Las Provincias

El PP tampoco acertó tras ceder a la presión

Barberá, el pasado 27 de  septiembre, cuando se incorporó al Grupo Mixto en el Senado tras  abandonar el PP. :: EFE
Barberá, el pasado 27 de septiembre, cuando se incorporó al Grupo Mixto en el Senado tras abandonar el PP. :: EFE
  • Desde que estalló Taula se aumentó la presión sobre Génova para que apartase a la exalcaldesa, un aislamiento que se denuncia como causa de su declive físico y anímico

  • Las formaciones rivales exigieron a los populares tomar unas medidas contra la senadora que ahora se reprochan al partido

valencia. Los estrategas electorales de Compromís señalan el destape de facturas de la Alcaldía del Ayuntamiento de Valencia ('Ritaleaks') como uno de los elementos clave de su campaña para las elecciones del 24 de mayo de 2015. Rita Barberá era el corazón del PP y era lógico apuntar hacia ese objetivo, derribar un mito ganador de elecciones.

La campaña política y mediática funcionó. 'Ritaleaks' se archivó el pasado 12 de julio, 14 meses después de su estreno en público. La Alcaldía ya está en manos de Ribó. Aquella no era la primera vez que los rivales del PP centraban sus críticas sobre Barberá. Sin embargo, la debacle popular a nivel nacional en aquel 24-M sirvió para que las críticas mellase la comunión que hasta entonces reinaba entre la exalcaldesa y el partido que ayudó a fundar. El PP asumió sin entusiasmo designarla senadora territorial. Durante su comparecencia en Les Corts el día que cumplía 67 años, 16 de julio de 2015, fue criticada tanto ella como su partido.Podemos ironizó con su capacidad de trabajo, el PSPV la señaló como ejemplo de mala gestión del PP y Compromís insistió con 'Ritaleaks'. En Génova, con la necesidad de iniciar una renovación de cara a las generales del 20 de diciembre, la figura de Barberá incomoda. Se celebró el 20-D y la repetición de elecciones empezó a barajarse pronto. A finales de enero estalló Taula. Fue en aquel momento cuando los populares iniciaron una desconexión reclamada por sus rivales políticos y los medios de comunicación. Y ese mismo aislamiento exigido entonces es el que ahora se le reprocha al PP.

«¿Barberá y Rajoy no se enteraban de nada, o miraban hacia otro lado?», se preguntó la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, el pasado 31 de enero. Un día antes, el entonces secretario general del PSOE, Pedro Sánchez: «Barberá se esconde en el Senado para no acudir a los juzgados y a la policía para declarar».

En febrero, los dirigentes populares, tanto a nivel valenciano como nacional, se empiezan a pasar la patata caliente de quién debería reclamar a Barberá el acta. En marzo, Podemos inicia en Les Corts la tramitación de una ley 'a medida' para intentar revocar a Barberá, normativa que se aprobó hace un mes con los votos a favor de todos los partidos excepto el PP. Con motivo de las últimas elecciones, las del pasado 26 de junio, y la disolución de las Cortes Generales, los populares incluyen previamente a Barberá en la Diputación Permanente del Senado. Las críticas vuelven a arreciar. El podemista Ramón Espinar se preguntó el 21 de abril, tras conocerse la petición judicial para que el Supremo imputase a la exalcaldesa si, «para que el PP le pida el acta, Barberá va a tener que matar a Manolete». El entonces portavoz socialista en el Senado, Óscar López, también reclama la salida de Barberá. Y finalmente, a mediados de septiembre, se anuncia que la exalcaldesa sería investigada por el Supremo. El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ya había señalado anteriormente a Barberá como el icono del PP que más le disgustaba. El 17 de septiembre, Rivera exigió la cabeza de Barberá. «Yo no la defiendo como Rajoy y Cospedal»; señaló el líder de Ciudadanos para, además, justificar que apoyaría un Gobierno del PP pero sin formar parte de él.

«Rajoy la puso en el Senado, pues si la puso que la quite», reclamó entonces Oltra. El socialista López consideró que el PP la estaba «aguantando por miedo» y reclamó a Rivera que exigiese el cese de la exalcaldesa. El independentista Francesc Homs se sumó y calificó la situación de «traca». El 15 de septiembre, el PP valenciano votó a favor de una resolución en Les Corts que pedía a Barberá su renuncia al acta. Rajoy aseguró que ya no tenía «autoridad» sobre ella. Los populares cedieron.

La renuncia de Barberá a su militancia en el PP y su salida al Grupo Mixto en la Cámara alta tampoco fue suficiente. Compromís en el Senado calificó hace una semana todo eso de «paripé. Por mucho que la expulsaran, sigue siendo una más». O no. Al menos así lo manifestó el miércoles Joan Baldoví, diiputado de Compromís, que mutó radicalmente la versión de su coalición sobre el acto de apertura de legislatura. De 'una más', pasó a ser' ignorada' cuando el declive anímico y físico que culminó en su fallecimiento se asoció públicamente a su adiós al PP.

«Hace una semana le dieron la espalda y la ignoraron de manera ostensible. Sería repugnante que el PP reivindique la figura política de Barberá», indicó Baldoví a las pocas horas de fallecer la senadora. Populares como Celia Villalobos admitieron con rabia que la habían «dejado sola». La familia de Barberá se lo reprocha al PP con gestos, palabras y hasta por carta. El senador y expresidente de la Generalitat, Joan Lerma, advirtió el miércoles sobre los populares: «Ellos son los que la han apartado de su grupo». Barberá, que durante años aguantó los ataques de la oposición, se demostró vulnerable tras perder el apoyo público del PP, que ayer se justificó al sentirse criticado externa e internamente. El portavoz popular en el Congreso, Rafael Hernando, excusó la decisión de Génova: «Decidimos que había que apartarla para evitarle el linchamiento, pero las hienas siguieron mordiendo». Rita Barberá fue el corazón del PP, cierto, pero el partido era una pieza fundamental para que el corazón de la exalcaldesa siguiese latiendo.