Las Provincias

El PPCV espera que el congreso acabe con el ninguneo de Rajoy

  • Bonig reconoce que le hubiera gustado contar con representación en el nuevo Ejecutivo y recuerda que aún quedan nombramientos

valencia. «¿Que si nos hubiera gustado tener representación en el Gobierno? Sí, nos hubiera gustado, pero aún quedan nombramientos. Ahora estamos más libres para defender a los valencianos». La secretaria general del PPCV, Isabel Bonig, zanjaba así, de puertas hacia fuera, cualquier atisbo de polémica en relación al ninguneo que ha sufrido su formación por parte del nuevo Ejecutivo que lidera Mariano Rajoy.

Sin representantes en el primer y, con casi toda probabilidad, en el segundo escalón de la Administración -aún quedan por escoger dirigentes-, los populares valencianos optan por guardar la calma y esperar que la recompensa a su trabajo de regeneración y a los buenos resultados electorales llegue en el congreso nacional del partido que tendrá lugar del 10 al 12 del próximo mes de febrero.

Bonig declinó dar un toque de atención a Génova tras ser preguntada por este periódico, aunque ya se ha encargado de trasladar su malestar a la dirección nacional de manera interna. En el seno del PPCV se preguntan cómo es posible que después de superar la barrera de los 900.000 votos el 26-J, pasando de 11 a 13 escaños, y de ser la primera fuerza en la región, aún salpicada por los casos de corrupción, no ha habido premio alguno desde Madrid. El consuelo podrían encontrarlo en que han recibido alguna palmada en la espalda y que los miembros nacionales del PP no dudan en apoyarles con su presencia en Valencia pese a que no se les solicite, pero eso no es suficiente.

«El esfuerzo por volver a conectar con los ciudadanos» debe recompensarse, aseguran las fuentes consultadas, «teniendo presencia con algún miembro en la ejecutiva del partido, algún portavoz, alguien en el comité de dirección» en Madrid que acompañe a Esteban González Pons, el único superviviente valenciano -reelegido recientemente como vicepresidente primero del Grupo Popular en el Parlamento Europeo y miembro del consejo de dirección del PP- y Susana Camarero, secretaria ejecutiva de la formación que, pese a nacer en Madrid, ha desempeñado gran parte de su carrera política en la Comunitat. Esta se vio perjudicada después de que la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, decidiera prescindir de ella como secretaria de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, un movimiento que, por otra parte, fue recibido con mucha sorpresa en la calle Quart y que dejó un sabor de boca agridulce.

Otra de las peticiones que le hacen los populares valencianos a Rajoy, con su abultada cifra de militantes en la mano -cerca de 150.000-, es que permita que su congreso regional se celebre lo antes posible una vez concluya el nacional y que en este último se apruebe variar la normativa de la formación de manera que puedan llevr a cabo un cónclave en la Comunitat «más participativo, más abierto a la militancia, por medio de un sistema de primarias que permita escoger a los candidatos».

Existen otras opiniones en el PPCV que le quitan hierro al ninguneo del presidente del Gobierno, que abogan por ir «con más tranquilidad y sin ansia», ya que que haya representantes valencianos, en ocasiones, «no es sinónimo de beneficio» para la región y toman como ejemplo a dos socialistas en el Gobierno de Zapatero: al ex ministro de Sanidad Bernat Soria, y a la que fuera vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega, a la que Bonig también mencionó en este sentido ayer en rueda de prensa. «Mejor no tener a nadie que tener a alguien como ella», dijo.

A Bonig le preguntaron también sobre las declaraciones de la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, en las que atribuye la falta de representación de valencianos en el Gobierno a que el PP «no se fía de la Comunitat» por los casos de corrupción. La líder del PPCV respondió con una evasiva. Instó a Oltra a que «se preocupe de su partido» (Compromís) y de la gestión de los valencianos, y le pidió que «esté a la altura» y explique las imputaciones de alcaldes de su formación o el «caso Divalterra». Incluso llegó a comparar las incidencias dentro de la empresa pública con el caso Gürtel, aunque poco después matizó sus palabras.

«Cuando uno va de adalid y dando ejemplaridad contra la corrupción tiene que dar muestras», concluyó como réplica a la vicepresidenta del Consell.