La ruta de los 8 pueblos: belleza y magia en Alicante

La Vall de Gallinera, uno de los enclaves más representativos de la Comunitat Valenciana./Fernando Prieto
La Vall de Gallinera, uno de los enclaves más representativos de la Comunitat Valenciana. / Fernando Prieto

Pequeños y encantadores poblados que regalan las vistas más amables y humanas de la Comunitat

CLARA ALFONSOValencia

Situado en la comarca de la Marina Alta y de belleza innegable, se esconde uno de los enclaves más representativos de la Comunitat Valenciana: La Vall de la Gallinera.

Con multitud de posibilidades de senderismo, este valle del interior alicantino es comúnmente conocido por la Ruta de los 8 pueblos que lo conforman: Alpatró, Benialí, Benirrama, Benisilí, Benisivá, Benitaia, La Carroja y Llombai, pequeños y encantadores poblados que regalan unas de las vistas más humanas y amables de Alicante.

Patrimonio cultural

A su amplio patrimonio natural hay que sumarle un legado histórico y cultural. Una historia que escribió sus primeras líneas en el Paleolítico (100.000-50.000 a.C.), época de la que hay datados asentamientos humanos y muestras rupestres declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Gracias al sello que dejó la cultura islámica, se pueden hoy contemplar algunos vestigios: el Castillo de Benissili, el Castillo de Forna y el Castillo de Benirrama. Su construcción se remonta a los siglos XI y XIII, y fueron en su día el hogar del príncipe musulmán al-Azraq, distinguido por su implacable resistencia contra los cristianos del rey Jaume I.

La cultura íbera también dejó su rastro. Existe la posibilidad de visitar restos de muralla presentes en el poblado del 'Xarpolar'. A partir de este, se extrajeron restos cerámicos que actualmente visten el interior de algunos museos.

La ruta y sus rincones

16 kilómetros, 8 pueblos y miles de historias que contar al caminante. El recorrido está trazado por sendas, caminos y algunos tramos de carretera. Por su parte, en la alta sierra hay otros tramos sin sendas y bastante pedregosos.

La ruta empieza en la fuente de la Mata de Benirrama. Un pueblo de calles estrechas repletas de casas de tejas. Dar un paseo por las calles de esta localidad es algo que nadie debería perderse.

Paz, una tranquilidad y fachadas pintorescas con numerosos detalles son los protagonistas del encanto de la población. Tras pasar el despoblado morisco de Benimarsoc, se puede visitar la Iglesia de San Cristófol y ver su Vía Crucis.

La próxima fuente que se encuentra en el camino es la 'Font d’Alcúdia', próxima al despoblado del mismo nombre. Junto a ella, guarda sus aguas una pequeña balsa llena de vida.

Dar un paseo por las calles de esta localidad es algo que nadie debería perderse. / LinkAlicante

En el siguiente pueblo, Benialí, se encuentra el Ayuntamiento de la Vall de Gallinera, que administra los 8 pueblos. La visita a su fantástica fuente de dos caños y al lavadero anexo a esta, recuerda la importancia que debieron tener hace solamente unos años para los habitantes del pueblo.

Sin duda alguna, los lavaderos eran un punto de encuentro, un lugar donde rendir tributo a ese bien tan preciado, el agua.

Un lugar donde rendir tributo a ese bien tan preciado, el agua. / LinkAlicante

Dejando atrás Benialí, a tan solo un kilómetro aparecen los 'pueblos gemelos', separados por la carretera y unas escaleras. Siguiendo la ruta, Benissivà queda a la derecha y Benitaia, a la izquierda.

Benissivà destaca por el elevado número de casas rurales que hay en su interior. Ciertamente, la Vall de Gallinera es un paraíso del turismo rural.

Es uno de los pueblos más cercanos a la subida a la 'Penya Foradà', un agujero en una roca por el que cada año se produce una espectacular alineación solar que reúne a cientos de personas y alumbra los restos del antiguo Convento Franciscano del siglo XVII que había en la Vall de Gallinera.

Para llegar a Benitaia, solo hay que cruzar la calle y subir las escaleras. Se trata de un pueblo muy pequeño en el que se puede visitar otro lavadero. La mayoría de lavaderos que podemos encontrar en la localidad, han sido restaurados.

La mayoría de lavaderos que podemos encontrar en la localidad, han sido restaurados. / LinkAlicante

Tras cruzar los 4 primeros pueblos, se llega a La Carroja, una localidad que cuenta con poco más de 20 habitantes censados, una sola calle, varias casas a ambos lados y una pintoresca iglesia. Un pueblo que comparte su encanto con otros también de origen morisco. La ornamentación con flores y plantas en la puerta de las casas, balcones y ventanas son su seña de identidad.

Otra cosa a destacar es la 'Font de Baix', que aparte de ser fuente, era el antiguo lavador del pueblo.

Tras salir de La Carroja, la ruta se separa del asfalto. Llega el momento de tomar una senda entre bancales de cerezos, para acercarse a las faldas de la Serra Foradà. Este tramo del recorrido es el menos ‘urbano’ y permite gozar de la Gallinera más salvaje.

En esta parte de la ruta se pueden visitar dos fuentes: la 'Font d’En Pere' y la 'Font de l’Orenga'. La segunda, sin duda alguna, la más salvaje de todo el recorrido.

En este punto, el sendero vuelve a descender en busca de la carretera principal, donde se encuentra la 'Font Vella d’Alpatró'. Este pueblo es el más grande de toda la ruta. En él se puede visitar, como en el resto, el lavadero conectado a la fuente, que fue reformado hace unos años.

El siguiente pueblo que se encuentra en el camino es Llombai. Un poblado abandonado desde los años 70 donde se puede visitar la antigua almazara.

Al final del pueblo se encuentra la fuente de tres caños, popularmente conocida por la calidad del agua y el lavadero recién restaurado.

Ha llegado el momento de dirigirse hacia Benissili, el último pueblo de la ruta y el más elevado de todos. Esta localidad perteneció a la Vall d’Alcalà hasta el siglo XIX.

Benissili, el último pueblo de la ruta y el más elevado de todos.
Benissili, el último pueblo de la ruta y el más elevado de todos. / LinkAlicante

Queda solamente un kilómetro para llegar al último punto de la ruta: la 'Font de la Mata'. Si andamos el camino que queda al lado, se puede disfrutar de unas vistas al mar de Dénia.

La tranquilidad y la paz que se respira durante este rústico recorrido es un auténtico lujo para todo caminante. Una escapada muy recomendable para disfrutar de la historia que dejan los pueblos de la Comunitat Valenciana.

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