La ruta de La Cruz de los Tres Reinos: historia y belleza en un mismo paisaje

La ruta de la Cruz de los Tres Reinos, ubicada en el municipio de Castielfabib (Ademuz, Valencia). /WIKILOC
La ruta de la Cruz de los Tres Reinos, ubicada en el municipio de Castielfabib (Ademuz, Valencia). / WIKILOC

Un lugar ideal para desconectar y rozar, literalmente, la naturaleza en la Comunitat

NEREA GILValencia

Relajarse, desconectar, disfrutar de la naturaleza en un entorno repleto de bosques de pinos, vegetación y prados de alta montaña. Esto puede convertirse en realidad, no es un sueño imposible, únicamente hay que calzarse y prepararse para recorrer la espectacular ruta de La Cruz de los Tres Reinos.

Este peculiar lugar, ubicado junto a la aldea de Arroyo Cerezo, en el municipio de Castielfabib (Ademuz, Valencia), es una cumbre de 1.557 metros sobre el nivel del mar y una de las últimas ramificaciones meridionales de los Montes Universales, donde coinciden tres provincias: Cuenca, Teruel y Valencia.

La ruta de La Cruz de los Tres Reinos es un paraje único.
La ruta de La Cruz de los Tres Reinos es un paraje único. / DESDE EL RINCÓN DE ADEMUZ

Un lugar con historia

El curioso aspecto de la coincidencia de tres provincias en el mismo lugar hace necesaria la explicación de la relación de esta ruta con un determinado momento de la historia, concretamente, el siglo XV.

Ante la muerte sin sucesor de Martín I de Aragón (1396-1410), siguiendo el Compromiso de Caspe 1412, establecido ese mismo año por los representantes de Aragón, Valencia y Cataluña, y con el apoyo de Benedicto XIII y del predicador Vicente Ferrer, Fernando de Antequera fue elegido como rey de la Corona de Aragón.

En ese momento, Fernando I de Aragón se encontraba en Cuenca, por lo que no era fácil comunicarle su nuevo cargo. Por ello, se enviaron sendas diputaciones a la ciudad castellana y, gracias a la existencia de la Cruz de los Tres Reinos, se pudo realizar el encuentro entre estas y el nuevo rey de la Corona.

La ruta y su belleza

Ideal para los amantes de la naturaleza, se trata de un paraje que, junto a la poca presión humana de las últimas décadas, ha permitido la existencia de un patrimonio ambiental de gran interés.

Durante el recorrido de la ruta, declarada Paraje Natural Municipal en 2014, existe la posibilidad de disfrutar de frondosos pinares de montaña o de robledales que contrastan, en gran medida, con los densos bosques que adornan los cursos de agua con árboles excepcionales y, en algunos casos, descomunales.

Para aquellos sin miedo a las alturas, cabe destacar la necesaria visita al Barranco del Recuenco. A más de 1.300 metros de altitud, desciende hacia el río Ebrión creando unos valles impresionantes en forma de V. Con alrededor de 400 metros de desnivel en casi 8 kilómetros, el perfil de este barranco contrasta totalmente con el paisaje característico del río, originando un lugar que vale la pena visitar.

Barranco del Recuenco en Arroyo Cerezo con sus vertientes y su vegetación.
Barranco del Recuenco en Arroyo Cerezo con sus vertientes y su vegetación. / DESDE EL RINCÓN DE ADEMUZ

También son atractivos los armoniosos paisajes agrarios, básicamente creados por el cultivo del cereal, pero también por otros cultivos como el almendro, en los secanos de los montes; o las huertas presentes a lo largo de los espectaculares prados.

Por último, cabe destacar, cerca de la Cruz de los Tres Reinos, la presencia de un gran caballo de 3,5 metros de altura creado con leña de carrasca. Realizado el año 2001 por el artista inglés Philip Bews, su objetivo es reclamar el carácter histórico y rural del lugar, con el animal como representación del medio de transporte de la España de la 'Cruz de los Tres Reinos'.

Creado por Philip Bews, mide 3,5 metros de altura y está hecho de leña de carrasca.
Creado por Philip Bews, mide 3,5 metros de altura y está hecho de leña de carrasca. / VIAJE INTERMINABLE

La ruta de la Cruz de los Tres Reinos, con una extensión de 567,26 hectáreas, posee un paisaje peculiar donde no solo destaca la belleza sino también la historia que esconde. Por ello, sin dejar pasar un día más, escucha la llamada de la naturaleza y acude, aunque no sea a caballo. No te arrepentirás.

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