Las Provincias

La cocina de Rajoy

Mariano Rajoy.
Mariano Rajoy. / Emilio Naranjo (Efe)
  • El presidente se concedió cinco días para diseñar su nuevo Gobierno, pero no informó a los ministros de su decisión hasta poco antes de trasladársela al Rey

  • Cospedal supo antes que el resto que heredaría el Ministerio de Defensa y no tuvo que esperar la llamada de última hora del líder del PP a los miembros del Gabinete

 Apenas restaban 50 minutos para que Mariano Rajoy accediera el jueves al palacio de la Zarzuela con la lista de sus ministros bajo el brazo cuando el teléfono de Dolors Montserrat sonó en Mataró, en pleno funeral por un amigo cercano. La llamada entrante era de la Moncloa. Al otro lado de la línea no tardó en escucharse la voz del presidente del Gobierno que, apurando los tiempos al máximo, comunicaba a la diputada del PP catalán sus nuevas responsabilidades en el Consejo de Ministros. Dos horas después, organizada su familia y la maleta, la nueva titular de Sanidad emprendía el camino a Madrid.

Poco antes, a primera hora de la tarde, en el norte del país, en Santander, los alumnos de la Escuela de Enfermería hacían un receso. El alcalde de la ciudad acababa de sacar de clase a la profesora, su pareja. Tenía algo urgente que comunicarle: ya no iba a poder seguir ejerciendo como regidor. Rajoy había decidido que el destino de Íñigo de la Serna iba a ser el Ministerio de Fomento y los dos tomaban un vuelo rumbo a la capital para la toma de posesión del viernes. "Toda mi vida política ha ido en paralelo a la del presidente", agradecía el dirigente cántabro, 'marianista' confeso y llamado, según vaticinan algunas fuentes del PP autonómico, a suceder algún día al líder de los populares.

El móvil de Alfonso Dastis sonó a las cinco menos diez. El número llevaba el prefijo español. Desde Bruselas, quien unas horas más tarde se convertiría en ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, atendió la llamada. A punto de moderar el acto de presentación del Instituto Elcano, el representante de España ante la UE supo que ponía fin a una etapa para acceder al Gobierno de inmediato. Esa misma noche dormía ya en Madrid.

Cuando Juan Ignacio Zoido, el que fue alcalde de Sevilla entre 2011 y 2015, se puso al teléfono, tampoco esperaba que el jefe del Ejecutivo tuviese reservado para él un sillón en su Gabinete como sucesor de Jorge Fernández Díaz. "En mi vida me imaginé que podría ser ministro del Interior de España", confesaba al día siguiente a la prensa en un multitudinario traspaso de carteras.

Lo cierto es que ninguno de los cuatro figuraba en los pronósticos del PP, pese a que los populares contaron con cinco días extra para afinar las predicciones desde que Rajoy fue investido el pasado sábado. Así, cuando el jueves, a las 18:55, la secretaría de Estado de Comunicación hizo pública la composición del Ejecutivo, no se registraron acertantes en las apuestas.

Algunos habían sido cautos en eso de las especulaciones. "Yo no soy aficionada a las quinielas, salvo las que le generan ingresos al Estado, es decir, las de Loterías y Apuestas (LAE)", despejó Soraya Sáenz de Santamaría en la segunda jornada del debate de investidura, cuando la elección de Rajoy era ya un mero trámite que salvar. En realidad, la continuidad de la vicepresidenta en el Ejecutivo era la única jugada totalmente segura en las porras del PP.

También vaticinaron los dirigentes del partido, salvo dudas de última hora, que su secretaria general entraría en el Gabinete. María Dolores de Cospedal fue la primera en conocer su futuro. Rajoy no tuvo que ponerse en contacto con ella el mismo jueves para desvelarle que a partir de ahora coordinará a las Fuerzas Armadas. Según cuentan fuentes próximas a la número dos del PP, la dirigente ya sabía que ocuparía el Ministerio de Defensa. Había cerrado con el jefe del Ejecutivo que se haría cargo de un departamento de corte institucional y, como dedujeron en el partido, que no abandonaría su puesto directivo en la formación.

Pactos y equilibrios

A nadie le extraña el modo de proceder del presidente. Enemigo de las filtraciones a la prensa y obsesionado con la discreción, suele conceder un escaso margen de tiempo para que sus elegidos se hagan a la idea y lo compartan con dos personas de su entorno más cercano y su total confianza. Cuenta un exministro que en su caso sucedió así. En el contacto telefónico en el que le comunicó que entraría en el Gobierno, Rajoy le dejó claro que en media hora lo haría público. "No acepta un no por respuesta", aseguran sus colaboradores.

En el caso de Cospedal es distinto. Ya en 2011 colaboró de forma estrecha con el líder de los populares sondeando a posibles ministrables. Pero la discreción está garantizada. Mientras ella pactaba en la Moncloa, los populares la situaban hasta en tres carteras, Interior, Defensa y Fomento. E incluso hubo quien decidió lanzarse, aun a riesgo de quedar desacreditado, y, en el colmo del morbo, vislumbró a la número dos del partido quedándose con parte de las competencias de Sáenz de Santamaría al desgajarse la Vicepresidencia y la Portavocía. Finalmente, las dos eternas rivales, escuderas del jefe de filas, no se repartirán los despachos de la Moncloa. Pero el apostante audaz, acertó, al menos, en la estructura.

La nueva arquitectura del Ejecutivo fue precisamente a lo que más tiempo dedicó Rajoy en los primeros días de este extenso e inusual periodo de reflexión que se ha concedido para el diseño de su Gobierno. El lunes, tras la jura de su cargo en la Zarzuela, se encerró en el despacho a estudiar cómo reorganizar competencias. Fruto del análisis, se puede decir que Luis de Guindos no logró su aspiración de coronarse como vicepresidente económico. Dicen las malas lenguas que en eso influyó Sáenz de Santamaría, única en el escalafón inmediatamente inferior al presidente, aunque ha tenido que ceder la Portavocía al titular de Educación, Íñigo Méndez de Vigo.

La mano derecha de Rajoy en el Gobierno suma ahora a sus funciones el Ministerio para las Administraciones Territoriales. Y De Guindos se ve recompensado con parte de las atribuciones de Industria. El resto, la energía y las telecomunicaciones, pasan a tener departamento propio, el encabezado por Álvaro Nadal.

Los populares sí auguraron que el hasta ahora jefe de la oficina económica de la Moncloa podría ser promocionado. Aunque algunas fuentes no veían en Nadal hechuras de ministro, otras daban por sentado que su lealtad sería premiada. En los corrillos políticos, además, le incluyen en el bando de la vicepresidenta. Un equipo conformado por afines como la ministra de Empleo, Fátima Báñez; y el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro. En la órbita de Cospedal ubican a la responsable de Sanidad, Dolors Montserrat; al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido; a la titular de Agricultura, Isabel García Tejerina; e incluso al de Justicia, Rafael Catalá, al que a estas alturas, y desde su llegada al Ejecutivo, se le ha situado ya en todos los grupos de amigos habidos y por haber.

En la Moncloa, sin embargo, creen que la convivencia entre las dos mujeres del presidente en la misma mesa del Consejo de Ministros será menos espinosa que la relación que mantenía Sáenz de Santamaría con el ya exministro de Asuntos Exteriores. José Manuel García-Margallo es uno de los tres dirigentes, junto a Fernández Díaz y Pedro Morenés, que han tenido que abandonar esta semana el Ejecutivo. Su salida y la del extitular de Interior trascendió pasadas las cuatro de la tarde del jueves, pero ambos fueron los primeros en saberlo por la mañana. En el PP no dudaron de que, molesto, fue el propio Margallo quien se saltó el modus operandi de Rajoy, adicto al silencio, y filtró que la decisión estaba tomada.