Las Provincias

La grieta entre el nuevo y el viejo PP se agranda

La grieta entre  el nuevo y el viejo PP se agranda
  • La calle Quart esgrime los ataques a Barberá del resto de partidos y remarca que la consigna de romper con ella no partió de Valencia

  • Los populares valencianos se revuelven contra las críticas recibidas por el maltrato a la exalcaldesa

valencia. La muerte de Rita Barberá el pasado miércoles por la mañana no sólo puso punto y final a la vida de quién ocupó la alcaldía de Valencia 24 años, transformó la ciudad y jugó un papel determinante en el partido en el que militó durante casi 40 años. El fallecimiento de la exalcaldesa, apenas 48 horas después de declarar como imputada ante el Tribunal Supremo por el supuesto blanqueo en el PP de Valencia, derivó en un debate respecto al trato que se le dio a la dirigente popular en la última etapa de su vida.

Barberá, como máximo referente del PP valenciano, fue objeto de durísimos ataques desde el resto de formaciones políticas. Críticas que cobraron especial visibilidad durante la última legislatura, cuando las causas judiciales comenzaron a salpicarle y su tirón político comenzó a eclipsarse. Desde su fallecimiento, no obstante, el debate parece conducirse hacia la consideración que su propio partido, el PP, tuvo con Barberá. La familia de la senadora no ha ocultado su indignación con el hecho de que la veterana dirigente terminara siendo forzada a darse de baja como militante, después de declaraciones ásperas de muchos compañeros de partido con las que se le empujó a adoptar esa decisión.

Desde ese entorno se recuerda que Barberá no sólo representa la figura política valenciana más importante desde la recuperación de la democracia. La dirigente popular fue también pieza clave en decisiones trascendentales para el devenir de la historia del partido, como la que propició la salida de la presidencia del PPCV de Alberto Fabra tras el batacazo electoral de 2015 y la designación de Isabel Bonig como nueva líder. Esa circunstancia, el papel jugado por Barberá para que la presidenta regional ocupe la responsabilidad que tiene en el partido, genera todavía más desazón entre los que fueron íntimos de la exalcaldesa.

Emplazar a partidos e instituciones a no participar en el funeral de ayer para significar el abandono que la familia entiende que sufrió la exalcaldesa generó una seria polémica en el seno del PP. Desde algunos ámbitos se ha situado a los populares de la Comunitat como elemento determinante de esa desatención hacia Barberá. En Les Corts, es cierto, el PPCV se sumó a una declaración impulsada por el resto de grupos que le pedía el escaño en el Senado a la exalcaldesa. Una decisión que acentuó la brecha abierta meses atrás entre la veterana dirigente popular e Isabel Bonig.

El PPCV se defiende

Pero la cúpula del PP valenciano no ocultó ayer su indignación con ese debate. Que la carga principal de la culpa se deposite sobre las espaldas de la calle Quart generó más de un análisis que, en privado, reprochó que se señale a los populares valencianos por no haber arropado lo suficiente a la exalcaldesa de Valencia.

Es verdad que durante los últimos meses el PP de la Comunitat se había venido sintiendo más cómodo con el discurso de los vicesecretarios populares -como Javier Maroto, Pablo Casado o Fernando Martínez-Maillo-. La exigencia de mano dura que llegó a finales de enero, cuando estalló el caso Imelsa y unido a éste el del blanqueo en el Ayuntamiento, llevó al PP valenciano a apartar a los nueve concejales investigados, pero a no actuar con Barberá. «Esa decisión es de la calle Génova», se subrayó desde la sede valenciana de los populares.

En los meses siguientes, de la misma manera que la presión para que se adoptaran medidas ejemplares sobre Barberá siguió creciendo, la dirección de los populares valenciano se distanció de la exalcaldesa. Un almuerzo de la cúpula del PPCV con representantes de los medios de comunicación, en el que se vertieron reproches hacia Barberá, terminó de certificar la grieta entre la entonces senadora y los que hasta ese momento habían sido compañeros en la dirección popular.

Los vicesecretarios

El PP valenciano sintonizó entonces con las voces que, desde el propio partido, incluida la calle Génova, se mostraron más exigentes con la necesidad de ejemplaridad en el caso Taula. Declaraciones como las de Javier Maroto, Cristina Cifuentes o Pablo Casado, con ataques contundentes sobre Barberá en los momentos más complicado tras destaparse el caso del blanqueo, indignaron a la alcaldesa, que no dudó en recurrir a la secretaria general, Dolores de Cospedal, para trasladar su malestar. Según algunas fuentes, la número dos del partido, y ahora también ministra de Defensa, vino a escudarse entonces en la bisoñez de los nuevos dirigentes para restar importancia a aquellas declaraciones.

Pero ese doble discurso en el seno del PP respecto a Barberá -el que exigía contundencia frente al que ponía el acento en la presunción de inocencia- no era tan improvisado como podría pensarse. Fuentes del PP valenciano mostraron ayer su decepción ante el convencimiento de que aquella dicotomía no era real. «Ahora se señala a los que realizaron aquellas declaraciones, pero nadie dice nada de los que las ordenaron», reprochó ayer una voz autorizada del PP de la Comunitat, que puso el acento en lo injusto del hecho de que unos dirigentes del partido hayan podido quedar bien ahora con el trato dado a la exalcaldesa y otros en cambio hayan quedado mal, como si en un partido tan verticalizado como éste cualquier cargo pudiera ir por libre a la hora de hacer valoraciones sobre una figura como la de Rita Barberá. Por decirlo de alguna manera, es como si quienes daban las órdenes de cómo cabía actuar ante la exalcaldesa hubieran salvado la cara, y los que las obedecieron tuvieran que esconderse.

La exigencia de ejemplaridad en el seno del PP valenciano no fue una actitud que Isabel Bonig impulsara con su llegada a la presidencia regional. El mismo discurso de apuesta por la ética y los comportamientos modélicos es el que aplicó a su llegada a la presidencia del partido Alberto Fabra. Durante los cuatro años de mandato al frente del partido, el exdirigente popular exhibió una actitud de contundencia hacia los cargos del partido o de la administración autonómica que se vieran salpicados por procesos judiciales. Bonig siguió de alguna manera ese camino con el caso de los concejales del Ayuntamiento de Valencia.

Un veterano dirigente popular valenciano retrató lo ocurrido con una significativa reflexión: «Antes el PP era blando porque no actuaba (con Barberá). Y ahora parece que la hayamos matado», indicó.

La tesis cuestiona además que la mayor parte de las críticas lleguen desde la familia de la exalcaldesa o desde el propio partido. Una actitud que retrata las diferencias entre el viejo PP, con Mariano Rajoy y Dolores de Cospedal a la cabeza, pero con dirigentes veteranos como Celia Villalobos, Teófila Martínez o José Manuel Soria, y lo que se ha venido en denominar el nuevo PP, con los jóvenes vicesecretarios y algunos líderes regionales como principales referencias. Una brecha sobre la que los populares valencianos se mostraron ayer convencidos que habrá que abordar. «Ahora no es el momento, pero la situación generada para el partido en la Comunitat es muy grave», se reconoció.

La presión de C's

Desde el PP valenciano se recordó ayer que el escenario político en el que se le exigió al partido más contundencia con Rita Barberá venía condicionado también por la incertidumbre marcada por el escenario electoral. El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, convirtió entonces la salida de Rita Barberá en condición sine qua non para apoyar a Mariano Rajoy en el debate de investidura. «Si el PP quiere que Ciudadanos se comprometa a una nueva investidura va a tener que hacer dimitir a Barberá. Si no lo hace incumplirá el pacto y no contará con nuestro apoyo», llegó a señalar durante una reunión del grupo parlamentario Ciudadanos a mediados del mes de septiembre.

Los dirigentes del PPCV consultados por este diario también remarcaron ayer que por contundentes que fueran algunas de las declaraciones vertidas por cargos populares en relación con Barberá -siempre teniendo en cuenta la presión política y mediática generada en relación con ese caso-, nunca se llegó a traspasar algunas líneas que el resto de formaciones políticas sí que sobrepasaron ampliamente. «Nadie del partido ha dejado nunca de respetar la presunción de inocencia, y en cambio otros la condenaron directamente».

Oltra: «A la cárcel»

Como ejemplo, una intervención de Mónica Oltra en un mitin de Unidos Podemos en A Coruña el pasado 20 de junio, en el que la líder de Compromís proclamó que después de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015 y de los resultados ya logrados en diciembre, ahora en junio los ciudadanos «van a enviar» a los populares «a donde se merecen». «Camps, Cotino, Barberá, en mayo os mandamos para casa y ahora a la calle y a la cárcel, uno a uno», proclamó. «Hay que rematar el 26 de junio lo que empezamos en mayo», sentenció.

En la calle Quart molestó especialmente el reconocimiento que desde algunos ámbitos se hizo ayer a las palabras de recuerdo que la propia vicepresidenta del Consell, el alcalde Joan Ribó y el diputado nacional de Compromís, Joan Baldoví, tuvieron durante la jornada del miércoles hacia Barberá, «olvidando que la denunciaron ante el fiscal».