Las Provincias

El debate federal parte en dos al PSPV

  • La polémica por la fecha del próximo congreso del PSOE es el último frente abierto en una federación en permanente bronca desde hace casi un año

  • La confluencia de Puig con los barones encorajina a su oposición interna

La dirección provincial del PSPV de Valencia aprobó la noche del pasado lunes por unanimidad una resolución por la que reclama la convocatoria inmediata de un congreso federal del PSOE. El acuerdo abrió la espita de al menos otra media docena de declaraciones aprobadas a lo largo de la semana en las que se plantea lo mismo: la exigencia a la gestora socialista de que convoque ya congreso para elegir secretario general.

No es un movimiento anecdótico. El mismo día que trascendió el acuerdo de la dirección provincial que lidera José Luis Ábalos -el referente del PSPV más cercano al exsecretario general Pedro Sánchez-, Puig hizo unas declaraciones en las que venía a insistir en que no habría prisa por convocara ese cónclave. El líder de los socialistas valencianos asumía la tesis expresada por la gestora del PSOE y por la baronesa andaluza, Susana Díaz, que con pequeños matices han venido a sostener esa misma idea.

El encontronazo por la fecha del congreso federal del PSOE es al menos la cuarta discrepancia pública que abre en canal al socialismo valenciano. Y todas ellas con el debate federal sobre el futuro del partido como telón de fondo. El posicionamiento de Puig en relación con la batalla orgánica abierta en la calle Ferraz, y que derivó en la caída de Pedro Sánchez y el nombramiento de la actual gestora, fortificó su visibilidad como barón socialista. Pero, a cambio, ha hecho evidente que la posición del secretario general del PSPV no es compartida por una buena parte de los socialistas valencianos.

El debate federal abierto en el seno del PSOE viene agigantando la brecha en el socialismo valenciano desde antes de la celebración de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre. La discusión respecto a la política de pactos tras aquellos comicios -y también por aquel entonces la fecha de celebración del congreso federal- comenzó a visibilizar las diferencias. Y Puig, pese a disponer del poder institucional que supone presidir la Generalitat, comenzó a notar la contestación a su liderazgo en el seno de su partido. Paradójicamente, el líder valenciano defendía entonces la celebración inmediata del congreso federal. «Toca cuando toca», llegó a decir, en alusión a la conveniencia de celebrarlo apenas dos meses después de las generales del 20-D.

Probablemente, la primera vez en que esa inclinación de Puig por intervenir en el debate federal le costó caro en el seno del PSPV fue a raíz de aquel desayuno informativo en Madrid en el que se le preguntó por si los socialistas podrían revisar el liderazgo de Pedro Sánchez en el caso de un mal resultado electoral el 20-D: «Carpe diem» y «Tempus fugit», dijo. El dirigente valenciano dejó la puerta abierta a revisar el liderazgo del secretario general a dos meses escasos para las generales. Un golpe bajo, del que Ferraz tomó nota.

Puig certificó su posición crítica con Sánchez apenas unas horas después de los comicios del 20-D. En una entrevista con este diario, el líder valenciano ya deslizó su convicción de que los socialistas debían pasar a la oposición y de que no había que tener miedo a unos nuevos comicios. Una reflexión compartida entonces por los barones del PSOE, que anticipaban la caída de Sánchez y daban por hecho que el secretario general no volvería en ningún caso a ser candidato.

Comité del 28

La posición de Puig respecto a la celebración inmediata del congreso obtuvo la primera contestación contundente en el seno del PSPV en el comité federal del 28 de diciembre. José Luis Ábalos intervino en aquella reunión para preguntarse en voz alta si el partido estaba discutiendo en serio por el adelanto dos meses de la celebración del congreso en plena vorágine del debate de investidura del líder socialista.

El secretario general de la provincia de Valencia verbalizó entonces parte de la respuesta de los coroneles más cercanos a Pedro Sánchez. Ábalos ha mantenido una estrecha relación personal con el exlíder socialista, que derivó con motivo de la celebración de las fiestas de Fallas en un nuevo encontronazo con Puig. Sánchez visitó Valencia, charló con Puig y elogió a Oltra. Pero al que eligió para disfrutar junto a su familia del ambiente de la ciudad durante varios días fue al diputado nacional. Cuentan que Puig nunca llegó a perdonar a Sánchez lo que supuso aquel desplante.

Puig se posicionó, junto a Susana Díaz y los barones, a favor de ponerle a Sánchez toda una serie de líneas rojas a la hora de tratar de sacar adelante su investidura. No pactar con formaciones que contemplaran el derecho a decidir no sólo cerraba la puerta a los partidos nacionalistas catalanes, sino también a Podemos. Sánchez tenía que lograr que los de Pablo Iglesias se abstuvieran ante el pacto del PSOE con Ciudadanos. No lo hizo y las elecciones se repitieron el 26 de junio.

Los resultados de aquellos comicios derivaron en un nuevo debate: explorar las opciones para tratar de buscar un acuerdo de gobierno o dar luz verde a la investidura de Rajoy, a través de la abstención. Sánchez se la jugó en el comité federal del 1 de octubre, y perdió. El PSPV volvió a pronunciarse dividido, tanto ante el liderazgo de Sánchez como en el debate posterior sobre si abstenerse o votar no a Rajoy. Se impuso en ambos casos la posición con la que se ha alineado Puig, aunque ello le ha costado una significativa contestación en el seno del PSPV, peticiones públicas de dimisión y hasta una reprobación (la de la agrupación de Oliva). El escenario federal le favorece. Pero la rebelión interna no deja de crecer.