Las Provincias

Valencia arropa a Sánchez en un acto multitudinario al compás de La Internacional

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/ manuel molines

  • El exsecretario general reclama a Ferraz un congreso, votar no a los presupuestos de Rajoy y exige que el PSOE «haga lo que promete»

Sánchez «cogió el coche» y se plantó en Xirivella. En realidad, llegó en AVE a Valencia, pero en política los símbolos son importantes, y el exsecretario general pretende apropiarse de todos aquellos iconos que le permitan una doble conexión: con la militancia del PSOE desencantada tras facilitar su partido el Gobierno de Rajoy y con los votantes que se han decantado por Podemos o por no ir a votar. Sánchez necesita ejercer presión interna y externa si quiere fracturar la poderosa maquinaria de Ferraz, esa que logró expulsarle de la dirección del partido hace 55 días, el tiempo que ha empleado para llenar de gasolina el coche con el que arrancar su campaña de cara a unas primarias y un congreso que exigió él y todos los que le acompañaron en Xirivella, que no fueron pocos. Y lo mismo sucedió por la tarde en Sueca, de tal modo que Sánchez se fue de Valencia con las fotos deseadas y el pertinente 'baño de masas'.

A las once de la mañana ya era evidente que el auditorio elegido se había quedado pequeño para el retorno de Pedro Sánchez, de modo que se fueron instalando sillas en el exterior, bajo la lluvia, lo que parecía un mal presagio para la vuelta a la arena política del exsecretario general del PSOE. Pero no. El millar largo de militantes socialistas (1.500 anunciaron los convocantes, los afines al secretario provincial de Valencia y diputado en el Congreso, José Luis Ábalos) se fueron contentos y secos. Escampó media hora antes del mediodía, momento en que, hablando de símbolos, sonó La Internacional. Puños en alto y voces en bajo. Se notó que no había costumbre, pero sí ganas, porque Sánchez realizó una apuesta por seducir a la militancia propia y a aquellos que se desviaron a su izquierda en las últimas dos elecciones.

El último secretario general del PSOE, tras arrancar su discurso asegurando a los asistentes que «os he echado de menos», recordó la necesidad de dar la voz a las bases del partido. Evitó la confrontación específica con Ferraz, si bien demostró su intención de marcarle la pauta a los que ocupan los despachos en los que hasta hace dos meses estaba instalado él. En su retorno, tanto él como los que le acompañan en este largo viaje en coche que anunció al dimitir tras el volcánico Comité Federal eluden dar nombres, aunque todos los tengan en mente, tal y como se demostró cuando la presentadora del acto, al dar el turno a Yolanda Esteban (alcaldesa de Santa Pola, allá donde le espera a Rajoy su plaza de registrador) se equivocó y la llamó «Susana». Se oyeron algunas risas y un significativo abucheo, corto, pues Sánchez endureció un punto un gesto ya de por sí afilado. El exsecretario general del PSOE estuvo acompañado por diputado de todo el país como Odón Elorza, Zaida Cantera, Luz Martínez y Sofía Hernanz, que se negaron a votar a favor de Rajoy en su investidura. Además del exalcalde de Donosti, tomaron la palabra los ya mencionados Ábalos y Esteban, así como la alcaldesa de Anna (Pilar Sarrión), el alcalde de Xirivella (Michel Montaner) y el que fuera rival de Sánchez en las primarias de 2014, José Antonio Pérez Tapias, aún vinculado a la corriente interna Izquierda Socialista. Unidad, convicciones propias y congreso, reclamaron todos. La presencia de destacados miembros del PSPV en Xirivella permitió escenificar la división interna del socialismo valenciano frente a Sánchez, una fractura que a nivel nacional se vive en similar intensidad en varias federaciones.

Sánchez inició su intervención insistiendo en la necesidad de que se convoque un congreso para «dar voz a la militancia, a los que no se ha escuchado», e inmediatamente aseguró que «en primer lugar» quería «enviar un mensaje a Ferraz: queremos votar en unas primarias».

«Hago mío el legado de González, de Zapatero, de los alcaldes y presidentes autonómicos, porque para un socialista un compañero no es un adversario, porque el único adversario es Rajoy, por eso no sobran los socialistas, no sobra nadie, pero falta la voz de la militancia», indicó Sánchez. Ni palabra ni rastro de Podemos para empezar ni posteriormente. El exsecretario general del PSOE consideró que «todos cometimos errores, yo también y pido perdón por ellos», si bien el capítulo de la autocrítica se quedó ahí. No así el de una crítica tácita, pues Sánchez considera que su partido va «sobrado» de energía, entiende que conoce los problemas del país y las soluciones.

«¿Qué nos falta?», se preguntó, y la gente respondió «tú», pues no. O sí: «Nos falta hacer lo que prometemos y si decimos no a Rajoy, es no». Sánchez avanzó una posición política importante para situarse en el debate que a buen seguro anida entre los actuales dirigentes socialistas. «Ya sabemos que los presupuestos de Rajoy garantizan más recortes y más impuestos, así que hay que votar en contra del techo de gasto en los Presupuestos Generales del Estado del año que viene, y si Rajoy amenaza con elecciones no tenemos que tener ningún miedo», indicó el exsecretario general, quien recordó que su dimisión al frente del partido y como diputado le daba legitimidad para proclamar que el tiempo de Gestora «acabó, vuestro tiempo acabó, hay que convocar un congreso porque cuanto más se retrase mejor para Rajoy». Dijo adió a Xirivella. Volvió a sonar La Internacional. Tomó camino de Sueca, donde terminó de 'bañarse' en las masas valencianas.