Las Provincias

Un test para el liderazgo de Ximo Puig

    Un test para el liderazgo de Ximo Puig
    / SEÑOR GARCÍA
    • Una victoria que no sea la de la baronesa andaluza obligaría al barón valenciano a llegar a acuerdos y limitaría su margen de maniobra

    • La carrera de Díaz, Sánchez y López por la secretaría general del PSOE permitirá medir la fortaleza orgánica del jefe del Consell

    'El presidente valenciano, Ximo Puig, apoyará a Susana Díaz, y él se juega también su liderazgo frente a quienes dentro de su propio Gobierno están con (Pedro) Sánchez'. El comentario lo publicó el Diario de Sevilla dentro de una crónica de hace diez días, justo tras hacerse definitiva la decisión de la presidenta de la Junta de Andalucía de presentar su candidatura a las primarias para dirigir el PSOE.

    El proceso para elegir al nuevo secretario general de este partido se juega también en el socialismo valenciano, una federación que tras el recorte de los censos en el PSC recupera la condición de segunda en importancia en el ámbito federal con sus más de 16.000 militantes.

    El resultado, gane Susana Díaz, Pedro Sánchez o Patxi López, tendrá consecuencias en el socialismo valenciano. De la misma manera que también lo tendrá lo que ocurra en la propia federación valenciana con el apoyo que obtengan cada uno de los tres aspirantes.

    El socialismo valenciano se ha mostrado activo a la hora de retratarse en el respaldo a cada uno de los aún precandidatos. El secretario general del PSPV, Ximo Puig, es uno de los que se ha mojado con mayor claridad al mostrar su apoyo a la presidenta andaluza, aunque en algunas ocasiones ha gustado de jugar al despiste -como hizo el jueves- y ha preferido no mojarse respecto a sus preferencias. Puig ha anunciado incluso que, si puede, estará en el acto del día 26 en Madrid, cuando la baronesa andaluza pretende hacer su gran acto de fuerza de cara al asalto de Ferraz.

    Con Puig, obviamente, están el aparato de la cuarta planta de Blanquerías y gran parte del armazón institucional de presidencia de la Generalitat. El líder de los socialistas valencianos ha apostado por Díaz, a quien ya brindó la sede de Blanquerías el pasado 26 de febrero para un almuerzo con cargos del PSPV, cuando el lanzamiento de su candidatura a la secretaría general ya era un secreto a voces.

    Alianza con Andalucía

    La apuesta del secretario general de la federación valenciana por la lideresa andaluza es muy anterior incluso a la maniobra para forzar la caída de Sánchez en el comité federal del 1 de octubre. Y fue creciendo en paralelo a la brecha abierta entre Puig y Sánchez. La negativa de Ferraz a dar luz verde a la propuesta de Entesa del PSPV con Compromís y Podemos para el Senado, y especialmente, que el líder del PSOE dejara 'plantado' -casi literalmente- al jefe del Consell con motivo de las últimas fiestas falleras, fueron la respuesta de Sánchez a los desprecios que Puig le hizo tras las elecciones del 26-J y en plena campaña de las del 20-D, cuando puso en cuestión públicamente el líderazgo del secretario general del PSOE.

    La de Puig y Sánchez ha sido una relación imposible, entre otras razones porque el líder valenciano ya había tejido mucho antes una fuerte alianza con Díaz. La colaboración entre los líderes de la federación andaluza y valenciana -las dos más poderosas del PSOE- hizo pensar en una especie de 'gran coalición' entre ambos para hacerse con el poder en el partido. En Blanquerías se planteó incluso la posibilidad de que Alfred Boix, vicesecretario de Organización, terminaría siendo el responsable federal del aparato en un hipotético triunfo de Díaz en las primarias.

    Pero las previsiones no se han ido cumpliendo exactamente igual que se plantearon. La fuerte contestación que Puig ha encontrado en el socialismo valenciano -cientos de militantes se concentraron a las puertas del partido para pedir su dimisión tras renunciar a la dirección federal para forzar la caída de Sánchez- ha acabado provocando que lo que se antojaba como un acuerdo a dos bandas (Andalucía y la Comunitat) para hacerse con el control del PSOE haya acabado parcelándose bastante más y sumando a otros barones territoriales. El protagonismo de Blanquerías en la 'operación federal' se ha visto recortado por la visibilidad de los críticos con Puig, y por la constatación de que el secretario general quizá tenga un apoyo mayoritario, pero está lejos de tener un control abrumador de la organización.

    Fernández Bielsa

    Junto al líder de los socialistas valencianos y al aparato orgánico del PSPV e institucional de presidencia, nombres como los del grupo de jóvenes alcaldes de la provincia de Valencia que encabeza Carlos Fernández Bielsa (Mislata) y del que también forman parte Toni Gaspar (Faura), Juan Antonio Sagredo (Paterna) y Jordi Mayor (Cullera), se han retratado con mayor o menor nivel de visibilidad junto a la candidata andaluza -a través de Eduardo Madina-. Fernández Bielsa trata de hacerse además con un espacio propio dentro de esa sensibilidad, manteniendo un canal de diálogo abierto con Díaz, al margen incluso de Puig. El veterano Ángel Franco en Alicante y el alcalde de Villarreal, José Benlloch, se encuentran también entre los respaldos a Díaz en el seno del socialismo valenciano.

    La nómina de apoyos del exsecretario general del PSOE, Pedro Sánchez, la encabeza José Luis Ábalos. El secretario general del PSPV de la provincia de Valencia ha asumido un papel principal en la campaña nacional del exlíder socialista por recuperar el poder en el partido. Toda la falta de sintonía que Puig ha mostrado hacia Sánchez se convierte en complicidad por parte de Ábalos hacia el exsecretario general. Una circunstancia que ha contribuido a que la cuarta planta de Blanquerías identifique al diputado nacional como el activo político del PSPV más beligerante con el liderazgo de Puig.

    Junto al líder de la provincia de Valencia, tanto Andrés Perelló como Manuel Mata acompañan a Juan Antonio Pérez Tapias en el respaldo de Izquierda Socialista a Sánchez. Perelló participa, como Ábalos, en algunos de los actos organizadas por las plataformas de militantes creadas para reivindicar el 'no' a la investidura de Mariano Rajoy. Alcaldes como el de Xirivella, Michel Montaner, y Burjassot, Rafa García, el exalcalde de Elche Alejandro Soler, el exsenador Josep Lluis Grau y la exdiputada Susana Ros, también se encuentran entre los que se decantan por Sánchez. También la plataforma 3.0 que encabeza Bartolomé Nofuentes se muestra partidaria de Sánchez.

    Lerma, ¿con López?

    ¿Y Patxi López? La campaña del expresidente del Congreso en el PSPV cuenta con apoyos menos visibles. Se asegura que el expresidente Joan Lerma es de los que apuesta por López, y se sitúa también en el mismo ámbito a la consellera Carmen Montón y a la exalcaldesa de Gandia Pepa Frau, aunque ninguno de ellos se ha pronunciado públicamente por el exlehendakari. La candidatura de López no es la de Blanquerías, aunque sí parece 'tolerada' por el aparato del PSPV, que por contra exhibe beligerancia máxima con la de Sánchez.

    hasta aquí el quién. El qué vendrá condicionado por los resultados. Un triunfo de Díaz supondría un espaldarazo para Puig, especialmente si la baronesa andaluza también es la más votada en la Comunitat. El líder del PSPV tratará de hacer valer su peso en la dirección federal del PSOE, e incluso de condicionar las decisiones estratégicas del partido, por más que en debates clave como el futuro de las diputaciones, la reforma de la financiación o las relaciones con Compromís y Podemos, la posición de los socialistas valencianos tenga un complicado encaje con el del PSOE andaluz.

    Puig incluso sitúa a Andalucía como uno de sus principales aliados en el debate sobre la reforma del sistema de financiación autonómica, por más que la defensa de la posición de esa región pudiera aparecer detrás de la pérdida de ardor con la que el Ejecutivo valenciano venía defendiendo la deuda histórica.

    Si Díaz se convierte en secretaria general y además es la más votada en el PSPV, el escenario orgánico de Puig se despeja. Para lo que van a servir las primarias de mayo es para testar la fortaleza del liderazgo de Puig en el socialismo valenciano. Una victoria de Díaz en el PSPV, especialmente en el caso de que se produjera por un amplio margen, situaría al secretario general de los socialistas valencianos en la mejor de las condiciones para optar -quizá antes del verano- a revalidar el liderazgo en la federación valenciana. Tanto porque revelaría los apoyos de que dispone como porque ahuyentaría los amagos de los críticos por plantear batalla.

    Otra cosa muy distinta es que el resultado de Sánchez en la Comunitat sea mejor que el de la lideresa. Para Puig, esa circunstancia tendría un incuestionable carácter de aviso, aunque la estrategia de identificar liderazgo orgánico e institucional para calmar los ánimos está cantada. «Ha costado veinte años recuperar la Generalitat», esgrimen algunos cargos públicos socialistas que advierten del riesgo que supondría debilitar la figura del presidente de la Generalitat en un congreso al KO y con un horizonte al que ya se asomaría la siguiente convocatoria electoral.

    No agresión

    Si gana Díaz, Puig tendrá el manto protector de la dirección federal. Aunque en función del resultado que obtenga en la Comunitat, la relación podrá ser de cierta influencia o de subordinación absoluta. Pero si gana Sánchez, la tozudez del líder del PSPV por retratarse en la batalla orgánica puede tener un coste. La victoria del exsecretario general a nivel federal sólo sería posible si también arranca un buen resultado en la federación valenciana. Puig ha jugado fuerte con Díaz, pero si en las primarias de finales mayo -el congreso será el 17 de junio- Sánchez vuelve a Ferraz, el líder del PSPV tendrá que debatirse entre mantener la beligerancia que derivó el 1 de octubre en la caída de Sánchez u optar por el entendimiento. Con una legislatura autonómica ya en su segunda mitad, parece razonable pensar que más allá de la imposible relación entre Sánchez y Puig, a ambos les interesará un cierto acuerdo de no agresión.

    Las dificultades pueden venir quizá de la propia acción política, y de la certeza de que los socios del Botánico, Compromís y Podemos, comenzarán antes o después a preparar el despegue progresivo de los socialistas. Con una victoria de Sánchez, Puig no sólo quedaría arrinconado desde el punto de vista orgánico -aún el el caso de que retuviera la secretaría general-, sino que tendría que poner el centro de su acción política en la acción de Gobierno.

    Ese sería el peor de los escenarios. El intermedio pasaría por un eventual triunfo de López. Con el exlehendakari no hay complicidad, pero se podría llegar a acuerdos. Su candidatura no es mal observada desde el 'susanismo' que tiende a pensar que el que fuera presidente del Congreso divide el voto que inicialmente podría ir a Sánchez.

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