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El presidente de la Generalitat, Ximo Puig. :: m. molines

Puig culpa de todo a la herencia del PP y al maltrato del Gobierno

  • Bonig exhibe como aval los resultados del 26-J y proclama que al presidente se le está poniendo «cara de vocal del Consell Jurídic Consultiu»

¿Va a dimitir Rita Barberá? El debate de política general en Les Corts no tuvo como protagonista ningún anuncio estrella de Ximo Puig, ni la intervención arrolladora de Isabel Bonig, ni el ataque a tumba abierta de Ciudadanos ni la postura contemplativa de Compromís y Podemos. La decisión del Tribunal Supremo de investigar a la exalcaldesa de Valencia por el caso Taula eclipsó el desarrollo de la sesión plenaria. Hasta el punto de contribuir a que la hoja de ruta prevista de las intervenciones del presidente y de los portavoces de los grupos se cumpliera a rajatabla.

Puig iba a afrontar su primer debate de política general. Eso sí, no tenía mucha prisa en hacerlo, ya que llegó al hemiciclo 10 minutos tarde acompañado por casi todos los miembros del Consell -sólo faltó la consellera de Vivienda, María José Salvador, que ya se encontraba sentada en su sitio-. El motivo del retraso del presidente fue su comparecencia ante los medios para pronunciarse sobre la situación de la exalcaldesa de Valencia.

Poco antes de la llegada de Puig, no pasó desapercibido el gesto de Vicente Betoret, presidente provincial del PP y salpicado por el caso Taula, quien se acercó a la líder de su partido, Isabel Bonig, para darle dos besos en busca de la foto.

«Ya era hora», se escuchó desde la bancada popular. El jefe del Consell tomaba la palabra. Se plantó en el pleno con un discurso de estructura clara: la Comunitat está mejor que hace un año porque se ha iniciado «el camino correcto», la herencia recibida ha condicionado las decisiones de su Consell «y es lo que mata» a esta región y la infrafinanciación y la falta de inversiones generan una «discriminación que ya no es soportable».

Al poco de comenzar la alocución, un estruendo alertó a los presentes. La batería de una cámara de vídeo de casi un kilo de peso cayó desde una de las cabinas de prensa rozando al diputado de Podemos Daniel Geffner. El de Buenos Aires se libró por muy poco de un buen golpe. El reportero gráfico respiró aliviado.

Un «campo de minas»

Durante 96 minutos, el presidente detalló lo que llegó a definir como un «campo de minas», en el que incluyó un agujero de 1.000 millones en Feria Valencia, pérdidas de 400 millones en la SGR, otros 400 millones por la Ciudad de la Luz, 3.084 millones de compromisos del anterior Consell no reconocidos y otros 1.100 por impagos del IRPF.

El presidente sumó a la hipoteca económica también la social -habló del fracaso escolar, de la situación de la sanidad y del riesgo de exclusión social- y la reputacional, por los casos de corrupción y la imagen que ha ofrecido la Comunitat. «Ahora -dijo solemne- hemos empezado el camino correcto».

Lo que en la parte final de su discurso definió como el «renacimiento» de la Comunitat pasó sin embargo de largo sobre cómo hacer frente a la situación financiera que arrastra la autonomía que provoca que únicamente gracias al apoyo financiero del Ejecutivo central, con el FLA y el plan de pago a proveedores, el Gobierno valenciano haya esquivado el colapso económico. «Sense diners no hi ha torrons», el jefe del Consell tiró del refranero valenciano para reclamar a Madrid más dinero para la Comunitat. «Cada valenciano recibe 258 euros menos que la media española», recordó antes de asegurar que harán la misma petición «gobierne quien gobierne en España».

El presidente de la Generalitat tampoco le dio demasiado protagonismo a las políticas de creación de empleo. De hecho, su primera referencia concreta a cómo combatir la tasa de paro se dio cuando se cumplía el minuto 59 de su discurso, al aludir al papel del Servef y concretar cinco pilares de la nueva política de empleo: un programa de 205 millones (Avalem Joves), otro de 93 millones (Avalem Territori), el Avalem Experiencia, el programa de iniciativa social del Servef y la creación de una cátedra para mejorar el modelo de formación (de los que no concretó presupuesto).

Puig también le hizo un hueco en su discurso a la nueva RTVV. A la que calificó de «necesaria» y pidió a los grupos parlamentarios que lleguen «más pronto que tarde» a un acuerdo que permita «recuperar el derecho de los valencianos» a una radio y televisión públicas.

Bonig, a escena

«Este ha sido un discurso propio de un expresidente». La primera frase de la portavoz del PP, Isabel Bonig, para dar respuesta a Puig marcó la línea de su intervención tras media hora de receso, en la que se sucedieron las comparecencias de los síndicos en los pasillos de Les Corts sobre Rita Barberá. La popular fue a degüello a por el jefe del Consell, llegando en ocasiones a saturar el sonido de la Cámara. «Para ser el primer año del renacimiento, su tono ha sido un poco de remordimiento», dijo y lamentó que el presidente no hiciera referencia a las cosas que el anterior gobierno del PP hizo bien. En la parte más alta del hemiciclo atendía Óscar Clavell. El diputado nacional del PP imputado aceptó la invitación de su partidopara asistir al debate.

«Se le está poniendo cara de vocal del Consell Jurídic Consultiu», le espetó Bonig a Puig, dando por hecho que su tiempo al frente de la Generalitat ha llegado a su fin. Tampoco dudó en recurrir al gesto que suele hacer con las manos para criticar «les retallades» del Ejecutivo del Botánic, al que comparó de nuevo con el Titanic, que «se hunde» y «hace aguas», al que calificó de «bluf». Bonig le recriminó a Puig que llegó al Consell «para cambiar las cosas» y «420 días después los valencianos saben que tienen un gobierno moroso, mentiroso, que está lamentándose continuamente y que enfrenta».

La popular se siente reforzada tras los resultados cosechados el 26-J y no pudo dejar pasar la ocasión para recordárselos a Puig. «Si las cosas van tan bien y el renacimiento es tan evidente, ¿por qué 250.000 valencianos han salido a la calle para protestar por sus políticas y en el primer año han perdido más de 190.000 votos?», le preguntó.

Además, le acusó de dirigir el gobierno «con más altos cargos de los últimos años: 83», y de haber impuesto el «caos absoluto en la política de horarios comerciales». En política social, Bonig denunció que los desahucios han crecido, que la renta garantizada estuvo un año sin pagar hasta que llegó el dinero del FLA y que la lista de dependencia «se ha multiplicado por siete». Finalizó su intervención enumerando todos los impuestos que ha subido el Consell por 1.140 millones de euros, que han servido para «tapar su caos y contratar asesores y amigos».