Las Provincias

El líder del PSPV se desvía de la línea de Sánchez y los barones

  • Puig resta importancia al reto soberanista a pesar de que su partido establece una línea roja frente a la amenaza secesionista

Cuando Pedro Sánchez pudo ser presidente del Gobierno, durante la legislatura pasado, se cuidó mucho de ser receptivo frente a cualquier apoyo activo o pasivo (voto afirmativo o abstención) por parte de la bancada del Congreso que ocupan los nacionalistas catalanes. El secretario general del PSOE puso por delante su concepción del Estado respecto a su deseo de encabezar el Ejecutivo central. Fuese propia o ajena, esa era la estrategia que se pactó en el comité federal celebrado en diciembre del año pasado, después de las elecciones nacionales, cuando los socialistas aprobaron no participar ni apoyar ningún Gobierno liderado por Rajoy así como rechazar alianzas con quienes defienden «la autodeterminación, el separatismo y las consultas que buscan el enfrentamiento». Es decir, con las posiciones independentistas que identifican al Govern encabezado por un Puigdemont al que el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, considera socio imprescindible «en cualquier circunstancia»,

El propio Puig ha declarado en diferentes ocasiones que la posibilidad de que Sánchez llegara a la Moncloa era complicada porque los apoyos que tenía su secretario general «no suman» los escaños suficientes en el Congreso. Esa opción, la de ver a Sánchez pactando con unos y otros (incluidos los catalanes) la siente tan remota que Puig incluso ha pretendido abanderar una corriente de opinión interna en su partido que replantearía la posición del PSOE. Hay que «abrir un debate», aseguró el líder del PSPV, lo que se ha interpretado como permitir una abstención para que gobernase Rajoy. Sin embargo, ese escaso margen de maniobra que el dirigente valenciano ofrece a Sánchez se diluye en cuanto a las relaciones del Consell que lidera respecto al Govern catalán. El líder del PSPV antepone los intereses de su Ejecutivo a cualquier otra estrategia, lo que choca de frente con la línea del resto de barones del PSOE.

«Si alguien lo que está intentando es llevar a tal extremo la situación política en España como para terminar haciendo depender la estabilidad del país de quienes quieren acabar con ella, además de poco inteligente, estará traicionando los valores y las señas de identidad de un partido como el PSOE», señaló la semana pasada el socialista castellano-manchego Emiliano García-Page, marcando el camino a Sánchez y, de paso, recordando las líneas rojas marcadas por el PSOE durante un comité federal que constriñe las reglas del juego para su líder, Pedro Sánchez.

Ximo Puig no se da por aludido frente a las restricciones para establecer pactos políticos que tanto García-Page como la propia Susana Díaz han establecido para Sánchez. El jefe del Consell presenta a Puigdemont como un aliado de la Comunitat al margen de que el presidente catalán mantenga un criterio independentista de difícil encaje con la sensibilidad tanto de los socialistas a nivel nacional como de una buena parte de la sociedad valenciana. La desconexión de España que promulga Puigdemont se convierte, según el discurso ofrecido ayer por Puig, en una «circunstancia».

No obstante, el propio Sánchez también ha dado señales de que su posicionamiento respecto a los independentistas podría variar con el fin de intentar formar un gobierno alternativo con sus 85 diputados, y el apoyo de Unidos Podemos (71 escaños), ERC (9), PDC (8) y PNV (5). La suma da 178 votos, dos por encima de la mayoría absoluta en el Congreso. Esa posibilidad barajada por el secretario general del PSOE choca con la opinión expresada recientemente por la Susana Díaz: «Con 85 escaños no se puede gobernar». La dirigente andaluza se ha mostrado igualmente muy contundente respecto a las tesis independentistas del Govern catalán. Su discurso de fin de año, como presidenta de Andalucía, fue un claro alegato a la unidad de España, sin guiños a las posiciones del PSC. Puig, que siempre quiso mostrarse próximo a Díaz, se encuentra ahora en una encrucijada dentro de su propio partido, pues quiere establecer alianzas al margen de «cualquier circunstancia» con aquellos que «buscan el enfrentamiento».