Las Provincias

Como el congreso de 1999

  • Un elemento resulta coincidente entre este comité federal y aquella cita en el Palacio de Congresos: el papel protagonista de Ciscar

  • La bronca del PSOE recuerda al cónclave fallido del PSPV que Ferraz anuló

valencia. Nunca se había visto nada ni parecido. No en Madrid al menos. Un comité federal eterno, incapaz de ponerse de acuerdo si quiera para ponerse en marcha. Una batalla sin cuartel en la que los dos bandos luchan por cada milímetro de terreno, conscientes de que cualquier decisión equivocada puede conceder una ventaja al adversario. Y eso que el adversario pertenece al mismo partido.

Esta introducción podría servir para ilustrar cualquiera de las páginas de información sobre lo ocurrido ayer en la sede del PSOE en la calle Ferraz. Pero a lo que se ajusta como un guante, con la única diferencia de que en lugar de un comité federal fue un congreso nacional, es a la caótica situación vivida por el socialismo valenciano en 1999. El congreso celebrado el mes de septiembre de ese año en el Palacio de Congresos no sólo se prolongó durante un buen número de horas. La votación para elegir al líder del partido se produjo a las 5 de la mañana del domingo -el día después del arranque del cónclave-. Y el triunfo entonces de Ignasi Pla apenas duró 60 horas. Porque tras ese margen la dirección federal del PSOE intervino, de la mano de su entonces secretario general, Joaquín Almunia, y el propio Pla acabó presentando la dimisión -aunque un año después volvió a presentarse al congreso de los socialistas en Alicante y se impuso por un puñado de votos.

Lo ocurrido en aquel cónclave -recordado por la mayoría de cuadros del socialismo valenciano como uno de los momentos más bochornosos de la historia de la organización, guarda semejanza con el comité federal del PSOE. No sólo por una tardanza exasperante en que se adoptaran decisiones. También por el protagonismo del que entonces era un destacado dirigente federal y al que ahora también se le viene atribuyendo un papel significativo en el aparato de los barones críticos: Ciprià Ciscar.

El veterano dirigente valenciano (Picanya, 1946) ocupaba en 1999 la poderosa secretaría federal de Organización del PSOE. En otras palabras, el número tres en el organigrama de un partido que acababa de perder las elecciones (las autonómicas valencianas en 1995 y las generales en 1996), y que trataba de recuperar el terreno perdido. Císcar jugó un papel determinante en la caída de Joan Romero como candidato del PSPV a la presidencia de la Generalitat escasos tres meses antes de la cita electoral.

El catedrático de Geografía adujo entonces a las presiones y maniobras de Císcar para condicionar la elaboración de las candidaturas la razón real por la que terminó renunciando. El entorno de Císcar, por contra, ya sostenía entonces que la verdadera razón de la fuga de Romero había sido su convencimiento de que los resultados electorales serían más que negativos para el PSPV -como así fue, con la primera mayoría absoluta de Eduardo Zaplana-.

Asunción y Pla

El papel de Císcar como máxima autoridad de la dirección federal del PSOE en cuestiones orgánicas le permitió conducir al socialismo valenciano al congreso a celebrar en septiembre. En aquella cita, el exministro y expresidente de la Diputación de Valencia Antoni Asunción, presentó su candidatura después de haber ocupado de urgencia el cartel electoral de los socialistas valencianos en las autonómicas de unos meses antes.

Ferraz no quería a Asunción. Felipe González, aún más influyente entonces sobre las decisiones del partido de lo que lo es ahora, no olvidaba la dimisión irrevocable que el exalcalde de Manises le presentó tras la fuga de Luis Roldán. Asunción no era controlable, había impulsado un Movimiento que agrupaba a los renovadores del partido y la dirección federal no confiaba en él.

Frente a Asunción se presentó Ignasi Pla, que había ocupado la secretaría de Organización durante la etapa de Romero -una responsabilidad que, tradicionalmente, impide dar el paso posterior al liderazgo del partido-. Pla tampoco era entonces del agrado de Císcar, que veía en él a un sucesor de Romero que le acabaría generando problemas.

De hecho, el secretario federal de Organización puso por aquel entonces los nombres de dos jóvenes socialistas que por aquel entonces ya se perfilaban como referencias de futuro: Jorge Alarte y Francesc Romeu. La apuesta de Císcar por el consenso sobre estos nombres acabó en fracaso. Y al responsable federal de Organización se le atribuyó entonces una estrategia de dilación de los debates, de parones, recesos y pasilleo, de acabar con los críticos a base de hartarlos de esperar -algo similar a lo ocurrido ayer-, que derivó en que el plenario de aquel congreso se reuniera de madrugada para tomar alguna decisión.

La parte final de aquella historia también puede servir de espejo de lo que puede ocurrir en Madrid. A las cinco de la mañana, la presidenta de la Mesa de aquel congreso, Ana Noguera, convocaba a los delegados para votar al único candidato que finalmente se presentó: Ignasi Pla obtuvo la victoria en una candidatura de la que también formaba parte el exlíder socialista, Joan Lerma, como presidente del partido.

El triunfo de Pla, aquella victoria de madrugada, duró exactamente 64 horas. Ese fue el plazo que tardó la dirección federal del PSOE, reunida de urgencia, en anular el resultado de aquel congreso. Almunia llamó a Ferraz a Pla, que abandonó aquella reunión después de haber presentado su renuncia.

El socialismo valenciano, zarandeado en términos electorales por el PP hacía sólo un par de meses, se vio obligado a recurrir a una dirección interina. Una gestora presidida por el alcalde de Elche, que dirigió el partido hasta la siguiente cita congresual.

Pero más allá de aquella circunstancia, el paralelismo con lo ocurrido ayer en Ferraz en indiscutible. No pocos dirigentes del PSPV admitieron ayer las similitudes entre lo ocurrido entonces en Valencia y lo sucedido ayer en Madrid, incidentes incluidos.