El tesoro de las Indias

Fotograma de 'Oro', la nueva película del director Agustín Díaz Yanes. / lp
Fotograma de 'Oro', la nueva película del director Agustín Díaz Yanes. / lp

Díaz Yanes lleva al cine un relato inédito de Pérez-Reverte en 'Oro', que narra una lucha que el director define como «el Vietnam» español

O. BELATEGUI

Cuenta Arturo Pérez-Reverte que los españoles que en el siglo XVI hacían las Américas para huir de la pobreza y el hambre no tenían nada que perder excepto la vida. Eran soldados en pos de un sueño de fama y fortuna, «gente dura, arrogante y cruel, a menudo dividida por rencillas y lugares de nacimiento», describe el escritor. «Mataron sin escrúpulos y murieron sin protestar en busca del oro soñado. Pero mientras caminaban hacia lo desconocido, aquellos hombres y mujeres alumbraron, sin pretenderlo, un nuevo mundo y una asombrosa epopeya».

'Oro' se basa en un relato inédito de Pérez-Reverte que narra la 'Odisea' de un grupo de aquellos hombres -y dos mujeres- a la búsqueda de El Dorado. Corre el año 1540 y una expedición atraviesa la selva centroamericana con el empeño de encontrar una ciudad mítica con los tejados de oro. Agustín Díaz Yanes, que ya obtuvo el plácet del escritor con 'Alatriste', se pone la cámara al hombro para mezclarse con los protagonistas en una selva amenazadora y claustrofóbica. Porque aquellas Indias «fueron nuestro Vietnam», como sanciona el director.

Con un presupuesto de 8 millones de euros, 'Oro' se presenta como una de las más ambiciosas propuestas del cine español este año. Rodada en Panamá y en una zona selvática próxima al Teide, en Tenerife, el quinto largo del autor de 'Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto' -tras ocho años sin ponerse tras las cámaras- cuenta con un reparto a la altura de la empresa. Raúl Arévalo, Óscar Jaenada y Bárbara Lennie componen un triángulo de amor, celos y violencia. José Coronado es el sargento Bastaurrés, fiel a Dios y al emperador. José Manuel Cervino, Juan Diego, Andrés Gertrúdix, Juan José Ballesta, Antonio Dechent y Anna Castillo completan un elenco que tuvo que revolcarse en barro y sangre. «En aquella época la gente difícilmente llegaba a los treinta años», rememora Díaz Yanes. «Las mujeres tenían ocho hijos y se les morían siete. Cuando se mataba a alguien se hacía con un puñal, a la cara». La violencia descarnada y constante forma parte así de este relato en el que las puñaladas se dan por la espalda. Una Conquista sin edulcorar, «con una épica de pobres, de héroes anónimos», según Díaz Yanes.

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