Las Provincias

El papel de Puig en la crisis del PSOE reactiva a sus críticos

La presidenta andaluza Susana Díaz y el jefe del Consell, Ximo Puig. :: efe/kai Försterling
La presidenta andaluza Susana Díaz y el jefe del Consell, Ximo Puig. :: efe/kai Försterling
  • Pese a disponer del poder institucional, la figura del secretario general se ve cuestionada y la imagen de un PSPV dividido vuelve a visibilizarse

Antonio Pradas es, además de diputado nacional del PSOE andaluz, uno de los más destacados miembros de la guardia pretoriana de Susana Díaz. El pasado 28 de septiembre este dirigente socialista protagonizó la primera parte del golpe de mano que acabó con la caída de Pedro Sánchez. Pradas se presentó en la sede del PSOE en la calle Ferraz y entregó las dimisiones de 17 miembros de la dirección del partido. Una operación preparada para que el comité federal del 1 de octubre, apenas 72 horas después, certificara el derribo político del hasta entonces líder socialista. Entre las 17 firmas, además de la del propio Pradas, la del secretario general de los socialistas valencianos y presidente de la Generalitat, Ximo Puig.

La presencia del líder del PSPV entre los firmantes de aquella maniobra que descabezó al partido y despejó el camino para la investidura de Mariano Rajoy no le ha salido gratis a Puig. El dirigente valenciano se volvió a situar, gracias a su participación en aquella operación, como uno de los principales aliados de la presidenta andaluza, Susana Díaz, erigida en alternativa de poder al hasta entonces secretario general del PSOE. Pero aquellos hechos le han supuesto un coste interno más que apreciable.

Con la caída de Sánchez, y la previsible certificación hoy en el comité federal de la abstención socialista en el debate de investidura de Mariano Rajoy, los barones socialistas han logrado sacar adelante esa hoja de ruta que les permite recuperar la dirección del partido y, al mismo tiempo, un escenario político en el que al PP no le quedará más remedio que buscar acuerdos en el marco de un horizonte de legislatura corta.

Brecha interna

Pero que la operación para tomar la calle Ferraz vaya de momento por buen camino -los seguidores de Sánchez aún le animan a que opte a las primarias- el resultado de la participación en esa jugada le ha generado una significativa brecha interna a Ximo Puig. El movimiento pro-Sánchez en el seno del socialismo valenciano goza de buena salud. Y la prueba más evidente que lo constata es la recogida de firmas impulsada por el alcalde de la localidad granadina de Jun, José Antonio Rodríguez, y que en el ámbito del socialismo valenciano ha sumado 8.332 firmas a favor de las primarias para elegir nuevo secretario general, la celebración de un congreso extraordinario y el 'no' a Mariano Rajoy.

Las 8.332 firmas son el 49,98% de la militancia del PSPV. En un partido que ha visto retroceder su censo de los casi 40.000 militantes de su mejor época a los poco más de 16.000 actuales, que la mitad haya querido 'retratarse' expresando su apoyo a los planteamientos sostenidos por Sánchez y que le terminaron costando el cargo evidencia el nivel de movilización existente en la federación socialista valenciana a raíz de la caída del líder del PSOE. Rúbricas que se suman a las resoluciones aprobadas por docenas de agrupaciones locales y por un número destacable de direcciones comarcales y que, de alguna manera, han expresado su discrepancia con la actitud mantenida por Puig en todo este proceso.

A nadie se le ocurre pensar que éste ha sido un movimiento espontáneo. Y menos en la cuarta planta de la calle Blanquerías. La dirección nacional del PSPV es consciente de que los críticos con Ximo Puig se han visto reforzados tras la participación del líder de los socialistas valencianos en este proceso. El hecho no implica, obviamente, una movilización abiertamente en contra del secretario general al que su cargo de presidente del Consell le confiere una protección adicional después de veinte años de travesía socialista del desierto. Pero sí que ha permitido conocer que la posición mayoritaria en el seno del partido no está, en esta ocasión, del lado de la del líder del PSPV.

Las consecuencias de que la brecha en el seno del socialismo valenciano haya recuperado una visibilidad que no se recordaba prácticamente desde la época de mayor agitación interna en aquella formación no son fáciles de determinar. Que el liderazgo político de Puig en el PSPV se pueda haber visto debilitado no construye de forma automática un liderazgo alternativo. El diputado nacional y secretario general del partido en la provincia de Valencia, José Luis Ábalos, aparece como figura más reconocible de un colectivo al que, por el momento, no cabe atribuirle más elemento cohesionador que el rechazo a la caída de Sánchez. Lo que resulta indiscutible es el coste político de la actuación de Puig: su participación en una maniobra de claro perfil orgánico le ha acarreado un coste en términos de respaldo interno. La militancia socialista no ha entendido la jugada de su secretario general, que quizá por ese motivo ha optado en las últimas semanas por recuperar la posición de calculada ambigüedad que mantuvo hasta aquel 28 de septiembre en que decidió dimitir de la dirección federal.

Puig ha protagonizado diversas reuniones con líderes orgánicos y locales de su partido en las últimas semanas con la intención probable de volver a tejer los necesarios apoyos internos para consolidar su posición interna. El líder socialista está obligado a impedir que la respuesta interna siga creciendo.