Las Provincias

«Puedes querer perdonar, pero te lo tienen que pedir»

«Puedes querer perdonar, pero te lo tienen que pedir»
  • ANTONIO SALVÁ, PADRE DE DIEGO SALVÁ

  • Antonio Salvá recuerda «minuto a minuto» lo ocurrido aquel trágico 30 de julio de 2009. «No se me olvidará nunca». Fue el día en el que ETA asesinó a su hijo Diego en Mallorca

Antonio Salvá recuerda «minuto a minuto» lo ocurrido aquel trágico 30 de julio de 2009. «No se me olvidará nunca». Fue el día en el que ETA asesinó a su hijo Diego en Mallorca. A la mañana ambos se cruzaron en el pasillo de casa antes de ir a trabajar. «¿A dónde vas?», le dijo Antonio. «Iba directo a mi baño y le pregunté si me había pedido permiso para entrar. Me respondió: ‘No, pero me lo ha dado mi madre’», evoca.

Diego Salvá tenía 27 años y acababa de empezar una nueva vida. Un accidente de moto le dejó en coma varias semanas y le obligó a hacer un paréntesis en su profesión. Era guardia civil. Sus seis hermanos se turnaban para cuidarle. Tenía previsto incorporarse al trabajo el 1 de agosto, pero recibió una llamada informándole de que le había sido concedido el puesto que había solicitado, por lo que debía estar en Palmanova dos días antes. Uno de sus compañeros era Carlos Sáenz de Tejada, de 28 años y natural de Burgos. Una bomba lapa colocada en los bajos de un vehículo de la Guardia Civil aparcado junto al cuartel acabó con sus vidas. Fue el primer atentado mortal en Mallorca y el último cometido por ETA en España. En marzo de 2010 la banda mató al policía francés Jean-Serge Nérin en París.

Antonio, médico de profesión, estaba en su consulta de Ibiza cuando una de sus hijas le llamó y le contó que habían puesto una bomba en Palmanova. «Marqué el móvil de mi hijo, pero no daba señal. Sospeché lo peor», relata. Telefoneó a la Delegación del Gobierno, a la Comandancia de la Guardia Civil... «Nadie me quería decir nada». «Dos horas después» del atentado, el médico de la Guardia Civil confirmó sus temores: «Es tu hijo». Antonio llamó a su mujer, Montserrat Lezaun, y a toda la familia. «Nos lo han matado», les transmitió. «Se me vino el mundo abajo, fue como si me clavaran un puñal», se sincera. Un helicóptero de Protección Civil le recogió cerca de Ibiza y le trasladó hasta Calviá. «Allí, la juez me dijo: ‘Puede usted ver el cadáver, pero no se lo aconsejo’. Soy médico, sabía lo que me iba a encontrar, así que... Preferí quedarme con otra imagen de mi hijo», revela.

Habla con templanza. «Tienes que asumirlo. Lo que nos han hecho es algo que no le deseo a nadie, ni a los etarras. Quiero que cumplan sus condenas, pero nunca que les maten a un hijo», expresa. Han pasado siete años desde que ETA asesinara a Diego y todavía hoy espera «que no haya más víctimas». «El hallazgo en Francia del último zulo con armas ha sido una buena noticia, pero aún no se han disuelto», remarca.

«El odio a España»

Antonio asistió al cese de ETA del 20 de octubre de 2011 con «escepticismo total». «No me lo creía, y eso que tengo muchos amigos en el País Vasco que me decían que era de verdad», explica. Su familia vivió durante diez años en Pamplona. Fue donde nació Diego. «Ver los carteles de Bildu y saber que gobiernan allí... Me tengo que tomar un omeoprazol», reconoce.

En este último lustro, los Salvá Lezaun han intentado llevar «una vida normal». «Los que más lo sufren son mis hijos», señala Antonio, que ha sido abuelo hace poco más de un año. Tiene claro que «uno puede tener la disposición de perdonar, pero para eso le tienen que pedir perdón». «Y hacerlo públicamente», subraya. «Sobre todo, con la vista puesta en las nuevas generaciones».

Antonio tiene la sensación de que «han pasado los años y todo sigue igual, salvo que los terroristas ya no matan». «El odio hacia España aún sigue ahí y mientras exista ese caldo de cultivo, ETA puede resurgir», considera. «Lo que sería un sinsentido en la Europa actual», añade. Salvá siempre recurre al mismo ejemplo. Ilustrativo. «El día que pueda montar una peluquería en Hernani con una bandera de España y no me insulten ni me rompan el cristal ni me miren mal, ese día sí se habrá acabado».