Las Provincias

El PP valenciano también se queda fuera del segundo escalón del Gobierno

El portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, ayer tras el Consejo de Ministros. :: efe/chema moya
El portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, ayer tras el Consejo de Ministros. :: efe/chema moya
  • También pierde a los dos representantes con los que contaba en la anterior legislatura: Rubén Moreno y Susana Camarero

El nuevo Gobierno de Mariano Rajoy volvió a pasar de largo ayer por la Comunitat Valenciana, como si de un nuevo Mister Marsall se tratara. La designación del segundo escalón de la administración central constató el ninguneo del Ejecutivo hacia el PP valenciano, al que no concedió ni uno solo de los nombramientos que aprobó en el consejo de ministros. La ya de por sí escasa presencia valenciana entre los altos cargos del último Ejecutivo central quedó ayer reducida a la nada -el único valenciano nombrado es el presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el castellonense Sebastián Albella, y este no es un puesto en sentido estricto del Ejecutivo-.

El PP valenciano aún confiaba en que lo que se anticipó la semana pasada en la primera tanda de nombramientos -secretarios de Estado, secretarios generales y directores generales, entre otros- con una nula presencia de representantes valencianos, se corrigiera en el día de ayer. La referencia de acuerdos del consejo de ministros incorporaba algo más de una treintena de nombramientos. Sin embargo, no hubo ni rastro de presencia de miembros valencianos.

No sólo eso. La designación como Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad de Mario Garcés Sanagustín, persona de confianza de la presidenta del Congreso, Ana Pastor, certifica la salida de ese puesto de la valenciana Susana Camarero, que junto a Rubén Moreno, secretario general en el mismo ministerio de Sanidad, eran las únicas referencias valencianas en el anterior Ejecutivo de Mariano Rajoy.

La ausencia de representantes valencianos en el Ejecutivo central deja en evidencia los esfuerzos realizados desde el PP valenciano para tratar de visualizar en el Gobierno de Rajoy el cambio de etapa en el partido tras la llegada a la presidencia de Isabel Bonig. Pese a las reuniones de la presidenta del PPCV y a que Moncloa llegó a solicitar información al partido en la Comunitat respecto a qué personas podrían ocupar responsabilidades en el segundo escalón, la respuesta de Madrid ha sido la de volver a invisibilizar a la Comunitat en la Administración central.

El ninguneo al PPCV se hace más significativo si cabe con la designación como Secretario de Estado para las Administraciones Territoriales de Roberto Bermúdez de Castro. Los populares de la Comunitat habían maniobrado para tratar de que ese puesto en el ministerio que dirige Soraya Sáenz de Santamaría, fuera a parar al delegado del Gobierno en la Comunitat, Juan Carlos Moragues. Esa Secretaría de Estado es la que tendrá que encargarse de impulsar la negociación de la reforma del sistema de financiación autonómica. Lograr ese puesto habría situado al exconseller de Hacienda en un puesto idóneo para que la Comunitat jugara un papel clave en el diseño del nuevo sistema. En su lugar, el elegido es un cargo de la máxima confianza de la líder del PP aragonés, Luisa Fernanda Rudi.

Escasa presencia en la cúpula

La invisibilidad del PP valenciano en el segundo escalón del Gobierno resulta más llamativa si cabe si se suma a la escasa presencia de dirigentes valencianos del PP en la cúpula nacional del partido -sólo Esteban González Pons está en el comité de dirección-, en la Mesa del Congreso de los Diputados o incluso en la dirección del grupo parlamentario -únicamente Rubén Moreno ocupa una de las portavocías adjuntas-. «El PPCV se queda fuera de todo», admitió ayer un cargo popular.

Si el partido en la Comunitat no ha logrado hacerse ver para lograr un mínimo de presencia en Madrid, también es cierto que a la calle Génova no le ha importado lo más mínimo provocar esa percepción. A pesar de los esfuerzos de Bonig por renovar la imagen del partido, tras asumir la presidencia después del batacazo de las autonómicas de 2015, los buenos resultados en las generales del 20-D y del 26-J permitían concluir que el partido comenzaba a recuperarse de la decepción moral que supuso la pérdida de la hegemonía electoral.

Entre las razones que se identificaron ayer para justificar la invisibilidad de los populares valencianos, la composición de las listas electorales -y en especial la de la provincia de Valencia- ocupa un lugar prioritario. La candidatura encabezada por Elena Bastidas apostó por cierta renovación en los puestos de salida. Pero esa circunstancia derivó en una merma de los nombres más reconocibles en Madrid del PP valenciano.

La apuesta no sólo obtuvo unos resultados electorales discutibles -seis escaños, después de haber llegado a nueve en 2011- sino que restó capacidad de representación y protagonismo en la Comunitat a los representantes del PP valenciano.

El cordón sanitario, en materia de nombramientos, de Madrid hacia el PPCV, aviva las dudas respecto a si la calle Génova ha cambiado su percepción sobre el partido en la Comunitat, o si continua sosteniendo que los populares valencianos no ofrecen la confianza suficiente como para situarlos en puestos de responsabilidad en el Gobierno. Fuentes del PP valenciano admitieron ayer su decepción por la falta de nombres valencianos en el segundo escalón. «Un millón de votos sin representación en ninguna parte», señalaron en referencia al respaldo electoral obtenido por el partido en la Comunitat.

La caída de Camarero de la secretaría de Estado de Igualdad acarrea otra consecuencia. La senadora valenciana llevaba como suplente al secretario general del partido en la provincia de Valencia, Vicente Ferrer. Al no saltar al Gobierno, retiene su puesto en la Cámara Alta. Y por lo tanto, Ferrer se queda sin la plaza que debía quedarse vacante.