dura no quiere decir ruda: es una mujer que lleva la educación por bandera. Han transcurrido 11 años desde que la descubrió Alborch hasta llegar a colocarse en primera línea.

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