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EL ÚLTIMO VIVA A LA ALCALDESA

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Abarrotado. El millar de personas empieza a salir del tanatorio tras el funeral en memoria de Rita Barberá. :: jesús signes

  • Más de un millar de personas desborda el funeral de Barberá. Una carta de sus sobrinos puso la nota emotiva: «Los que no te conocían te han roto el corazón»

  • La misa se interrumpió varias veces con vítores a la fallecida, aplausos y un amago de cantar el himno de Valencia

La sobrina de Rita Barberá subió los tres peldaños del altar de la capilla del tanatorio municipal llevándose ya una mano a la boca de la emoción. Con manos temblorosas desplegó un papel. La carta de los siete sobrinos a 'la tía Rita'. «Esto no tenía que haber pasado. Los que no te conocían te han roto el corazón. Pero a la vista está que somos muchos los que te queríamos, por eso estamos aquí». La sobrina levantó la mirada y se topó con la atención y el respetuoso silencio de más de un millar de personas. Y leyó del tirón pese a la emoción el sentido mensaje a su tía. Sólo se dejó llevar por el llanto al terminar, cuando le dio un beso al escrito y lo dejó como una caricia sobre el féretro de Rita Barberá, cubierto por la bandera de España y la Senyera. Y los asistentes rompieron a aplaudir en el epicentro emotivo del adiós a la alcaldesa. «En todos los años que llevo trabajando aquí no había visto un funeral con tantísima gente. Nos ha desbordado». Un empleado del tanatorio era la voz de la experiencia que constataba la masiva despedida que los valencianos brindaron ayer a Rita. La llamada de la familia a celebrarlo en la intimidad y sin la presencia de políticos e instituciones quedó superada por el afán de la sociedad valenciana de homenajearla. «¿No hubiera sido mejor en la catedral?», lanzaba al aire al lado un asistente, embutido hombro con hombro con otro ciudadano. Con un aforo de 550 personas, otras tantas se quedaron fuera de la capilla grande del complejo fúnebre.

Los sentimientos brotaron cuando los siete sobrinos se fundieron en un abrazo a los pies del altar. Terminaba así la nota familiar dedicada a Rita Barberá. «Esto no tenía que haber pasado. No pensé que tendría que escribir esta carta tan pronto», lamentó. En el escrito viajaron al lado más íntimo de 'tía Rita', «cuando nos disfrazabas, jugabas con nosotros, igual que nos reñías y estabas atenta a cualquier dificultad». Fue «el pilar de la familia». Pero en el escrito de los sobrinos también hubo hueco para señalar culpables. «Todos aquellos que te han abandonado o perseguido sin descanso han acabado contigo. Los que no te conocían te han roto el corazón». Luchando contra la emoción, la sobrina dio las gracias a su tía por ser una gran mujer, amar a tu patria y vivir por tus ciudadanos de Valencia. De parte de tus siete sobrinos, te queremos, tía Rita». Y un aplauso sincero atronó en la sala. No cesó en más de tres minutos. Y luego un «¡viva Rita!». Y después un «¡viva la alcaldesa de Valencia!». Y un «¡viva Valencia!». Y el millar de personas se arrancó con las primeras estrofas del himno regional, hasta que uno de los oficiantes de la misa pidió seguir con el funeral. Antes, aún hubo otra ovación.

«Acosada y maltratada»

Encabezado el oficio por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, tampoco faltó en su turno de reivindicar la figura de Rita. En su homilía dijo que ha sufrido «una persecución como la de Jesús, hasta la muerte», sin juicio ni defensa y a manos de «una masa de gente conducida». El arzobispo lamentó que la exalcaldesa haya sido «perseguida por causa de la justicia, maltratada por la lengua de algunos y acosada».

Los siete sobrinos protagonizaron también las peticiones del funeral, con nuevas reivindicaciones hacia la figura de 'la tía Rita', «para que se acaben las persecuciones injustas de las víctimas inocentes» y para que persista la memoria en la ciudad de Valencia de alguien «que se ha guiado por la solidaridad y la justicia». El oficio tuvo hueco incluso para un momento patriótico: el instante de la consagración, mientras Cañizares elevaba las formas y el cáliz, estuvo acompañado por la música del himno de España, con un tono eclesiástico e interpretada por un violín.

A los lados de la capilla más de una veintena de nuevas pruebas del recuerdo a la 'alcaldesa de Valencia' Coronas fúnebres no sólo de sus hermanas y de sus sobrinos. También del Congreso, del Grupo Parlamentario y Municipal del PP, de 'tus amigos de Jávea', del Ayuntamiento de Valencia, de los vendedores del Mercado Central, del Valencia CF, del Levante UD, de las falleras mayores e infantiles, del Puerto, de Feria Valencia, del grupo parlamentario popular en el Congreso, del presidente del Senado..., hasta de la tuna de la Facultad de Derecho.

La temperatura emocional del funeral ya había aumentado a las tres y cuarto de la tarde. A esa hora llegó al tanatorio municipal el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. En el ambiente flotaba una pregunta: ¿Cómo lo recibiría la familia entre las acusaciones de haber sido dejada de lado por su partido? En la sala de velatorio, Rajoy charló durante varios minutos con José María Corbín, el cuñado de Barberá. Besó y reconfortó a sus hermanas y sobrinos. Le costó salir de la capilla entre saludos de los asistentes. Y a las puertas del tanatorio recibió aplausos y gritos de «presidente, presidente».

«Ay, Mariano...»

Aunque Rajoy sí tuvo un 'encontronazo' al llegar al complejo fúnebre. Cuando avanzaba hacia la sala del velatorio junto a la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, un hombre le salió al paso. Cuando empezó a hablar se hizo el silencio. «¿A qué vienes Mariano? Cómo la habéis dejado caer, con lo que ella os quería y con todo lo que os ha dado. ¡Ayyy, Mariano! En vuestra conciencia pesará», espetó al presidente del Gobierno mientras era apartado por el equipo de seguridad.

Más sereno, el hombre dijo después llamarse Jacobo Ríos, «amigo de toda la vida de Rita y de su familia, desde hace 25 años». Motivó sus palabras a Rajoy por su pesar ante la forma por cómo ha sido tratada por el Partido Popular. «He visto cómo la han dejado tirada. Pero la cúpula, la subcúpula y la 'subsubcúpula'», subrayó antes de ser cogido del brazo por una joven que le acompañaba, con los ojos arrasados por las lágrimas.

Entrar en la sala del velatorio era misión imposible. En ella el féretro también estuvo cerrado y cubierto por las dos banderas. La gente se agolpaba para dejar un recuerdo en el libro de firmas. «Por favor, ¿todo el que no sea familiar podría retirarse? Se lo rogamos, para que tengamos un momento íntimo y despedirnos de ella en sus últimos minutos», pidió una asistente ante la aglomeración. La sala era como otra cualquiera del tanatorio. Sin distinciones por tratarse de una personalidad, una sala como la de otros muchos ciudadanos en su final.

«La patria valenciana, s'ampara baix ton mant. ¡Oh, Verge Subirana de terres de Llevant!». La guinda de emotividad en el funeral llegó cuando centenares de gargantas entonaron el Himno de la Coronación mientras los presentes miraban una imagen de la Virgen de los Desamparados en la capilla. El cántico religioso resonó unánime para cerrar después el oficio con la tercera ovación. Mientras, la familia se abrazaba al féretro de Rita Barberá Nolla, la alcaldesa de Valencia.