El trampero solitario

Mario Casas protagoniza 'Bajo la piel de lobo'. / lp
Mario Casas protagoniza 'Bajo la piel de lobo'. / lp

Con varios kilos de más, Mario Casas da vida a un cazador que vive aislado en la montaña en 'Bajo la piel de lobo'

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Mario Casas saca su lado más salvaje y rudo en 'Bajo la piel de lobo', ópera prima de Samu Fuentes que se estrena hoy y en la que, con varios kilos de más y muy pocas palabras, da vida a un cazador de lobos que vive aislado en la montaña.

«Somos animales educados, pero lo primitivo siempre está ahí», ha asegurado a Efe el actor (A Coruña, 1986), que también admite tener ese lado salvaje: «Me sale cuando tocan algo que es mío».

Ambientada en los años 30, 'Bajo la piel de lobo' cuenta la historia de Martinón, el último habitante de un pueblo aislado en la montaña. Sólo baja al valle una vez al año, y en una de esas llega a un acuerdo económico con el molinero para casarse con su hija, lo que cambia radicalmente su vida. Para preparar el papel, no sólo tuvo que engordar, también aprendió a poner cepos, a seguir el rastro de animales, a distinguir sus excrementos, ordeñar cabras o tratar pieles. No hay manipulación en el montaje, es él quien lo hace todo en pantalla. «He aprendido a oler mejor, como los lobos», bromea quitándole importancia. «Para mí lo realmente difícil ha sido no juzgar a ese personaje que trata a su mujer (Irene Escolar) como si fuera un animal», afirma.

Casas ya ha demostrado sus dotes para la comedia en películas de Álex de la Iglesia como 'Mi gran noche' o 'Las brujas de Zugarramurdi' y próximamente se dejará ver como el fotógrafo Francesc Boix, superviviente de un campo de concentración, en 'El fotógrafo de Mauthausen', pero su imagen de «guaperas» le persigue. «Yo no tengo esa imagen de mí que intentan vender», subraya, «he hecho papeles muy distintos y, cuando hago de galán, no es más que otro personaje».

Por su lado, Irene Escolar advierte de que hay que tener en cuenta el contexto de la película, el mundo rural y los años 30, para comprender a los personajes, aunque en el caso de las mujeres hay dos casos opuestos. «Ruth Díaz representa a una mujer sumisa, que acepta lo que el sistema patriarcal le impone, mientras que mi personaje, por el contrario, se rebela y lucha por su libertad», explica. La ganadora de un Goya por 'Otoño sin Berlín' (2015) considera que una de las cosas más interesantes del rodaje fue trabajar con tan poco texto. Los personajes transmiten todo con sus cuerpos, sus miradas, apoyados en el ambiente, los sonidos, los silencios y la música.

El director y guionista Samu Fuentes ha tardado nueve años en poder llevar a buen puerto este su primer largometraje de ficción, que cuenta con el apoyo de TVE y de Netflix y que se presentó en el pasado Festival de cine europeo de Sevilla.

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