Las Provincias

«No se encerraba, era una más del Senado»

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El presidente del Senado, Pío García Escudero, a su llegada al hotel de Barberá. :: EFE

  • La exalcaldesa hacía vida social en Madrid con otros senadores valencianos. Sin Whatsapp, su 'contacto' era su íntimo amigo Pedro Agramunt

  • Familiares y políticos lloran a Rita Barberá en la habitación del hotel en el que falleció

madrid. 9.02 horas. Cafetería de la calle Teruel en el valenciano barrio de Monteolivete. Manuel curiosea en su móvil. Le ha vibrado un par de veces. Desliza el dedo por la pantalla. Abre mucho los ojos al ver la alerta de un servicio web de noticias. Habla a una barra vacía. «Qué fuerte, ¡le ha dado un infarto en el hotel!». Ana sale absorta de la cocina. Otra mujer que toma café en una mesa cercana levanta la cabeza. «Qué pena, Rita, qué pena.», musita. 15.40 horas. Estación de Atocha en Madrid. Aurelio se aleja de los andenes en su taxi Renault Megane. Destino, el Instituto Anatómico Forense. Allí descansan los restos de la exalcaldesa. «En la radio oí ayer que la iban a absolver del juicio en el que estaba. ¿Que la juzguen por 1.000 euros suena un poco a guasa, no? Aunque yo no me fío de nadie. Ni políticos, ni sindicatos ni asociaciones. Cada uno mira por lo suyo. Aquí, hasta el alcalde del pueblo más pequeño, si puede trinca», y Aurelio concluye el espontáneo juicio popular. 16.05. Anatómico Forense. Una furgoneta televisiva permanece apostada a las puertas de la morgue. Una reportera contesta las dudas. «Ya se la han llevado, hace un rato, no sé dónde», indica mientras no cesa de maquillarse mirando el retrovisor para otro directo. El show debe continuar.

El final de la 'alcaldesa de Valencia' cayó como una bomba en la capital del Turia, en Madrid y en toda España con escenas de shock, consternación o indiferencia como las anteriores vividas por LAS PROVINCIAS. Nada comparable al epicentro del dolor. En una habitación del Villa Real de Madrid, un hotel a tiro de piedra del Congreso, la consternación se hizo fuerte desde las siete de la mañana. En aquella habitación con suelo de parqué a la que tantas veces las camareras habían subido servicios de fruta a «doña Rita», como se refieren aún a ella. Por allí pasaron las hermanas de la senadora, sus sobrinos y su cuñado. «Destrozados», relata alguien que fue testigo de las escenas de dolor. Mariano Rajoy, «muy afectado». 25 años de amistad entre ambos pesaban ayer a las espaldas del presidente del Gobierno. María Dolores de Cospedal, «que estuvo una hora con la familia». Y dos personas que han conocido mucho a la exalcaldesa, el diputado (y exsenador) José María Chiquillo y el senador, y huésped también del hotel, Pedro Agramunt. Las lágrimas surcaron los rostros de ambos.

«Ella no tiene Whatsapp, la tecnología no es lo suyo, pero salía con nosotros. Era una más del senado». Otro valenciano de la cámara baja se refiere así al contacto con la alcaldesa. Habla de ella aún en presente. No se atrincheraba entre los neoclásicos muros del Villa Real, decorados con pinturas abstractas e ilustraciones 'pop art'. Nada del mito construido de Barberá parapetada tras la cortina de su casa en Valencia. Agramunt era su 'escudero'. Él la mantenía al tanto de las citas de los «senadores valencianos» en su grupo de Whatsapp. Todos los días comía y cenaba con representantes de la Comunitat. Jamás sola. Sobre todo acompañada los martes, «la cena del Pleno», recuerda un asiduo. No este martes. A mediodía ya se ausentó del Senado. No se encontraba bien. El prolegómeno del triste final.

Familia

17 horas. Puerta del hotel Villa Real. Una cámara de la Sexta prepara el enésimo directo de la cadena. Turistas hacen fotos al edificio. «Ha sido allí, ahí ha muerto». El reportero empieza el 'speech'. «Se ha ido con todo el mundo dándole la espalda.», suelta el reportero. El espectáculo debe continuar. Horas antes, la máxima tristeza en la habitación de Rita Barberá se vivió con la llegada de los sobrinos. «Ha sido muy fuerte, muy emotivo.». Un exsenador se interrumpe, aún emocionado. Al hotel se acercaron también la diputada Marta Torrado y la senadora Susana Camarero, dos políticas que nacieron al calor de la exalcaldesa. Los testigos no ocultan que la familia de Barberá dirigió palabras no precisamente de cariño a los máximos representantes del PP valenciano por su actitud hacia Barberá en estos últimos meses.

Todos los políticos consultados prefieren no ser citados en la información. La petición de intimidad de los familiares de la exalcaldesa les hace tomar esta decisión. Pedro Agramunt, su 'escudero', volaba ayer hacia Chipre como parte de su cometido al frente del Consejo de Europa. «Está destrozado», confesaba un colega del veterano político valenciano. Estuvo toda la mañana con la familia Barberá Nolla en el hotel. También lo hizo Alberto Fabra. A mediodía viajaba en coche de Madrid a Castellón. «Ha sido muy duro», confesó. En los últimos meses han compartido muchas comidas y cenas, mucha cercanía, frente a la distancia y la tirantez dibujada por los focos mediáticos.

18 horas. El escritor Javier Sierra pasa ante el hotel Villa Real y entra en el Congreso con unos acompañantes. El periodista José María Iñigo saluda a una amiga y entra en el Vips de la plaza Cánovas del Castillo. Allí mismo, unos minutos antes, dos policías nacionales de paisano se llevan esposados a un par de tironeros que le habían birlado la mochila a una incauta joven. El corazón de la capital sigue latiendo mientras el cuerpo inerte de Rita se acerca a su amada Valencia. Atrás quedaron los «consejos para todo el que lo pidiera y su presencia en la mayoría de comisiones del Senado», como subraya uno de sus compañeros en la cámara, frente a la ausencia dibujada por la mayoría de medios los últimos meses. Y no lo cuenta un senador del Partido Popular. Cercana «y siempre ilusionada», subraya el mismo miembro de otro partido. Y recuerda aquella foto lanzada a las redes de Rita 'durmiendo' en el Senado. «Infame y falsa», resopla.

Últimos meses

La marcha de Rita Barberá del Ayuntamiento y su llegada al senado hace un año ya supuso un «palo anímico y físico» para ella, subraya el exsenador valenciano. Pero sus íntimos constatan como «en los tres últimos meses tocó fondo».

Con la investigación judicial sobre su cabeza y el paralelo juicio mediático en marcha, empezó la «persecución personal, un trato injusto e inmerecido», constata un exsenador popular.

El senador, rival de bancada, la rememora «humana». Como se mostró aquella fría tarde de 2010 en la que la aún alcaldesa dio calor a la mano y al alma de una niña con síndrome de Down y mascarilla de oxígeno. Mar se llamaba. Quería conocer a la alcaldesa. Y de la mano Rita la ayudó a cruzar al centro de la plaza del Ayuntamiento de Valencia. De la mano la guió a pulsar el botón del alumbrado navideño. No busquen fotos en los medios. «Nada de prensa», ordenó la alcaldesa. Y Mar no dejaba de mirarla sonriendo.