Las Provincias

Zarzuela ya no pide que Dios guarde al Rey

Nueva invitación de la Casa Real.
Nueva invitación de la Casa Real.
  • Felipe VI elimina esa fórmula protocolaria de las invitaciones a actos oficiales

Ni juró el cargo sobre la Biblia, como hizo su padre en 1975, ni en su proclamación como Rey hubo un crucifijo, ni quiso que con motivo de ese día histórico se celebrara una misa multitudinaria. Hubo ceremonia religiosa, un día después, pero privada fue y en familia. Felipe VI profesa la religión católica pero se ha tomado muy en serio su papel como primer Monarca constitucional de la historia de España. La Carta Magna propugna la aconfesionalidad del Estado. Y está dispuesto a que esa aconfesionalidad se cumpla hasta en el mínimo detalle.

La invitación utilizada hasta ahora.

La invitación utilizada hasta ahora.

Son pocos los que se han dado cuenta, porque también son pocos los que por el momento han tenido ocasión de recibir una, pero de las invitaciones oficiales al Palacio Real se ha caído ya esa fórmula protocolaria que aparecía entre paréntesis en cada encabezado: “Su Majestad el Rey (que Dios guarde)” o, en algunos casos, simplemente, (q. D. g). Por antiguo que suene, el formalismo estaba en vigor hasta hace tan sólo unas semanas. E incluso en ocasiones ha aparecido reflejado en el Boletín Oficial del Estado.

En su afán por modernizar y renovar la institución, desde lo pragmático hasta lo simbólico, Don Felipe pidió hace unas semanas que se ponga fin a esa tradición, que otras casas reales europeas habían eliminado ya hace tiempo. Y los primeros que pudieron comprobarlo fueron los invitados a la cena que el pasado 29 de octubre, con motivo de su visita de Estado, ofrecieron los Reyes a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

La decisión casa con otros gestos previos. Desde hace meses, las juras o promesas de cargos (ministros, magristrados del Tribunal Constitucoinal, miembros del Consejo General del Poder Judicial…) se hacen con Biblia y crucifijo sólo a voluntad del interesado, pero no por defecto y de forma imperativa como ocurría con anterioridad. Es, dicen en Zarzuela, un modo de cumplir con el derecho a la libertad religiosa que recoge la Constitución.