Viaje a la letra impresa

Aspecto de una de las salas del museo. / V.M.
Aspecto de una de las salas del museo. / V.M.

El Museo de la Imprenta y las Artes Gráficas de El Puig ofrece una apasionante inmersión en la historia

LAURA GARCÉS

Es muy probable que a estas horas disfrute usted de vacaciones. Quizás ya se encuentre en el destino soñado para el veraneo. Tal vez sea un rezagado que aún espera. Siendo así, incluso cabe que no haya decidido adónde ir o se incline por quedarse. Este año quiere ahorrarse un dinerillo, el trámite de hacer las maletas, el inquietante instante de comprobar la vigencia de su documentación y el desasosiego del momento de tener que deshacer el equipaje para cerciorarse de que guardó el cargador del móvil entre la ropa.

Si es de los que va a seguir en el pueblo o la ciudad donde pasa el invierno valenciano, no se inquiete. No es necesario que se quede en casa entregado al frío abrazo del aire acondicionado. Muy cerca, innumerables oportunidades se ponen a su alcance. Entre todas, quiero compartir con usted un paseo por el camino de la letra impresa.

El recorrido de la exposición arranca con una réplica de la prensa de Gutenberg

Acérquese a El Puig y recorra las salas del Museo de la Imprenta y las Artes Gráficas, que se encuentra en el Monasterio de Santa María, que también puede visitar. El inicio del discurso expositivo le colocará ante el primer peldaño de la imprenta: una réplica de la prensa de madera similar a la que utilizó Gutenberg en el siglo XVI, el artilugio que permitió que las ideas fluyeran. En ese punto empieza la aventura de la que se puede disfrutar de martes a sábado de 10 a 14 y de 16 a 18 horas. Los domingos en horario de mañana.

En esta primera sala resulta inevitable detener la mirada sobre los facsímiles de 'Furs e ordinacions del Regne de Valencia', del 'Llibre del Consolat del mar' y de la Biblia de 42 líneas de Gutenberg. Y sin abandonar la primera estancia expositiva se descubre el atractivo de esa especie de armario -comodín de composición de tipos, aclaran las indicaciones del museo- repleto de cajones y cajoncillos para ordenar los tipos, esas piezas que diseñadas del revés reproducen letras, puntos y comas para escribir del derecho. Son los primeros apuntes, emocionantes trazos inaugurales de un recorrido que una vez iniciado empuja a ver más. Y le aseguro que hay mucho más.

Llegará al espacio desde el que este museo de la Generalitat, de acceso gratuito, le conduce por la evolución de la imprenta hasta hoy mostrándole una completa colección de las máquinas desde las que los años y las innovaciones han ido sacando a la luz el papel impreso. Se encontrará con las artes gráficas y su evolución. Y un apartado para las artes impresas, con especial atención al grabador Ernest Furió. Todo, sin olvidar el arte de la encuadernación y el libro. Verá serigrafías de Michavila, Cillero, Alfaro, Tapies, Anzo -entre otros-, una interesante selección de carteles y un repaso por algunas páginas de la prensa.

Algunos de los objetos que se pueden contemplar.
Algunos de los objetos que se pueden contemplar. / V.Martínez

No le descubro detalles. Le reservo el derecho. Sólo un apunte: diría que allí huele a tinta y resuenan nombres que quizás lleva tiempo sin escuchar: chibalete, relieve, hueco, buril, bastidor, bruñidor, compás para separar... Si conoció las ruidosas imprentas de años atrás, gozará del recuerdo. Si ya nació con los ordenadores, podrá retirar el velo que cubre el camino recorrido hasta la impresión digital.

Tómese tiempo. La visita lo merece. Saldrá reconfortado, incluso agradecido. Y si después está interesado en, ese mismo día u otro, completar una ruta de negro sobre blanco, se me ocurre emprender viaje por los barrios de Valencia en busca de librerías, en particular las de viejo. Puede que alguna cierre en agosto, pero hay tiempo- antes o después- para perderse en un mar de tesoros sumergidos que un día salieron de una imprenta. Quizás encuentre el título que buscaba o la ilustración que le impactó.

Las librerías de viejo huelen a tiempo preservado de la amenaza del todo pasa, dando a los libros una oportunidad de tránsito al futuro. Cada página de cada volumen guarda las horas del autor, del impresor y del librero. También las del lector que recorrió el discurso de las letras y la evolución del diseño gráfico. Ahora pueden estar en sus manos, ser su presente.

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