Las Provincias

El PSOE se hunde en Galicia y País Vasco y el PP gana impulso

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en Moncloa.
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en Moncloa. / Efe
  • Los resultados de las elecciones en ambas comunidades no rompen el bloqueo político en España

El atasco político en España no ha encontrado una salida por el norte. Las elecciones vascas y gallegas no van a romper un bloqueo que va para nueve meses y que todo apunta que va a prolongarse algunos más. Pero a pesar de que el empantanamiento persiste si alguien tiene motivos para la satisfacción ese es Mariano Rajoy, con una aplastante victoria en Galicia y un resultado razonable en Euskadi. Y si alguien tiene razones para la frustración ese es Pedro Sánchez, con el peor resultado de su historia en el País Vasco y Galicia.

Que estas elecciones no iban a solucionar nada, o casi nada, en Madrid era una obviedad porque tanto los vascos como los gallegos no votaron con la mente en puesta en la investidura de Mariano Rajoy ni en relanzar a Pedro Sánchez. Algo que ya anticiparon unas campañas electorales centradas en lo propio, y en las que las apariciones de los líderes nacionales no supusieron ningún valor agregado. Tanto Galicia como Euskadi tienen una dinámica política propia muy asentada y en la que los problemas políticos nacionales tienen poca cabida. Esperar, por tanto, que el resultado de esas elecciones tuviera algún efecto desatascador era una alimentar una quimera. Mariano Rajoy, que anoche mismo habló con sus candidatos Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Alonso, y con el lehendakari Iñigo Urkullu, no tiene el panorama de su investidura más despejado, pero desde luego no lo tiene más complicado. Estos resultados, dicen fuentes de la dirección del PP, demuestran que «los españoles quieren estabilidad política y no aventuras».

Si en la sede de la calle Génova de Madrid había euforia por el resultado gallego, el sentimiento no era menor por los del País Vasco porque en las actuales circunstancias perder un escaño y mejorar un poco el porcentaje de votos se consideró un éxito. Pero al mismo tiempo no se hacían trampas al solitario y los populares eran conscientes de que estos números no van a cambiar el tablero nacional, salvo que las consecuencias provoquen un cataclismo en el PSOE que se lleve por delante a Sánchez.

En el PP insistían en que la clave está en la postura del líder socialista y su «no es no». Esa tesis se pondrá a prueba en los próximos días y tendrá su reválida en el Comité Federal del 1 de octubre. Hasta entonces, bromeaba un dirigente popular, la estrategia de Rajoy es «poner una vela y encomendarse a nuestra señora de Ferraz». Él cree que ya ha hecho todo lo que estaba en su mano para conseguir ser investido presidente del Gobierno, y aunque no lo descarta, no entra en sus planes volver a hablar con el secretario general del PSOE. Prefiere que esa tarea de convencimiento corra por cuenta de los barones socialistas.

Las elecciones también tuvieron una lectura doméstica entre los populares. Alberto Núñez Feijóo gana enteros como el delfín mejor colocado para relevar a Rajoy. Algo de lo que el líder del PP no quiere ni oír hablar, le molestan esas cábalas pero la realidad es la que es. El líder de los populares gallegos ganó las elecciones casi con el 48% de los votos, seis puntos más de los que obtuvo Rajoy en las generales del 26 de junio. Unas cifras que el presidente de la Xunta guarda para cuando sea necesario poner las cartas sobre la mesa.

Feijóo también puede mostrar mejores credenciales que otro de los delfines que pasó el examen de este domingo, Alfonso Alonso en el País Vasco. Con haber salvado los muebles, el PP quedó como quinta fuerza en Euskadi aunque empatado a nueve escaños con los socialistas. Un resultado que es motivo de alegría para los suyos porque las expectativas eran peores. En esa particular carrera, el dirigente gallego parece mejor colocado que el exministro y exalcalde de Vitoria.

Desolación

La desolación, en cambio, cundía en las sedes socialistas de Madrid y Bilbao. El Partido Socialista de Euskadi ha retrocedido a 1980, cuando obtuvo sus peores resultados con nueve escaños, como ahora, pero con el agravante de que este domingo obtuvo un porcentaje de votos peor, un triste 12% cuando hace solo siete años Patxi López se convertía en el jefe del Ejecutivo vasco.

Un resultado que, sin duda, tiene lectura nacional porque la líder del PSE, Idoia Mendia, es de las incondicionales de Sánchez. Lo mismo que el gallego Xoaquín Fernández Leiceaga, apuntalado por la dirección federal del PSOE en contra del parecer de los jefes territoriales del partido. El PSOE puede aferrar al triste consuelo de que el 'sorpasso' de En Marea, la alianza que incluye a Podemos, no fue lo claro que aventuraban algunas encuestas. Quedaron empatados a escaños, pero el PSdG fue relegado por primera vez al tercer lugar en votos.

Está por ver ahora si este descalabro tiene reflejo en el duro pulso que mantiene el secretario general con sus barones críticos. Fuentes cercanas a Sánchez señalan que no tiene por qué ser así y remiten al Comité Federal del próximo sábado en el que, subrayan, se va a tratar la posibilidad de construir una alianza alternativa a Rajoy, no el futuro del líder del partido.

La sensación era agridulce en el cuartel general de Podemos. Su primera aparición en los Parlamentos de Santiago y Vitoria fue fulgurante, de la nada a 14 y 11 escaños, segunda y tercera fuerza. Pero Pablo Iglesias y su equipo esperaban más. Nadie reconocía en público que el enfrentamiento que ha mantenido en los últimos días con Iñigo Errejón ha influido para que los resultados fueran inferiores a los esperados, pero también se aceptaba que no ha ayudado. Más parece que Podemos atraviesa una crisis, no se sabe si de crecimiento o de identidad, pero lo objetivo es que perdió 14 puntos en Euskadi respecto a las generales de junio, cuando fueron primera fuerza. Menor fue el retroceso en Galicia, donde perdieron tres aunque en esta comunidad no se presentaban en solitario sino en una coalición con grupos nacionalistas e IU. Un descenso que no va a mejorar la posición de Pablo Iglesias en la mesa negociadora con Pedro Sánchez, un encuentro que, de producirse, será el de los dos líderes en horas bajas en busca de un asidero al que aferrarse, uno para salvarse del naufragio, el otro, para capear la borrasca.

Aunque para revés con todas las de la ley el de Ciudadanos que no logró ni un solo diputado en Galicia ni Euskadi. Las acciones de Albert Rivera cotizan a la baja después de haber saboreado las mieles de la centralidad, un terreno que en estos dos territorios está ocupado por el PP y el PNV.