Las Provincias

Sánchez aprovecha el desliz de Puig para sugerir la vía del pacto con el independentismo

Puigdemont y Puig, el lunes, en la cubierta del Palau de la Generalitat. :: eFE
Puigdemont y Puig, el lunes, en la cubierta del Palau de la Generalitat. :: eFE
  • El secretario general del PSOE aplaude la apuesta del jefe del Consell por el Govern catalán «en cualquier circunstancia»

valencia. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, no desaprovechó ayer la rendija abierta por el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, en el muro de contención que su propio partido levanta para impedirle que explore un Gobierno alternativo junto a Podemos y los independentistas catalanes. Paradójicamente, uno de los barones abiertamente más desafectos a Sánchez es el que le ofrece una vía de escape. El secretario general del PSOE está siendo instado desde hace meses por los barones y los principales líderes históricos del socialismo español para que desbloquee la actual parálisis en el proceso para investir a Mariano Rajoy. No le dan margen ni alternativa a Sánchez. Hasta el lunes, cuando el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, insufló oxígeno al independentismo. El jefe del Consell convirtió el envite separatista que lidera Carles Puigdemont desde el Ejecutivo catalán en un asunto menor respecto a los intereses económicos comunes de la Comunitat y Cataluña, simbolizados en el corredor mediterráneo. La histórica reivindicación de la infraestructura ferroviaria era inicialmente el asunto capital de la cumbre organizada por la Generalitat. Sin embargo, el corredor acabó relegado a un segundo plano frente a la escenificación de 'germanor' que protagonizaron Puig y Puigdemont, jefe del Govern, un acto al que se invitó a todas las instituciones valencianas y al que, curiosamente, no acudió la vicepresidenta, Mónica Oltra, que mantuvo su agenda de despacho como responsable de la Conselleria de Políticas Inclusivas.

El desliz del presidente valenciano, que defendió el lunes pactar con el Govern catalán «en cualquier circunstancia», fue aprovechado ayer por Sánchez. El secretario general del PSOE publicó en las redes sociales de buena mañana un mensaje en catalán de apoyo a Puig. «Cuando la política y el diálogo se abren camino, surgen iniciativas como la liderada por Ximo Puig para reconstruir las relaciones con Cataluña», señaló Sánchez en su cuenta de Twitter, un guiño al presidente valenciano y un modo de señalar a los socialistas de todo el país cuál es el camino a seguir. Según él.

Sánchez, tras las elecciones del 26 de junio, se instaló en una pertinaz negativa respecto a la investidura de Rajoy. No es no. Sin embargo, una vez se consumó el fracaso de la primera tentativa de Rajoy para llegar a la Moncloa, Sánchez intenta construir un discurso que le permita albergar la esperanza de poner en marcha una vía alternativa. El secretario general del PSOE necesitaría, además de sus 85 diputados en el Congreso, el apoyo de Unidos Podemos (71 escaños), los independentistas catalanes de ERC (9 diputados) y PDC (8), así como de los nacionalistas vascos del PNV (5). La suma da 178 votos, dos por encima de la mayoría absoluta en la Cámara Baja.

Puig, hasta ahora y prácticamente desde la llegada del político madrileño a la dirección de Ferraz, se ha alineado junto a los críticos. El líder de los socialistas valencianos ha apoyado sistemáticamente las tesis de la andaluza Susana Díaz, que incluso desde antes de las elecciones generales de 2015 se intuye como la alternativa a Sánchez, quien ha demostrado una capacidad de supervivencia tenaz frente a los barones.

El secretario general del PSOE ofreció ayer una nueva exhibición de reflejos. Se situó a la sombra de la bandera que el lunes enarboló Puig convirtiendo el el proceso independentista en una «circunstancia» menor frente a la complicidad con el Govern que promueve el jefe del Consell. Sánchez, que para su investidura (fallida), afirmó no querer saber nada del independentismo catalán. Sánchez, que entonces fundamentó la escasa capacidad para llegar a un acuerdo con Podemos en que el partido de Pablo Iglesias apoya un referendum de autodeterminación en Cataluña. Sánchez, que salió del comité federal del PSOE celebrado tas las elecciones de diciembre de 2015 con dos mandatos claros: no participar ni apoyar ningún Gobierno liderado por Rajoy y, además, rechazar alianzas con quienes defienden «la autodeterminación, el separatismo y las consultas que buscan el enfrentamiento». Ese mismo Sánchez fue el que ayer aplaudió a Puig para así sugerir que los pactos con el independentismo son factibles.

«Si alguien está intentando llevar a tal extremo la situación política en España para terminar haciendo depender la estabilidad del país de quienes quieren acabar con ella, además de poco inteligente, estará traicionando los valores y las señas de identidad del PSOE», señaló la semana pasada el socialista castellano-manchego Emiliano García-Page ante los movimientos de Sánchez para abrir la vía de un Gobierno alternativo a Rajoy pactando con los independentistas catalanes. En el mismo sentido se ha pronunciado reiteradamente el baron socialista extremeño, el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, al reclamar una próxima reunión del comité federal del PSOE, con el fin de «poder decir en libertad lo que uno piensa», así como analizar «cuáles son las consecuencias, para el país y para el partido, de unas terceras elecciones en España». Vara apela a que el PSOE defienda «lo que ha defendido siempre: un proyecto de progreso, moderado, alejado de cualquier radicalidad e integrado en el conjunto de España». Las críticas que recibió el barón extremeño desde Ferraz provocaron que hasta Susana Díaz saliese a defenderle, esa misma líder andaluza que también rompió su cauto silencio para lanzar una sentencia: «Con 85 escaños no se puede gobernar».

O sí. Porque el PDC, la antigua Convergència, abrió y cerró en pocas horas la puerta a apoyar la investidura de Sánchez. A primera hora dijo que la respaldaría sin poner la celebración de un referéndum como moneda de cambio irrenunciable. Después regresó a la postura de que sin consulta no hay nada de qué hablar. De esta manera se dejó entrever que hay un debate sobre la oportunidad de negociar sin líneas rojas, que hay posibilidad de negociar, justo lo que necesita Sánchez y por lo que aboga Puig, «en cualquier circunstancia».