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Barberá saluda a los Reyes el jueves en el Congreso. :: EFE

Últimos días de Barberá en Madrid

  • El lunes advirtió de su malestar físico a su hermana María José, que viajó a la capital

  • Saludó a los Reyes en el acto de inicio de la Legislatura, compareció en el Supremo y permaneció indispuesta junto en un hotel frente al Congreso

A las 7.03 horas de la mañana de ayer, desde el Hotel Villa Real, en la plaza de las Cortes de Madrid, pegado al Congreso de los Diputados, se contactó con los servicios de emergencias. Una mujer de 68 años se encontraba en parada cardiorrespiratoria. La exalcaldesa y senadora Rita Barberá dijo adiós a la vida en la capital de España. En Valencia no se dejaba ver en actos oficiales desde hacía tiempo. Durante el pasado 9 d'Octubre, tras la procesión cívica y una sucesión de eventos a los que no asistió, sus vecinos de la calle del General Palanca pudieron verla pasear por la acera de su casa, traje de chaqueta y pantalón beige, al filo de la hora de comer. Madrid fue el escenario de sus últimos días en la política y en la vida.

El pasado jueves, el último jueves en la vida de Barberá, la senadora reapareció en público con motivo de la apertura solemne de la legislatura que se celebró en el Congreso, acto presidido por los Reyes. Al hemiciclo entró junto a un veterano de los populares valencianos, el senador Pedro Agramunt. Durante el discurso de Felipe VI permaneció sentada entre los cargos electos del PP, en una de las últimas filas de las bancadas de la parte derecha de la Cámara baja y también rodeada de diputados populares hizo cola hasta que le llegó el turno de saludar a Sus Majestades. Sonriente, realizó la reverencia ante el Rey y la Reina. Aquel saludo se convirtió en uno de los asuntos más relevantes del acto, recibió de nuevo críticas descarnadas. Barberá reaparecía así en un acto oficial después de que se ausentase del pleno senatorial los días 25 y 26 de octubre alegando los asuntos judiciales que la asediaban.

En la entrada al Congreso con motivo del inicio de la actual legislatura posó para los fotógrafos, pero no hizo declaraciones. El exministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, desveló que ese jueves, cuando se vieron en el Congreso (en televisión se repitió machaconamente el beso entre ambos) se citaron para cenar. Tenían previsto hacerlo este pasado martes por la noche, junto al senador Agramunt. Sin embargo, Margallo añadió que el veterano político valenciano no pudo localizar a la exalcaldesa, por lo que finalmente la cena no se celebró.

Lunes. Diez de la mañana. Barberá compareció por primera vez ante el Supremo como investigada por un delito de blanqueo, interrogada por si existió financiación ilegal en el PP valenciano. La exalcaldesa llegó al tribunal junto a Rita Corbín Barberá, abogada, sobrina de la senadora, aunque su defensa la ejercía José Antonio Choclán. Declaró durante una hora aproximadamente ante el juez Cándido Conde Pumpido, el fiscal Juan Ignacio Campos y la acusación popular ejercida por el PSOE. Respondió a las preguntas de los dos primeros, pero no a las de la acusación popular. Eludió hacer declaraciones a la entrada y a la salida. Llegó en taxi y en taxi se fue casi al mediodía mientras un reducido grupo de personas la esperaba mostrando carteles contra la corrupción, una presencia ya habitual para Barberá. Desde hacía más de un año sabía que al salir de su casa en esa calle del General Palanca de Valencia debía sortear a las cámaras y a ocasionales manifestantes. Al poco de abandonar el Supremo, Barberá habla por teléfono con su hermana María José, que estaba en Valencia. Barberá le comenta que no se encuentra bien.

La hermana intentó contactar sin éxito con la exalcaldesa horas después, ya durante la tarde del lunes, pero le cuesta hacerse con ella, no coge el teléfono y, aunque finalmente habla con la senadora, avisa a su hijo de que se prepare para viajar cuanto antes a la capital del país.

La presión mediática de ese día fue la habitual. Programas matinales, vespertinos y nocturnos. En televisión y en radio. Declaraciones de todos los partidos. El PP desmarcándose, evitando pronunciarse a favor, pero recordando la presunción de inocencia de Barberá. La exalcaldesa no recibió jamás una sentencia condenatoria por corrupción.

Al día siguiente, este mismo martes, ya de buena mañana el actual alcalde de Valencia, Joan Ribó, insistió en la idea que se habían repetido el día anterior: «Las cosas no se hacían sin que Rita Barberá tuviera conocimiento». Mientras, María José Barberá llega a Madrid para estar con la exalcaldesa. La encuentra muy decaída. Ayer, la periodista Susanna Griso confirmó que Barberá no tenía intención de renunciar a la defensa de su inocencia. Griso explicó que se habían cruzado varios mensajes telefónicos durante los últimos días y que la exalcaldesa le aseguró: «Se me ha hecho mucho daño, pero creo en Dios. Tengo esperanza en la justicia».

También realizó unas declaraciones sobre la senadora el expresidente de la Generalitat e igualmente senador territorial, Alberto Fabra, quien subrayó el martes que la comparecencia de Barberá ante el alto tribunal fue voluntaria, si bien, interrogado en profundidad sobre el asunto, señaló: «Yo no pongo la mano en el fuego por nadie. Por mis hijos y mis padres, mi familia directa. Y poco más».

Fabra hizo sus comentarios en los pasillos del Senado. Allí estaba el expresidente de la Generalitat con motivo de la primera sesión de control al nuevo Gobierno y en la que se estrenó el propio presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy, quien ayer aseguró que había hablado con Barberá en la jornada previa, el lunes, precisamente cuando la senadora compareció ante el Tribunal Supremo. Por tanto, Barberá y Rajoy no coincidieron en la Cámara alta. La senadora no asistió. Su despacho, el 23033, vacío. La exalcaldesa, en una tarde fresca y lluviosa en Madrid, estaba en la habitación de su hotel, acompañada de su hermana María José, quien intentaba convencerla para volverse juntas a Valencia. No lo consiguió. Ayer, muy pronto, antes de las siete de la mañana, la hermana de la exalcaldesa intenta contactar con ella en su habitación del hotel para cerciorarse de que se encontraba bien. Sin respuesta.