Las Provincias

Un final traumático a 40 años de carrera

  • La dirigente popular fundó Alianza Popular en la ciudad en 1976 y fue alcaldesa de Valencia durante un cuarto de siglo

  • Los ocho folios del auto del Supremo propician el abandono del partido

valencia. Cerrar una etapa política de manera brillante resulta complicado. Decir adiós nunca fue sencillo. Ocurre con las adhesiones ideológicas algo similar a las relaciones de pareja: siempre es mal momento para poner tierra de por medio. ¿Dejar o ser dejado? La fórmula de Barberá es el resultado de mezclar los peores ingredientes. Sí, el partido me pide que me vaya. Pero no estoy dispuesta. Así que la solución es abandonar el PP, pero no el Senado. «Es mi escaño», recordó ayer en el comunicado más esperado de los últimos tiempos. El resumen parece ser el siguiente: 'Lo dejamos, vale, de acuerdo...Pero estaré por aquí». Tan cerca como en el grupo mixto. Una forma de retrasar el duelo.

El auto de ocho folios del Tribunal Supremo que sirvió el martes para abrir una causa penal por blanqueo ha sido suficiente para ensuciar el final de una exitosa carrera política. Fundó Alianza Popular en Valencia en 1976. Siete años más tarde ya era diputada. En 1991 arrancó su etapa como 'la alcaldesa de España'. Patrimonio de las hemerotecas fue el famoso pacto de gobierno con Unión Valenciana gracias al cual se hizo con la vara de mando. Posteriormente renovó mayorías absolutas -éxito repetido en cinco ocasiones- sin aparentes grandes esfuerzos.

Una recaudadora de votos de incalculable valor para el partido. De ahí que siempre fuera el referente de la formación en la Comunitat. Ni Eduardo Zaplana, ni Francisco Camps y ni mucho menos Alberto Fabra ejercieron mayor ascendencia que la entonces alcaldesa en la zona noble de Génova.

Ni siquiera sus detractores se atreven a cuestionar su valía al frente del Ayuntamiento. Se despidió con esta frase: «Me voy tras poner a Valencia en el mapa». No mentía. La ciudad experimentó una explosiva transformación en sus dos décadas. Ese análisis está exento de sesgos partidistas. Si hubiera que elegir un momento estelar de los mandatos, sus afines elegirían la Copa América. Un hito en su carrera. Explotó aquella competición náutica de millonarios que se dejaban ver en la capital del Turia. La Fórmula 1, en cambio, no alcanzó semejantes cotas de éxito. Hasta tal punto que ha terminado en un juzgado, con el expresidente Camps imputado. Fue la época de los grandes eventos. Hoy todo se ve con otro prisma.

Barberá se trabajó los barrios y se esforzó por dotarlos de zonas verdes. También dedicó grandes esfuerzos al Jardín del Turia y a la recuperación del patrimonio histórico. Por ejemplo, con el Mercado de Colón. La rehabilitación de La Marina es otro de los grandes avances de la ciudad. También hay sombras en su gestión, sin duda. El proyecto de ampliar Blasco Ibáñez o la lentitud del Parque Central fueron dos grandes déficits.

Otra de las virtudes de la actual senadora fue su capacidad de resistencia. Barberá ha ido esquivando con cierta habilidad todos los obstáculos judiciales que le han ido saliendo a su paso. El PSPV, personado en la mayoría de causas de corrupción como acusación, siempre pretendió 'cazar' a la política con más solera del PP. La pieza grande que poder exhibir en el salón de Blanquerías. El trofeo con el que atacar desde los debates de Les Corts. Erró el tiro. Dio igual Emarsa que Gürtel, los intentos resultaron algunos ridículos, pero todos infructuosos. Barberá se revolvió y sacó pecho. ¿Quién no había recibido regalos? ¿Era ella la única?

Los tribunales también le dieron la razón. Por ejemplo, el TSJ. El juez Castro solicitó su imputación por los congresos que organizó Urdangarín en Valencia. El alto tribunal valenciano rechazó que existieran indicios de una actuación ilícita. El ponente de aquel auto fue el mismo magistrado que posteriormente condenó a Rafael Blasco. Indicador de suficiente relevancia para desmontar teorías de la conspiración.

Su actuación de ayer contrasta con la lealtad que siempre ha mostrado a sus siglas. Pero ahora Barberá no está dispuesta a que nadie le marque el camino a seguir. Prefiere seguir su instinto. Cede sí, pero a su manera. Con condiciones. No dejará el Senado porque abandonar sería perder el aforamiento y con esta condición dejaría de ser investigada por el Tribunal Supremo. Sería una más, entre el resto de concejales y asesores, y su asunto pasaría al juzgado de Instrucción de Valencia.

Existen diferentes teorías acerca de si el aforamiento es un privilegio. Expertos juristas sostienen que no lo es, que se trata de una garantía del sistema y que incluso es perjudicial al eliminar la segunda instancia. Otros, en cambio, ven en las altas instancias más reticencias a la hora de instruir un asunto y más «competencia» a la hora de juzgarlo. La alcaldesa se acoge a la segunda de las tesis. «Lo de que es un privilegio se debe a una manipulación interesada».

Barberá ha caído finalmente por una investigación de un posible blanqueo de 50.000 euros en el Grupo Municipal del Partido Popular. La tesis de Anticorrupción se resume en que eligieron a 50 personas para que donaran 1.000 euros al partido. Pero posteriormente el PP devolvía esta cantidad en billetes de 500 euros procedentes, en teoría, de comisiones. Un delito de blanqueo. Parece impensable que alguien tuviera esta brillante idea, conocida como pitufeo en los circuitos económicos, en 2015, con decenas de casos de corrupción a sus espaldas y cuando ya se conocía que había una investigación en marcha.

Todos los investigados en la causa niegan la devolución del dinero. Es la principal línea de defensa. Hasta el momento sólo dos personas, entre ellas la exconcejal de Cultura María José Alcón, han reconocido su participación en la trama. Una de las estrategias de los letrados será tratar de desacreditar a los arrepentidos. Echar por tierra su credibilidad. En el caso de la mujer de Alfonso Grau la diana parece fácil. Atacarán su delicado estado de salud y que todo fue una invención.

No son las únicas armas probatorias de las que parece disponer la Fiscalía. Cuatro testigos, cuyo relato coincide en esencia, que se negaron a donar el dinero porque intuyeron que aquello era una operativa destinada al blanqueo.

Inciden los expertos en otro detalle, quizá de menor importancia pero no por ello irrelevante, que es el anónimo que llegó a Fiscalía donde se alertaba de la supuesta financiación ilegal de la campaña. Los agentes han tratado por todos los medios de localizar al autor de esta misiva. Incluso examinaron el documento en busca de huellas.

El trabajo de los especialistas apunta también al análisis de las cuentas bancarias de varios investigados. En días posteriores y anteriores a la donación se registran ingresos en las cuentas de los cargos públicos por una cantidad muy similar. «En ninguno de los casos concurre una explicación suficientemente detallada sobre el origen de los fondos que permita acreditar sin género de duda su ilícita procedencia». Se han dado explicaciones de todo tipo. Entre ellas, que ese dinero provenía de lo ahorrado en una hucha. Hasta la fecha esta diligencia no se había practicado sobre las libretas de la exalcaldesa al atrincherarse con su aforamiento. Ahora el Supremo tiene vía abierta para explorar esta vía así como citar a la senadora para que declare.

Cándido Conde Pumpido, el que fuera Fiscal General del Estado con el Gobierno de Zapatero es el encargado de instruir el asunto de Barberá. Fuentes de su entorno, tal y como publicó LAS PROVINCIAS, adelantaron tras conocerse su designación que no planea abstenerse en la causa. Sí lo hizo con el 'caso Campeón' que involucró al ministro socialista José Blanco y que terminó en un archivo.

El futuro judicial de Barberá se presenta complicado. Las direcciones de Génova y Quart han fijado un cordón sanitario que ya no levantarán. La senadora afrontará en la más absoluta soledad su particular via crucis jurídico. El paralelismo con las caídas de destacados dirigentes populares empieza a ser recurrente. Y en ese listado figuran pesos pesados de la formación como Francisco Camps. Ni siquiera la absolución en el caso de los trajes le sirvió para reintegrarse en el partido. La triste estadística se completa con el siete veces conseller Rafael Blasco condenado a seis años de cárcel o la entrada en la prisión de Carlos Fabra. Barberá todavía confía en un archivo. En recordar todo esto como un mal verano y dejar de esconderse.