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Enrique Crespo llega a la Ciudad de la Justicia. :: jesús signes
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Enrique Crespo: «Emarsa era un despiporre, los puestos se heredaban»

  • El presidente de Emarsa instó a Cuesta a que tomara medidas, aunque no se llegó a adoptar ninguna iniciativa para frenar el derroche

valencia. De nuevo el sector público ofrece una imagen espeluznante. Enrique Crespo, presidente de Emarsa, admitió ayer en el juicio que la empresa de la que fue máximo responsable durante seis años, era un «despiporre». Se refería al chollo de conseguir un puesto de trabajo en la depuradora de Pinedo. «Se heredaban», aclaró a la Sala. Era una especie de coto laboral, imposible de romper con miembros sin vinculación personal o ideológica. «Decían que allí había mucha gente que había hecho mucho por la Comunitat». A ese privilegio había que añadir que el sueldo medio rondaba los 60.000 euros y unas condiciones de trabajo muy favorables. La plantilla rondaba el centenar de profesionales. Comentó, además, que todos los acusados empezaron a trabajar en la planta bajo la dirección de Juan Vicente Jurado o Silvestre Senent, ambos exconcejales del PP de València.

Crespo protegió su responsabilidad en el saqueo tras el consejo de administración -él era uno más- y que Emarsa necesitaba más financiación porque los costes de personal eran enormes. Aseguró que le dijo al gerente Esteban Cuesta que redujera la plantilla. Pero este no hizo nada, según lamentó ayer Crespo. Al presidente tampoco se le ocurrió de qué forma solucionar ese pozo sin fondo. Le instó a Cuesta a que hiciera lo que creyera conveniente. «Pero yo no sabía a cuántos tenía que despedir ni nada de eso», indicó.

Al parecer, según la declaración del político popular, cada presidente que llegaba a la planta colocaba allí 15 o 20 personas. Pero él no lo hizo pese a que dos acusadas en la causa y que han reconocido los hechos entraron a trabajar a la depuradora por recomendación del entonces alcalde de Manises.

Enrique Crespo continuó respondiendo a las defensas. Trató de ofrecer más explicaciones a los inquietantes ingresos en efectivo que registran sus cuentas bancarias. Cerca de 42.000 euros que insiste que fueron pequeños premios de lotería y especialmente las ayudas económicas que le daba su suegro. Una situación que no parece compatible -o al menos fuera de toda lógica- en un matrimonio que recibió una transferencia de 170.000 euros con las que liquidó varios créditos hipotecarios. Este dinero, según Crespo, procedía de la cancelación de imposiciones a plazo fijo.

Enrique Crespo rechazó todas las acusaciones. Ni viajó a Rumanía ni dispuso nunca de tarjetas de crédito para cobrar las supuestas comisiones de los lodos. Tampoco se reunió con los principales acusados de madrugada en un polígono de Sollana. Indicó que los acuerdos de la comisión de seguimiento por los que se ampliaba la financiación -lo aprobaban tres de los cabecillas que se sientan en el banquillo- ya venían decididos de anteriores organismos en los que él no participaba. En cualquier caso, tal y como hiciera en su primer día de declaración, trató de dirigir todas las sospechas sobre la falta de vigilancia hacia otros organismos. En concreto, citó al jefe de saneamiento de la Emshi (empresa propietaria de Emarsa) como uno de los responsables.

La acusación de la Generalitat le preguntó acerca de por qué se buscaba un perfil «municipalista» para dirigir una depuradora como Pinedo y resaltó lo excepcional de esta situación ya que no existe ninguna otra depuradora bajo el mando de un político. De igual modo, la acusación del PSPV profundizó en los regalos de empresa que el propio Crespo pedía y que iban dirigidos a personas sin ninguna vinculación no ya con la planta sino con la actividad de aguas residuales. Le pusieron el listado en el que se podía comprobar cómo su propio hermano era el beneficiario de tres de esos obsequios de Navidad. Terminó por reconocer que eso los encargaba él - «igual que Cuesta tenía otro listados»- y se debía a compromisos políticos del propio presidente.

También declaró ayer Vicente Ros, socio de la empresa Notec -que gestionó los lodos de Emarsa- junto con José Luis Sena, quien solo respondió a las preguntas de su abogado. Se desvinculó de la relación entre Notec y Emarsa, que atribuyó a a Sena, puesto que él se dedicaba a comercializar maquinaria destinada al reciclaje, según informó EFE.

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